El imperialismo: un planeta sin visado

 Naiden, absolutamente naiden, ha vivido los rigores del cinismo y de la burla del planeta burgués sin visado, como el camarada León Trotsky una vez que fue secuestrado y enviado al ostracismo por el gobierno soviético presidido por Joseph Stalin. Este evitó que le dieran asilo a Trotsky en nombre del “socialismo” y la burguesía se lo negó en nombre de la democracia capitalista. La diplomacia burguesa es, tal como lo dicen y se reconoce, secreta mientras que la de una revolución proletaria o socialista debe ser pública.

 El imperialismo es quien dicta la cartilla, las pautas, los principios, la reglas y las condiciones para determinar quién si y quién no merece la aprobación o el rechazo a las solicitudes de asilo. Cuando el imperialismo ya tiene la decisión de negar un asilo o de oponerse a un asilo inicia una descarga mediática de rumores, invenciones y conjeturas que producen risa en quien solicitando el asilo sabe que se lo van a negar o en quien recibiendo el asilo sabe que los gobiernos imperialistas negarán el visado o salvoconducto para abandonar un país e ir a asentarse o establecerse en el otorgante del asilo. Es necesario que la palabra asilo aparezca muchas veces porque se trata del asilo concedido por el gobierno de Ecuador a Assange y el gobierno británico se niega a dar el salvoconducto alegando que el asilado no reúne la condiciones o características de una persona para que se le otorgue ese beneficio democrático. La Celestina es la autorizada para diagnosticar los atributos morales de Calisto y Melibea. ¡Unaguará!.

 Los imperialistas no sólo tienen la costumbre sino, igualmente, necesidad de mentir y, muy especialmente, cuando la opinión pública tiene ansias que le informen verazmente sobre los hechos que se suscitan en el mundo. Nadie mejor que Trotsky define lo qué es y lo qué no es el derecho democrático de asilo. Nos dice: “Es indudable que el derecho democrático de asilo no consiste en que un gobierno brinde hospitalidad tan sólo a sus parciales, pues esto lo ha hecho también, sin tener nada de demócrata, Abdul Hamid. Tampoco consiste, me parece, en que la democracia admita en su seno a los expulsados, previo el permiso del Gobierno que los expulsa. El derecho de asilo consiste -teóricamente- en que el Gobierno preste acogida y refugio aun a sus enemigos, bajo la sola condición de que respeten las leyes del país.”.

 La diplomacia burguesa o capitalista, sin duda mucho más adelantada que la feudal, posee diversos criterios sobre el derecho de asilo de acuerdo a los específicos intereses que defienda en un determinado momento y lugar. Pero siempre tiene a la mano determinadas condiciones previstas cuando se trata, fundamentalmente, de negar el derecho democrático de asilo. De esa manera empiezan por preguntarle al solicitante del asilo: ¿A cuáles condiciones está usted dispuesto a someterse para que se le otorgue el derecho de asilo? Si eso se pregunta ya en si eso representa un derecho de residencia en un país bajo un estado de excepción, lo cual no es lo mismo que un derecho de asilo. Y si el solicitante de asilo promete cumplir al pie de la letra esas condiciones, incluso, como la de permanecer encerrado día y noche en una casa sin derecho a salir a la calle pero si el Estado burgués no quiere otorgarle asilo, entonces el imperialismo saca una nueva carta bajo su manga y una nueva cartilla para preguntar al solicitante: “¿Estaría dispuesto usted a entrar a nuestro país exclusivamente para tratamiento médico?” El preguntar eso implica de hecho, ya no quedando nada del derecho democrático de asilo, que el ofrecimiento de asilo ha quedado reducido al miserable derecho de un tratamiento de salud.

Y si el solicitante de asilo no está enfermo pero acepta esa condición, el imperialismo saca otra nueva carta y otra nueva cartilla para preguntar: “¿Está usted dispuesto a correr con los riegos que vengan sus enemigos y le hagan un atentado en nuestro país, porque nosotros no estamos en capacidad de garantizarle todo el tiempo su seguridad? De tal forma, que el Estado burgués, cuando quiere negar un derecho democrático de asilo por cualquier vía, simplemente ofrece al solicitante el derecho a la sepultura. Sólo los cadáveres, y no todos, terminan disfrutando los beneficios de la democracia capitalista: esa que garantiza, luego de ser pagado con tiempo el derecho a fosa en un cementerio, permite que el muerto –por lo menos que así lo crean sus sobrevivientes- termina siendo el dueño del pedacito de tierra en que lo enterraron.

 El imperialismo no respeta siquiera a los gobiernos que otorgan el derecho democrático de asilo y, especialmente, cuando el solicitante del mismo se resguarda en la Embajada de cualquier país en una nación imperialista. Y existen Estados imperialistas, como el británico, que con cinismo y desafiando todas las relaciones diplomáticas del planeta se harta en decir: “Para nuestro Gobierno no existe derecho de asilo”. ¡Cojan ese trompo en la uña! Con razón, el camarada Trotsky sostuvo que “El régimen de la democracia no responde a principios soberanos, sino a las necesidades reales de la clase gobernante…”. Así como en Europa se creó una jauría contra el fantasma del comunismo agora en este año 2012 –dijeran Quijote y Sancho- se ha formado una jauría imperialista contra el fenómeno Assange rechazando el asilo que le otorgó soberanamente el gobierno ecuatoriano. Para el imperialismo, en todo caso, el criterio del derecho de asilo ya fue suficientemente explicado, en la tercera década del siglo pasado por el inglés Mr. Clynes, cuando dijo que no consiste en el derecho del súbdito expulsado a reclamar asilo, sino en el derecho soberano del Estado a denegarlo. Sin embargo, cuando se trata de enemigos de una revolución socialista y que han utilizado el terrorismo como su medio de lucha política para derrocar gobiernos revolucionarios, los imperialistas le otorgan derecho de asilo y hasta de ciudadanía sin necesidad que se lo soliciten y todo los demás Estados deben respetarle su decisión de “soberanía”. Eso se llama el imperio de la fuerza del poder militar sofisticado que viola todas las normas internacionales en la relaciones diplomáticas entre naciones.

 La monarquía-parlamentaria inglesa debe saber que el derecho de asilo es heredado de la Iglesia cristiana y ésta a su vez lo heredó del paganismo. Pero se hacen los locos que no conocen que la Iglesia reconocía el derecho de asilo como un derecho del perseguido a buscar asilo en su seno, y no como una potestad arbitraria concedida al sacerdote pagano o al ídolo cristiano, al decir del camarada Trotsky. Por lo demás, no sé si lo saben o no los imperialistas, el derecho de asilo, como una de las tantas ruedas del engranaje de la democracia, “… no se diferencia de la libertad de palabra, de la libertad de reunión, etc., ni por sus orígenes históricos ni por su naturaleza jurídica.” (Trotsky). Tal vez, por esas cosas tan absurdas y cínicas y burlonas de la democracia burguesa es que ninguna Revolución Proletaria debe proclamar los principios abstractos de la democracia. Aun así, ésta es mucho más democrática y humana en materia de derecho de asilo que el capitalismo.

Todo lo anteriormente expuesto para aplaudir y solidarizarme con el gobierno del camarada Rafael Correa por haber otorgado asilo a Assange y para repudiar la bravuconada y la falta de respeto de los gobiernos imperialistas y otros que han expresado rechazar la decisión soberana del Estado ecuatoriano. Si a Trotsky sólo el gobierno de ese ilustre general defensor del derecho a la autodeterminación del pueblo mexicano, Lázaro Cárdenas, le concedió asilo y allí fue el mercenario Mercader y lo asesinó, uno piensa y se pregunta: ¿qué tal hubiese sido ya de Assange si no existieran gobiernos como los del ALBA en este mundo?



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Freddy Yépez


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