Hay que respetar lo internacional… No jodá y punto

Da arrechera ver una reunión entre Obama y Cameron y, peor aún, escucharlos. Es como sentir que con una ganzúa te están sacando los ojos o como sentir penetrar espinas por los oídos. En ambos casos es como sentir y palpar una explosión de sangre y de dolor. Ambos se creen los dioses de este planeta. Es como una sola imagen en blanco y negro o negro y blanco. Por supuesto, sin racismo por quienes así lo perciban. El mundo actual, prácticamente y aunque Rusia y China se opongan, depende de lo que decidan esos dos “superhombres” y “superextraterrestres” de la política internacional. Es, en fin, como sentir que ambos caminan sobre la Tierra creyendo que tienen a Dios agarrado de la chiva y al Diablo tomado de los cachos.

En la reciente reunión que sostuvieron, en la madre de todas las Casas Blancas, hablaron como si fuesen ellos dos los únicos con potestad para pensar por el bien contra el mal, como si fueran los únicos con concepción sobre la democracia y la libertad. Por ello se sienten con la suficiente autoridad moral, que da la fuerza bélica y bruta, para decidir el destino de los demás, lo que deben hacer los demás y, por si fuera poco, lo que no deben hacer los demás. Cuando están bien arrechos dicen: “No se están haciendo las cosas como queremos nosotros dos”. Es justo allí cuando menos piensan pero actúan por la irracionalidad de sus células.

El señor Obama habló de que había que respetar lo internacional como si el Estado estadounidense respetase tratados internacionales y el derecho de los demás pueblos a su autodeterminación. Habló, como si tuviera autorización para ello, por los pueblos de Afganistán, Siria e Irán. Habló en primera persona dando la potestad suprema y providencial a los estadounidenses de establecer los gobiernos, en otras regiones del mundo, que garanticen la seguridad de Estados Unidos. Ya mucho lo han criticado que sus discursos le son dictados desde una pantalla y él lo que hace es fijar su vista en ella y pronunciar una por una las palabras allí especificadas, por lo cual llevó su breve discurso copiado para evitar tener incoherencias como le suele pasar a los gobernantes que no piensan nada antes de actuar. Mientras Obama hablaba, el otro señor omnipotente señor Cameron lo miraba tan fijamente que sus ojos parecían dos bolas de fuego destruyendo y matando ciudades y poblaciones enteras. De vez en cuando, el señor Obama dejaba salir un breve movimiento labial que parecía la sonrisa del mercenario que luego de asesinar sus víctimas se burla de ellas escupiéndolas y orinándose sobre los cadáveres. El señor Obama dijo que el Presidente de Siria saldrá del gobierno y punto.

 Después habló Cameron en su condición de segundón al mando. Inglaterra, se sabe demasiado, se parecería a cualquiera otra nación imperialista secundaria (Francia, Alemania, por ejemplo) sin la complicidad del imperialismo estadounidense.  No pocas veces el coronel jefe de un estado mayor habla más duro que el general-jefe de la división. Cameron le recordó al mundo, sin hipocresía, que existen relaciones entre Estados por conveniencia pero entre los de Estados Unidos e Inglaterra están establecidas sólidamente por convicción para defender los intereses que les son comunes a esas dos naciones y no al resto del planeta. Prácticamente fue el mismo discurso tanto en negro como en blanco. El día anterior habían visto, ambos, un juego de básquet universitario por eso, para ambos, la política es como meter el balón en el cesto. El balón son  las balas de la muerte y el cesto la región escogida como víctima de su juego político bélico.

 Vivimos una era en que los imperialistas se solidarizan entre sí en  los hechos mientras que los antiimperialistas no pueden más que ejercer la solidaridad, fundamentalmente, en la teoría. Cuando cambie de cara la moneda, el mundo comenzará a dar pasos para ponerse andar sobre los pies y no sobre la cabeza, tal como anda actualmente bajo la hegemonía imperialista. Los indignados protestan y gritan sus consignas ideales pero los Estados capitalistas los reprimen con sus bayonetas accionadas. Los indignados son millones de millones, mucho más que los militantes de partidos políticos, pero se abstienen en los procesos electorales y le dejan el campo abierto a la derecha que gana las elecciones.

 Los señores Obama y Cameron son el espejo para que casi toda la humanidad se vea su propio rostro de esclava en blanco y negro o en negro y blanco. Ya nos alertaron que debemos respetar el orden internacional establecido por el imperialismo si no queremos que nos caigan a plomo y en vez de ser libertos esclavos seamos esclavos encadenados. Y sepamos esto: ni el señor Obama ni el señor Cameron hablan paja. Si prometen guerra, la hacen. Si prometen paz, nos esclavizan. Estamos jodidos. ¿Quién podrá salvarnos? Sin duda, el Chapulín Colorado. Pero éste es cada pueblo decidido a ser libre, a romper las cadenas que le oprimen por voluntad de los imperialistas. Los pueblos, en determinados momentos de la historia, es lo que más se parece a una naturaleza encrespada, que de tanto unos pocos depredarla se violenta y arrasa con todo lo que a su paso se haya hecho para maltratarla y deja intacto lo que no le afecta y la protege.

 Claro, ya anunciaron que se retiran de Afganistán en el 2014, porque no quieren que el resto del mundo entienda esa retirada como una verdadera derrota de los invasores imperialistas en el país islámico. Los genocidios que han cometido, justificando una guerra por democracia, es un cuento que ya no lo creen ni los mismos epígonos que tiene el imperialismo en Afganistán. Vietnam les martilla, como duende, la cabeza a los imperialistas en cada invasión que realizan en el mundo buscando expansionismo y asegurarse de materia prima saqueada o barata.

 Pues, sepan los señores Obama y Cameron que así como todo río que se tuerce busca, en algún momento, su propio cauce para enderezarse, lo mismo hacen los pueblos para buscar su felicidad. Y la felicidad de este mundo pasa, obligatoriamente, por la derrota y desaparición del capitalismo con su imperialismo, porque sólo así podrá construirse el nuevo mundo donde reine la felicidad para toda la humanidad.



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Freddy Yépez


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