Guayaquil: Bolívar y Sanmartín

La historia enseña, aunque parezca y sea inmoral, que la fuerza engendra derechos. Cuando una nación entra en litigios con su vecina, como lo estamos viendo en nuestros días y a todo lo largo de la historia, más vale una división de tanques en la frontera, por parte del poderoso, que todas las razones jurídicas que invoque el débil.

Claro está que la nación agresora, por pudor elemental, busca siempre un pretexto. Los sofismas adquieren a veces tonalidades rabiosamente inverosímiles.

Este enfrentamiento de intereses llevó a Bolívar y a San Martín a punto de guerra en 1822. San Martín, protector del Perú, argüía que Guayaquil era territorio peruano porque Carlos IV de España determinó, en 1804, que en lo militar esta ciudad dependía del Virreinato del Perú. A lo que respondía Bolívar: La ciudad de Guayaquil ha sido tradicionalmente parte del Virreinato de la Nueva Granada, del cual la Gran Colombia es heredera.

¿Qué tenía más valor jurídico: la reciente disposición de un rey contra el que se habían insurgido, o el peso del tiempo y de la tradición?La verdad que no es fácil decidirse. Los dos parecían tener razón. Ganó sin embargo, Bolívar.

Ambos libertadores, en vista de la disputa existente por el referido puerto convinieron en una entrevista. Posiblemente el Libertador del Sur tenía una mala información de los ejércitos venezolanos y neogranadinos. Pensaba, sin duda, que le sería muy fácil apoderarse de Guayaquil, con su prestigio y el ejército argentino.

El Libertador del Sur venía desde hace tiempo muy enfermo; padecía de una enfermedad gástrica y su ánimo estaba muy decaído. Manuela Sáenz lo conocía muy bien: su íntima amiga Rosita Campuzano había sido amante de San Martín. ¿Cuánta información suministraría Manuela al Padre de la Patria sobre los puntos vulnerables de su adversario? Éste por otra parte tenía graves problemaspolíticosy militares.

El ejército español, refugiado en la Sierra, casi intacto, amenazaba constantemente a la zona liberada del Perú.

San Martín enfrentaba graves pugnas internas de sus aliados y subalternos. No estaba, por consiguiente, en las mejores condiciones para hacer valer sus derechos sobre Guayaquil.

El Libertador que era un maestro en argucias y golpes escénicos, estaba cabalmente enterado de todo esto. Cuando apareció la flota Argentina frente a la ciudad en disputa, las calles de Guayaquil estaban embanderadas con el amarillo azul y rojo de nuestra bandera. Esto no me parece muy diplomático que digamos… Izar nuestra bandera cuando todavía no se ha decidido la suerte de Guayaquil. Pero no se preocupen: el tigre come por lo ligero. Ante los hechos cumplidos el más pugnaz de los políticos se inclina. ¿Está todo el ejército en la calle? Todo, Libertador… Muy bien… Hay que darle una impresión de fuerza a San Martín.

¡Que se vayan inmediatamente al muelle! Todo aquel que tenga uniforme, que esté presente cuando desembarquen los argentinos. No quiero que San Martín crea que tengo un ejército de desarrapados.

El Libertador abordó una chalupa para salir al encuentro de San Martín, quien desde el puente del navío escudriña perplejo la ciudad embanderada con nuestro tricolor y aquel ejército ricamente trajeado y en perfecta formación. Yo no contaba con esto. ¿No me habían dicho acaso que los venezolanos eran unos infelices? Lo que tengo ante mí vista es muy diferente… ¿Y por qué flameas su bandera en la ciudad cuando todavía no hemos llegado a ningún acuerdo?

La respuesta se la dio el propio Libertador apenas abordó la nave capitana: Bienvenido, General San Martín, al suelo de la Gran Colombia…
San Martín como lo previó el Libertador, se inclinó ante los hechos cumplidos. A las setenta y dos horas, luego de reconocer los derechos de Bolívar sobre Guayaquil, se reembarcó hacia el Perú y dijo esta frase histórica: Buenas que nos la hizo el General Bolívar…

¿Hubiesen sido iguales los resultados sí en vez del ejército aguerrido que mostró el Libertador, hubiese habido unos pocos lanceros, mal armados y peor vestidos? Por supuesto que no. Seguro que se hubiese hacer valer la decisión de Carlos IV de que Guayaquil dependía jurisdiccionalmente del antiguo Virreinato del Perú.

Con razón escribió Maquiavelo: “Al fin y al cabo los únicos profetas que triunfan son los profetas armados”.

¡Acuérdense de Mahoma! La justicia internacional, para los efectos prácticos, y como lo demuestra la historia contemporánea, no ha variado mayormente desde entonces. Por eso es bueno para la buena salud de Venezuela, que además de tener sus papeles en orden se mantenga vivaz, bien armada, atenta y en forma. ¿No les parece?

manueltaibo1936@gmail.com


¡Gringos Go Home!
¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!
Hasta la victoria siempre y Patria Socialista.
¡Venceremos!



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Manuel Taibo


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