Revolución entre pirámides

La insurrección popular en Egipto que conmociona al mundo, permite aún
muchas lecturas y cuestionamientos respecto a sus proyecciones y
alcance más precisos.

Ya parece lejano aquel viernes 28 de enero cuando el mundo conoció de
protestas masivas y violentos enfrentamientos en las calles de El
Cairo y otras ciudades, presagio de la confrontación que resultara en
el derrocamiento del dictador Hosni Mubarack.

Inicialmente los protagonistas fueron estudiantes pero pronto se
incorporaron gente de los barrios más pobres, obreros y, a medida que
se hacía evidente que el aparato represivo del régimen era incapaz de
controlar la situación, una gran cantidad de intelectuales y
profesionales. Les unía la voluntad de lograr, en lo inmediato, el
derrocamiento del repudiado régimen de Mubarak.

Washington fracasó en su propósito de salvar a Mubarak o, al menos, de
sacrificarlo dentro de una “solución pacifica” conveniente a sus
intereses.

“Todavía hay riesgos pero hay signos de que el país está dando pasos
firmes hacia una solución pacífica”, declaró el enviado especial de
EEUU a Egipto, Frank Wisner, a su llegada a El Cairo. “Es importante
que Egipto no rompa con su legislación vigente pues la vía correcta es
que un nuevo parlamento elija un nuevo presidente, cuidando que no
haya una quiebra institucional que deslegitimaría el proceso”.

Wisner defendió la idea de que Mubarak permaneciera en el cargo hasta
que fuera elegido el nuevo presidente o que el Presidente del
Parlamento asuma las funciones, como señala la constitución de Egipto,
Entre tanto, The New York Times informaba que EEUU estudiaba con
funcionarios egipcios un plan para que Mubarak, “abandone el poder y
lo traspase a un gobierno de transición dirigido por el
vicepresidente, Omar Suleiman”, a quien los especialistas identifican
como el preferido de Israel, Washington y los Sauditas.

Según información fechada el 15 de febrero de la publicación Asia
Times, de Hong Kong, siete jóvenes han estado representando a los
revolucionarios en conversaciones con dos miembros del Consejo Supremo
de las Fuerzas Armadas de Egipto, los Mayores Generales Mohamed
Hijazi y Abdel Fattah.

En esos encuentros se ha evidenciado que, en la situación actual, el
ejército prefiere oír antes que mandar y se ha mostrado favorable a un
gobernó civil aunque manteniendo por el momento intacto el gabinete de
Mubarak. Prometieron formar en un plazo de diez días un panel o
“comité constitucional” integrado por prominentes juristas que
identificará los artículos que deberán ser revisados y redactará un
proyecto de Carta Magna para ser votado en referendo en un plazo de
dos meses.

Los militares también aceptan la idea de que se formen nuevos partidos
políticos y se brindan ellos para supervisar una campaña recaudadora
de 100 mil millones de libras egipcias (17 mil millones de dólares) en
donaciones para sufragar la reconstrucción del país “.

Pero, según el Asia Times, esta cordial ofensiva de los militares no
responde a la exigencia popular de que se investigue y castiguen los
masivos delitos de corrupción oficial. Y sobre todo que se aclare cómo
se proponen lidiar con la hoy reprimida clase obrera.

Existe igualmente la preocupación de que los estudiantes que han
asumido la representación de la revolución, todos de familias de clase
media, pasen por alto la defensa de los intereses de otros sectores en
lucha que no piensan en términos de “facebook” o de “twiter”, porque
no tienen acceso a ellos y están mas interesados en un salario
decente. En opinión del autor del trabajo periodístico, el descontento
y la lucha continuarán, si no se les tiene en cuenta.

A quienes se preguntan si lo de Egipto es o no una verdadera
revolución, el periodista y escritor marxista inglés Alan Woods, en
artículo sobre el tema titulado “La revolución egipcia”, les recuerda
lo escrito por Lenin en 1916, en su “Balance de una discusión sobre el
derecho de las naciones a la autodeterminación”:

"Quien espere una revolución social 'pura' nunca vivirá para verla.
Esa persona apoya la revolución de boquilla sin entender lo que es la
revolución…

"La revolución socialista en Europa no puede ser otra cosa que un
estallido de la lucha de masas por parte de todos y cada uno de los
elementos oprimidos y descontentos. Inevitablemente, sectores de la
pequeña burguesía y de trabajadores atrasados participarán en ella
-sin esa participación, la lucha de masas y la revolución no son
posibles-, e inevitablemente también traerán al movimiento sus
prejuicios, sus fantasías reaccionarias, debilidades y errores.

"Pero objetivamente atacarán al capital, y la vanguardia con
conciencia de clase de la revolución, el proletariado avanzado,
expresando esta verdad objetiva de una lucha de masas abigarrada y
discordante, variopinta y aparentemente fragmentada, será capaz de
unir y dirigirla, capturar el poder, apoderarse de los bancos,
expropiar los monopolios odiados por todo el mundo (aunque por razones
diferentes), y dictar otras medidas que, en su conjunto, significan
la caída de la burguesía y la victoria del socialismo, que, sin
embargo, no se purgará de forma inmediata de escoria pequeño
burguesa."

manuelyepe@gmail.com


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Manuel E. Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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