Poniendo el ojo sobre México

Obama el bueno, Hillary Clinton la mala de la película

Hilary Clinton, no sólo es una experta que bien sabe lo que hace en función de los intereses que por años ha representado. No es una cazadora improvisada a quien puede fácilmente disparársele la escopeta y conste que esto nada alude a su esposo y sus veleidades con la Lewinski, porque hablamos de una cosa demasiado seria.

 Cuando la jefa de la diplomacia gringa definía, el miércoles próximo pasado, ante el Consejo de Relaciones Exteriores, las líneas de la política del gobierno de Obama, al referirse a México, expreso, no sin audacia, que ese país “se está pareciendo más a como se veía Colombia hace veinte años”.

 Pero no se quedó en una simple afirmación que pudiera, con demasiada amplitud, generosidad o simple complacencia, calificarse como un desliz, lo que no sería habitual en un informe ante el organismo al cual se presentó y los fines que perseguía, sino que fue más allá; con lo que reveló que si bien no estaba siendo nada original, si que había pensado bastante en ello.

 En efecto, abundó la señora Clinton:

 “México tiene la capacidad y la ha estado utilizando contra los narcotraficantes, pero los países de Centroamérica no la tienen”. Por eso, advirtió que “se requerirá una combinación de mejor capacidad y voluntad política para evitar que el problema se propague”. Subrayó, no obstante que el presidente mexicano “Felipe Calderón, merece altas calificaciones por su valor para combatir a los narcos”.

 Llegado aquí, sabiendo como el comercio de la droga ha crecido desmesuradamente en Estados Unidos, incluyendo la producción de ella, uno podría, usando las palabras de la jefa de la diplomacia de la Casa Blanca, que allí las calificaciones son tan bajas que merecen la reprobación. Pero como siempre, la política gringa es ducha, aguda, en mirar una sutil brizna en ojo ajeno pero nunca la viga o tallo de roble en el suyo. 

  Como en Sur América, razonó la Clinton para sus adentros, por lo que no le escuchó nadie, Colombia y sus gobiernos, sobre todo Uribe, han tenido la voluntad y las calificaciones para enfrentar a las FARC y los narcotraficantes, pero sus vecinos no las han tenido, inventamos el plan a Colombia. Es decir, se dijo así misma, pero a la manera gringa, mientras escrutaba los rostros de quienes le escuchaban, “lo que sirve para el pavo también puede usarse para la pava”.

 Antes, unos pocos meses atrás, Bill Clinton, expresidente y esposo efectivo de la dama, solicitó se le aplicase a México el “Plan Colombia”, iniciado por los años noventa.

 Lo anterior y el agregado de la Clinton en su discurso al Consejo de Relaciones Exteriores, en el sentido “que aunque en su momento el Plan Colombia fue controvertido, si dio resultados”, confirman que todo, como dijese el mexicano “Chapulín Colorado”, la jefa de la diplomacia lo “tenía todo fríamente calculado”. 

 Para asustar más y ganar rápidamente adeptos, la señora Clinton, a quien debemos poner mucha atención a lo que dice porque no se anda con remilgos, aseveró que en el país de los aztecas se vivía un estado de insurgencia.

 Mientras tanto, el lector no puede olvidar, que en Costa Rica, justamente en Centro América, donde los “gobiernos no tienen voluntad política”, como dijese la Clinton, sorpresivamente introdujeron una fuerza como si fuesen a invadir la próxima galaxia. Pero falta en el tablero la pieza mejicana.

 No obstante, el balón de ensayo lanzado por la Clinton, no fue bien recibido en México. La comparación les pareció detestable y hasta irracional que se hablase de una situación de insurgencia, lo que mal hablaría de un gobernante “amigo” con todas las calificaciones. A los nacionales preocupados por su independencia, con razón, les alarmó la amenaza de ver su país invadido por las fuerzas del norte. De repente se acordaron de su territorio mutilado.

 Por aquello salieron los consabidos apaga fuego; quienes bien interpretan lo “mal” interpretado. Al final apareció Obama, para decir que México es una democracia fuerte y no cabe decir que allí hay insurgencia. Cree Obama que muerto el perro se acabó la rabia. La Clinton mientras tanto, sabiendo bien cuál podría ser el desenlace de la trama, pues ella y Obama la armaron, enrolla su guión, sonriente, le coloca en su cartera de mano y espera, pues sabe que “llueve y escampa”.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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