El 23 de enero se armó una especie de 11-A: el pueblo no tumbó a Pérez Jiménez

Fue la CIA trabajando hombro a hombro con la Iglesia, el empresariado y los golpistas adecos que habían derrocando a Medina Angarita: El 1º de mayo de 1957 el arzobispo Rafael Arias Blanco lanza un desafiante ataque al gobierno. Para noviembre de 1957 ya Betancourt tenía tratos hechos con Jóvito Villalba y Rafael Caldera, y habían acordado con el Departamento de Estado preparar una sublevación contra el dictador, que la poderosa prensa mundial debía mostrar como surgida del seno del pueblo y de las FF AA. Betancourt, Caldera y Jóvito, los del Pacto B-C-V, ofrecen controlar cualquier tipo de conmoción una vez Pérez Jiménez entregue el mando. El Pacto B-C-V, queda sellado en el New York Athletic Club, y uno de los puntos básicos en esa reunión fue sacar de circulación a Fabricio Ojeda, militante de URD, quien estaba adquiriendo una “peligrosa” figuración en las acciones de calle contra la dictadura. Era Fabricio presidente de la Junta Patriótica. El día martes 14 de enero de 1958, cunden una serie de manifiestos de grupos de intelectuales, de periodistas, de abogados, arquitectos y médicos, y como pareciera que el régimen pudiera estabilizarse, la Creole ordena no vender más gasolina y cierra todas sus estaciones de servicio. Ya está declarada, pues, la guerra por parte de la filial más poderosa de la Standard Oil, lo que Pérez Jiménez percibe como muy grave. Por esta razón, a las pocas semanas veremos esa visita sorprendente, sin que nadie lo invitara, del Vicepresidente Richard Nixon, haciendo saber a la Junta de gobierno presidida por Wolfgan Larrazábal de la determinante contribución de la CIA en la caída de Pérez Jiménez. Esta visita decide el fin de la UNIDAD popular, y el decidido poder en todo de Rómulo Betancourt.

A finales de 1953, viajaron a Washington para entrevistarse con Allen Dulles, Pedro Estrada y Régulo Fermín Bermúdez. Allen Dulles les dijo a este par de caballeros que si el gobierno venezolano continuaba con su anarquía, iba a surgir una nueva fuerza que los derrocaría. Como EE UU le había dado el golpe a Rómulo Gallegos y había ordenado eliminar a Carlos Delgado Chalbaud, quería que sus títeres no se desviaran en nada de las órdenes emanadas del Departamento de Estado, y el gobierno de Venezuela andaba metido en ciertas “locuras”. Esta advertencia de Dulles produjo una honda impresión en Pedro Estrada, lo que le permitió suponer “que ya para entonces se movían hilos de un movimiento contra Pérez Jiménez en los Estados Unidos y seguramente Rómulo Betancourt y otros políticos venezolanos estaban al tanto de la situación y se estaban acercando a los centros de poder norteamericano.[1]”

¿A qué anarquía se refería Allen? La anarquía consistía en que Estados Unidos estaba molesto porque el gobierno venezolano construía sus buques de guerra en Inglaterra e Italia, además de comprarle aviones a la misma Gran Bretaña y armamentos a Bélgica; Pérez Jiménez estaba al tanto de que Estados Unidos nos quería vender chatarra para nuestras Fuerzas Armadas. Pero no sólo era en este terreno por lo que estaban irritados sino también con lo referente a la siderúrgica y a la compañía de teléfonos, porque el gobierno había rechazado una propuesta de Eugenio Mendoza al servicio de poderosos consorcios norteamericanos pero se acabó llegando a un acuerdo con la firma italiana “Inocentio”, y finalmente los teléfonos siguieron en manos del Estado[2].

La molestia, como ya se vio, venía desde el momento en que Carlos Delgado Chalbaud se había negado a enviar tropas a la guerra de Corea, a cambio de armamentos, lo que Betancourt consideró preocupante: no estábamos siendo solidarios con la política globalizadora del imperio; con la política defensiva de nuestros benefactores. En el fondo, toda esta preocupación también se remontaba, como vimos, a las iniciativas de Delgado Chalbaud por establecer relaciones de amistad y cooperación, con programas nacionalistas petroleros con el Medio Oriente. Una posición que fue muy bien acogida por Pérez Jiménez.

Esta misión al Medio Oriente había sido llevada a cabo en septiembre de 1949, para estrechar lazos, insistimos, de cooperación con los mayores abastecedores de petróleo del mundo: Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait, Siria y Egipto, y dar a conocer la política del fifty-fifty. Integraban la misión: Edmundo Loungo Cabello, Luis Emilio Monsanto y Ezequiel Monsalve Casado. Pronto los avances logrados por Venezuela en el tema petrolero fueron adoptados por estos países. Arabia Saudita lo hizo en 1950, Kutwait en 1951, Irak en 1952, Bahrein y Qatar en 1954. “La no aceptación por parte de las concesionarias en Irán, fue una de las causas que llevó a la nacionalización petrolera de Mossadegh, en 1951. De allí, como recuerda Tejera París, "que un periódico norteamericano muy influyente, acusara a Venezuela como responsable de la situación que confrontaba el Presidente iraní, por la pretendida labor de agitación de nuestro país, en esa región[3]".

Es muy probable por otra parte que López Contreras tuviese algo que ver con el intento de secuestro y posterior asesinato de Carlos Delgado Chalbaud, por cuanto que él en el exterior llegó a trabajar estrechamente con Rafael Simón Urbina.

Betancourt tenía también otras serias razones para desconfiar de Delgado Chalbaud y del equipo que había estado bajo su mando; en los informes que había recibido de sus espías, y por datos trasmitidos de viva voz por Rómulo Gallegos, le escamaba sobre todo esa estancia de Delgado Chalbaud en España en víspera de la guerra civil, y su relación con la joven rumana Ludbow Berlina, graduada en Letras en la Sorbonne, París, simpatizante de grupos de izquierda. Era igualmente conocida la simpatía de Delgado Chalbaud por la República Española y su deseo de enrolarse en la lucha para defenderla.

En lo relativo a la guerra de Corea, Betancourt llegó a solicitarle a la Dirección de AD, que se pronunciara a favor de EE UU. En este delirio pro-norteamericano desplegaba loas al régimen de Muñoz Marín, por su novedosa tesis sobre el Estado Libre Asociado. Hay que tener en cuenta que para el gobierno norteamericano Muñoz Marín era “un político de excepcional habilidad y previsión que había llevado a cabo una revolución pacífica y democrática en Puerto Rico[4]”; que fue el inspirador de la Alianza para el Progreso y quien promovió en 1958 la figura de Teodoro Moscoso como embajador de EE UU en Venezuela. “Betancourt que había residido durante gran parte de su exilio en Puerto Rico, llevó consigo a Venezuela programas e instituciones deducidas de su experiencia puertorriqueña.[5]” El resto de toda esta historia está en mi libro “El Procónsul - Vida de Rómulo Betancourt”.


[1] Gonzalo Ramírez Cubillán, Secretos de la Dictadura 1948-1958, Editorial Grego s.a., 1996, Caracas (Venezuela), pág. 84.

[2] Ibidem, pág. 97-97.

[3] Rebeca Sánchez, Venezuela y la OPEP, http://www.analitica.com/va/economia/opinion/5584699.asp.

[4] Arthur Schlesinger, Los mil días de Kennedy, Ayma, Editora Barcelona (España), 1966, pág. 559.

[5] Ibidem, pág. 559.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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