El Congreso extraordinario del PSUV ¿Y el programa qué?

La convocatoria del Congreso extraordinario del PSUV, cuya fecha de realización fue fijada para el mes de noviembre del presente año, es una respuesta oportuna a las preocupaciones expresadas por una amplia mayoría de sus militantes, inconformes con la inoperancia de los dirigentes, las limitaciones del partido y la ausencia de espacios para debatir sus problemas.

Estas deficiencias, explicables en virtud de la etapa de gestación en que encuentra el partido, tanto en términos políticos como organizativos, a la premura con que se construyó y a las indefiniciones ideológicas y políticas que subsisten, no justifican la conducta de algunos dirigentes, los métodos de dirección empleados, la falta de iniciativa política y la incapacidad para impulsar las tareas de la revolución. Es muy notorio el contraste entre la vertiginosa dinámica política desplegada por el presidente Chávez y la desesperante lentitud y pasividad de no pocos funcionarios y dirigentes.

El Congreso permitirá concluir la construcción del Partido, poniendo fin a esa etapa de ambigüedad ideológica, política y organizativa, a cuya sombra medran sectores no plenamente identificados con el proceso, cuyo comportamiento político y sus métodos están en contravía de los objetivos de la Revolución bolivariana. Y tal propósito solo es posible, dotando al partido de dos instrumentos indispensables: El programa y los principios organizativos, los cuales definirán el carácter de la revolución, las ideas que la inspiran, las fuerzas sociales que la apuntalan y las normas formas y métodos de organización.

El carácter extraordinario del Congreso le imprime a este evento connotaciones que trascienden la importancia del Congreso Constitutivo del PSUV, evento que se realizó a marchas forzadas y en una coyuntura cuya agenda estaba sobresaturada de tareas políticas decisivas para el proceso revolucionario. El congreso servirá, además, para hacer un balance de los diez años de la revolución: los avances alcanzados en esa primera etapa que culmino el 15 de Febrero, así como los errores cometidos, los problemas y dificultades encontrados, lectura que aportará valiosos elementos para corregir fallas y definir el carácter de esta segunda etapa, iniciada en medio del terremoto económico que se produjo en el epicentro del capitalismo.

El programa le obstruirá los espacios al oportunismo y a la contrarrevolución, impidiendo que prosperen posiciones individualistas y que se implementen políticas que no estén sintonizadas y articuladas al proyecto revolucionario bolivariano. Evitará que en las regiones se desarrollen caudillos con proyecto propio, como sucedió en Carabobo, Guárico, Táchira, y muchos municipios del país donde se desarrolló el nepotismo más burdo, instaurándose verdaderas dinastías que copaban los cargos claves de la administración, evadiendo y pisoteando la política de “darle poder al pueblo“, y convirtiendo en letra muerta el mandato de la Constitución ( art. 6 ) que define el carácter democrático y participativo del poder público. Así, quienes estaban en el deber y la obligación moral de honrar, respetar y hacer respetar la Constitución bolivariana, fueron los primeros en violarla.



EL CONTENIDO DEL PROGRAMA

Para la elaboración del programa hay una abundante y rica producción, proveniente no solo de reconocidos teóricos extranjeros, sino también de destacados revolucionarios y teóricos venezolanos, cuyas ideas y propuestas han contribuido a enriquecer la base teórica del proceso. Existe, además, el saber acumulado en las prácticas de las organizaciones populares ( Concejos Comunales, organizaciones campesinas, misiones, mujeres, cooperatvas etc.), cuyas experiencias son un valioso aporte la elaboración colectiva del programa de la Revolución bolivariana, uno de cuyos éxitos más importantes , es haber producido una explosión ideológica y cultural, incentivando la activa participación en política de sectores habitualmente renuentes por escepticismo, ignorancia o indiferencia a opinar sobre temas que eran de la exclusiva competencia de las élites intelectuales. Es una victoria muy importante sobre el analfabetismo político, y una derrota para la IV República, cuyo poder se sustentaba en la ignorancia, la apatía y la marginalidad política de la gran mayoría de la población.

El sorprendente desarrollo ideológico de los “ciudadanos de a pie”, de los hombres y mujeres del pueblo que el proceso ha transformado en “ciudadanos reales”,forman la columna vertebral de la revolución, su base social, el más firme y sólido soporte político del Presidente Chávez, como quedó patente en el curso del proceso, en los momentos más difíciles y peligrosos, cuando la revolución estuvo en peligro de ser derrotada. En esos momentos cruciales, en que se puso a prueba la fortaleza de la revolución, el pueblo sacó a relucir su espíritu bolivariano, transformándose en el protagonista fundamental de la histórica victoria del 12-13 de abril del 2003, cuya trascendencia no es menor que la alcanzada en la Batalla de Carabobo, pues en esos días Venezuela estuvo al borde de una terrible guerra civil, y ante el riesgo de caer nuevamente en manos de las pandillas políticas que asolaron al país durante tantos años, y de retornar a la ignominiosa y humillante condición de neocolonia yanki.

Formado y adiestrado en la escuela de la revolución, en las enseñanzas impartidas por el presidente Chávez a través de sus discursos y en “Alo Presidente”, programa desde el cual ha ejercido su labor pedagógica; en el excelente trabajo de algunos periodistas comprometidos con la verdad y con los intereses de patria venezolana, y, sobre todo, en los magistrales talleres de la lucha de clases, ese pueblo exige mayores espacios de participación, pues ha adquirido conciencia de sus derechos, y, ante todo, ha comprendido que tiene la razón y la fuerza para hacerlos respetar.

El Programa reemplazará las generalidades, condensando el rico material acumulado en las “Batalla de las Ideas”, concretado el objetivo fundamental de la revolución, caracterizando los objetivos y alcances de la etapa actual, y señalando las tareas que se deberán cumplir para avanzar hacia los objetivos estrategicos . Definiciones que deben partir de una acertada interpretación de la actual correlación de fuerzas, del complejo contexto internacional, la profundas contradicciones del mundo de hoy y las tendencias que se vislumbran en el horizonte. Es una ruta llena de peligros, en la que no se puede navegar sin brújula, ni improvisar capitanes que no tengan la capacidad y la decisión, para conducir en medio de las tormentas ; en que las decisiones que se tomen deben ser debidamente calculadas, pues una equivocada valoración de la situación, puede conducir a dar pasos en falso, con resultados muy costosos , no solo para Venezuela, sino para el proceso que se desarrolla en América Latina.

De los resultados del congreso depende que el PSUV sea el estado mayor de la revolución. La vanguardia real del proceso iniciado hace diez años. Si por el contrario, se repiten algunos de los procedimientos del anterior, no habrá partido revolucionario para guiar y defender la revolución, sino una maquina electoral , dedicada a las pugnas burocráticas

El congreso debe estar precedido de un intenso y profundo debate, en el que se expresen plenamente los diversos puntos de vista. Es necesario dejar esclarecido cuales son las fuerzas sociales que representa el PSUV y cual es el papel que representan en el partido. Esto con el propósito de responder las inquietudes generadas por versiones que circulan tanto dentro como fuera del PSUV, en las que se afirma que este es controlado y manipulado por un sector, cuyas posiciones están en contravía de los objetivos socialistas del proceso, y el cual, influye sobre el manejo económico del gobierno. Dichas versiones toman como ejemplo lo acontecido en el Congreso Constitutivo, en el que se impidió que algunos sectores ( denominados radicales ) expusieran sus puntos de vista. El partido fundado para cumplir con la misión de completar la obra del Libertador, está inhibido moralmente para ejercer esta clase de procedimientos. Si se dan, y lo que es peor, se admiten, “ el árbol de las tres raíces crecerá torcido”, como lo advirtió el presidente Chávez.

Se trata de temas que no pueden ser evadidos. El Partido de la revolución bolivariana no debe incurrir en esas sucias y deleznables prácticas santanderistas, que se utilizaron para perseguir al Libertador. Su misión y su responsabilidad histórica tiene que trascender las pugnas y las ambiciones propias de las pandillas políticas de la cuarta república.

En tal sentido, no sobra reiterarlo: la definición del Programa es la base esencial del Congreso y la garantía de la unidad y fortalecimiento del PSUV.

EL PSUV EN EL TACHIRA

En lo que se refiere al Táchira la situación es más compleja. Derrotado por amplia mayoría, sus dirigencia no parece haberse dado cuenta de las dimensiones de esa derrota ni sus graves consecuencias. Los responsables de ese revés político siguen haciendo lo único que saben hacer: disputar cuotas burocráticas, pues hacen su presupuesto político en base a la clientela que logran incorporar a la burocracia. Entumecida por la falta de ejercicio, desnutrida ideologicamente y sin un “que hacer” frente a la agresiva política del gobernador, se han limitado a realizar tímidos operativos de denuncia que lo único que hacen es poner en evidencia su impotencia política.

Y lo grave es que bajo este guión actúan incluso algunos dirigentes que parecían no estar contagiados de esos vicios y que asumían posturas críticas frente a la política de la administración anterior. Convencidos de que es más comodo y mas rentable no confrontar, adoptaron la táctica oportunista de hacerle el juego a los herederos políticos del ex gobernador, Blanco La Cruz, artífice de las derrotas de la revolución en el Táchira, terminando por parecerse a ellos.



El PSUV del Táchira necesita un tratamiento que lo libere del formato adeco-copeyano, una “reingeniería ideológica y organizativa”, que lo transforme radicalmente, y lo ponga en condiciones de cumplir el papel de dirigente político de la revolución en esta región fronteriza, convertida en feudo político de la contrarrevolución, zona franca del narcoparamilitarismo , y escenario estratégico de los planes intervencionistas del imperialismo norteamericano.

Y eso no es fácil. Sobre todo si no hay dirigentes que, además de recitar su fidelidad a la revolución, lo demuestren en los hechos, ejerciendo con honestidad los cargos y responsabilidades asignados por la revolución. La retórica revolucionaria sirve muchas veces para encubrir la pasividad práctica, para exhibir un compromiso que no se siente y para escalar posiciones para las cuales no se está moral o políticamente preparado. Los ambiciosos, por lo general, son muy hábiles para satisfacer sus objetivos personales, pero incapaces para luchar por los ideales sociales que el proceso revolucionario reclama. Y los ejemplos abundan. Algunas derrotas experimentadas por la revolución no han sido producto de la capacidad de la derecha, sino debido, ante todo, a la ausencia de revolucionarios reales. En el Táchira abundan los aspirantes a ser candidatos a los organismos públicos y a ocupar cargos importantes en la administración pública, y un déficit de revolucionarios bolivarianos, consagrados al trabajo militante, a desarrollar en las masas la política del PSUV y contribuyendo a la organización de sus bases. Ambiciones sin soporte ideológico o político, originadas en el oportunismo y en una errada y reaccionaria idea sobre el contenido y los alcances de la revolución y el socialismo.


LA ACTUAL ETAPA DE LA REVOLUCION

Improvisar dirigentes tiene costos políticos muy altos; y esto es más grave, cuando la revolución recorre etapas difíciles. En tal sentido, la etapa actual, caracterizada por el presidente Chávez como de Reimpulso, Revisión y Rectificación, va a requerir una dirección más calificada para asumir las nuevas tareas del proceso. Tareas destinadas a cualificarlo y profundizarlo. Se trata de superar la primera etapa, que culminó el 15 de Febrero y entrar en esta nueva, en la que se hace indispensable romper radicalmente con las excrecencias políticas de la IV república y avanzar hacia formas más avanzadas de la democracia revolucionaria.

Lo anterior implica: darle más poder al pueblo, fortalecer aún más los Concejos Comunales y demás organismos populares. Adelantar una guerra abierta a la corrupción y al burocratismo, profundizar la lucha contra el latifundio, fortaleciendo las organizaciones indígenas y campesinas. Realizar una reforma de la Justicia que erradique la impunidad. Y la depuración de los organismos de seguridad del Estado, la consolidación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y el afianzamiento de sus vínculos con el pueblo .

El cumplimiento de estas tareas solo es posible mediante el fortalecimiento del PSUV y la transformación del Estado, evitando que estos instrumentos políticos terminen siendo aparatos, tan grandes como inútiles, que solo sirven para alimentar el burocratismo, el parasitismo y las diversas formas de clientelismo. Se trata de construir un nuevo Estado, que no solo cumpla y haga respetar La Constitución de la República bolivariana de Venezuela, sino que sea ejemplo de eficiencia y pulcritud a todos los niveles.

Es de esperar que la “batalla de las ideas” que se desarrollará en torno el Congreso, sea un espacio abierto al debate ideológico, un escenario para dirimir en forma democrática las diferencias, para aclarar las dudas que puedan existir acerca del proyecto de sociedad que estamos construyendo, así como para definir la ruta bolivariana hacia el socialismo.



Arbe738@hotmail.com


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