El papel de la Juventud en nuestra Revolución Bolivariana

Muchos países tienen en sus calendarios una fecha dedicada a celebrar a la juventud. En Angola es el 14 de abril, en Marruecos es el 9 de julio, en Yugoslavia es el 25 de mayo. Si bien también existen conmemoraciones mundiales, como el Día Internacional de la Juventud, declarado por la ONU el 12 de agosto, y el 29 de octubre, cuando la Iglesia Católica celebra a sus jóvenes, resulta interesante que haya sociedades que tengan reservado uno de los 365 días del año con significado nacional, para decir que la juventud que nació en su tierra es importante.

Aún más, muchos estados han instaurado este día en recuerdo de fechas históricas, que sacan a la luz episodios donde se considera que los jóvenes han hecho una contribución notable a la patria o han dado una lucha por principios trascendentes. En Sudáfrica se instituyó el 16 de junio como día de la juventud, en honor a los 566 niños que protestaban en una marcha en Soweto –en medio de un ambiente social de fuerte resistencia negra contra la opresión blanca– porque en 1974 el gobierno impuso que el idioma oficial en los colegios sería el afrikáans, la lengua del régimen dominante, despreciando los diferentes dialectos que formaban parte de la cultura de las escuelas de negros. La imagen de la muerte de Hector Pieterson, un estudiante negro de 12 años que falleció a causa de los tiroteos de la policía, quedó para la posteridad como el símbolo de estas protestas.

China es otro ejemplo. El 4 de mayo de 1919 cerca de 3 mil estudiantes salieron a la Plaza de Tian’anmen, en Pekín, con grandes banderas, para protestar por los privilegios comerciales que el gobierno estaba otorgando a Japón, después de la Primera Guerra Mundial. En medio de una crisis económica en el país, y de una clase urbana más educada y masiva, en la clase trabajadora y especialmente en los estudiantes se generó un fuerte sentimiento nacionalista y antijaponés, por lo cual salieron a exigir el rechazo a las demandas niponas y al Tratado de Versalles, al cual China se había suscrito. Hoy en día, el 4 de mayo se recuerda el espíritu patriótico de la juventud china con grandes ceremonias y multitudinarios desfiles de jóvenes, a pesar de que en 1989 los estudiantes nuevamente salieron a la misma plaza para protestar contra el gobierno, cuyo resultado fue la conocida masacre de Tian’anmen.
Un tercer caso es el de Venezuela. En 1947 fue decretado el día de la juventud como fiesta nacional. Esta fecha rememora el 12 de febrero de 1814, cuando durante la guerra de independencia del imperio español, un grupo compuesto por jóvenes a partir de los 12 años de edad, estudiantes de la Universidad de Caracas y del Seminario de esa ciudad conformaron un pequeño ejército que heroicamente hizo frente a más de 3 mil hombres españoles, entre caballería e infantería. La pachorra de los jóvenes patriotas hizo huir a las tropas realistas, por lo que la batalla se llamó de La Victoria. En el lugar del triunfo, hoy existe una escultura en la que el venezolano José Rivas enseña a varios jóvenes a usar el fusil.
Venezuela no es el único país de América Latina en tener un Día de la Juventud propio y con sentido nacional. También lo tiene Ecuador, Cuba, Paraguay, Perú y, desde el año pasado, Argentina, donde el presidente Néstor Kirchner estableció como Día Nacional de la Juventud el 16 de septiembre, en recuerdo de la denominada “noche de los lápices”, ocurrida ese día en 1976 durante el régimen militar y en la que 16 estudiantes que protagonizaban una protesta por el boleto estudiantil fueron secuestrados en la ciudad de La Plata, en un operativo de la policía bonaerense.
Importante es, y como parte de un ejercicio memorístico, de la recuperación de nuestra memoria histórica como pueblo, oportuno es recordar el porque de esa noble gesta que engrandeció nuestra Patria en los campos de La Victoria, en el hoy Estado Aragua.

Coraje, valor e inteligencia hicieron de José Félix Ribas uno de los generales mas intrépidos de la guerra de la independencia. Estas virtudes unidas a la destreza con la que manejaba la espada lo convirtieron también en el jefe patriota mas temido por el ejército realista, al que venció en más de una oportunidad. Ribas, siempre tomaba la ofensiva en el campo de batalla. Las crónicas de la época señalan que era de los jefes que entraba a la contienda a pelear y a infundir ánimo a los soldados.

Su nombre quedó grabado para siempre en las páginas de la historia venezolana luego de imponerse a los realistas, triunfo en el que hizo gala de sus dotes de orador y de estratega militar. Con su verbo apasionado y convincente despertó las conciencias de los estudiantes y jóvenes venezolanos motivándolos a ingresar en las filas del ejército patriota para defender la patria del imperio español.

La actuación del general José Félix Ribas, nacido en Caracas el 19 de septiembre de 1775, en la gesta de la independencia corresponde a la etapa comprendida entre 1810 y 1815, años en los que se vivió una guerra sin cuartel, que comenzó con la caída de la Primera República y la Capitulación de Miranda en 1812.

Estos eventos permitieron al jefe realista Monteverde, quien se había proclamado Capitán General en sustitución de Emparan, emprender una feroz cacería contra los grupos patriotas. La acción adelantada por el jefe español obligó al Libertador Simón Bolívar, a proclamar en junio de 1813 el polémico decreto de Guerra a Muerte.

En medio de estas cruentas tensiones, José Félix Ribas, tío político del Libertador pues estaba casado con una hermana de Doña Concepción Palacios y Blanco, comienza a distinguirse por su apasionado temperamento y porque desde antes de 1810 figuraba entre quienes proponían la independencia absoluta de España.

Sin embargo, pese a los esfuerzos que desplegó y a las contundentes victorias que alcanzó a lo largo de 1813 –año de la Campaña Admirable- en Niquitao, (2-7-1813); Los Horcones, (22-7-1813); Vigirima, (23-11-1813) y La Victoria, (12-2-1814), no alcanzó a disfrutar la libertad definitiva de Venezuela. El 31 de enero de 1815, días después de la Batalla de Urica, fue apresado por los realistas en la población de Tucupido y de inmediato fue ejecutado. Su muerte y la vejación de su cadáver, que fue descuartizado y expuesto al escarnio público, constituyó un duro golpe el ejército patriota.

La niñez y adolescencia de Ribas no fue diferente de la de otros hombres de la independencia. Nació en el seno de una familia distinguida de la sociedad colonial. Fue el onceavo y último hijo del matrimonio conformado por Don Marcos Ribas y Doña Petronila Herrera y Mariñez, descendientes de destacados personajes españoles.

El pequeño José Félix, recibió la enseñanza propia de aquellos tiempos. En un principio trato de seguir el ejemplo de sus hermanos Francisco José y Marcos Ribas, dedicados a la religión y destacados oradores. Quizás por esta razón intentó ingresar al convento de los franciscanos idea que abandonó cuando decidió dedicarse al trabajo del campo donde maduró la idea de participar en la revolución de la independencia.

Un acontecimiento influyó para que se convirtiera en uno de los líderes de las reuniones que culminaron en el 19 de abril de 1810 y el 5 de noviembre de 1811. Exactamente, el 8 de mayo de 1799, cuando tenía 24 años presenció la ejecución, en la Plaza Mayor de Caracas, de Don José María España, uno de los pioneros de los movimientos contra el régimen español. Lo injusto de este hecho hizo nacer en el joven el deseo de continuar y culminar la empresa iniciada por José María España.

Tal fue su decisión que se le vio en todas las reuniones que precedieron y prepararon la revolución. Asistió a las del 16 de julio de 1808, en la de Don Juan de Casas, en la de don Simón Bolívar, en la que se realizó en el cuartel de los Granaderos de Aragua y en la suya propia y en la de Ángel Álamo, durante la cual se resolvió el golpe del 19 de abril de 1810. En esos días despliega una incesante actividad animando a las personas a favor de la independencia de Venezuela.

Una vez depuesto Juan Vicente Emparan, Capitán General de Venezuela para ese entonces, toman asiento en el Cabildo Metropolitano los representantes del clero, del pueblo y de los pardos, Ribas representa a estos últimos. El 25 de abril de 1810 fue seleccionado para formar parte del gobierno provisional. Ese mismo mes la Junta Suprema lo designa coronel y crea el Batallón Barlovento, de brillante actuación en los años siguientes.

Ribas adquiere ascendiente sobre la población y se convierte en representante y defensor de los "pardos". Su propuesta era la independencia total de Venezuela. Con este fin y considerando las designaciones realizadas por el gobierno provisional que recayeron en oficiales españoles, encabeza el 22 de octubre de 1810, una manifestación encaminada a pedir a la Junta Suprema de Caracas, la expulsión de los españoles residentes en el país.

Ante la amenaza que representaban las ideas de Ribas, quien también alertaba sobre las noticias llegadas a Venezuela acerca de la ejecución en Quito de los patriotas de la ciudad por parte de los españoles, la Junta Suprema acuerda expulsarlo de Venezuela junto con sus hermanos Juan Nepomuceno y Francisco José.

Cinco meses luego de su expulsión los representantes del Poder Ejecutivo llaman de vuelta a los hermanos Ribas quienes regresan al país en abril de 1811. Ribas regresa con renovados bríos y le ofrece su apoyo al general Francisco de Miranda, quien le encarga la Gobernación de Caracas, cargo que ejerció por poco tiempo, pues recibe el encargo de fortificar y defender el Portachuelo de Guaica.

En Agosto de 1812, luego de la Capitulación de Miranda, logra salir del país gracias a un pasaporte extendido por su pariente Monteverde, el 4 de agosto de 1812. Parte a Curazao y permanece algunos meses en esa ciudad. Pasa después a Cartagena. En la Nueva Granada sirve como voluntario a las órdenes de Labatut y acompaña al Libertador en la corta pero exitosa campaña que arrebató a los realistas la ciudad de Santa Marta.

En mayo de 1813 cuando, desde Cúcuta Bolívar inicia la Campaña Admirable, Ribas marcha con él comandando la división de retaguardia compuesta por trescientos hombres y dos cañones de pequeño calibre. Ese año el prócer caraqueño lograría altos honores por su brillante conducción de las batallas de Niquitao (julio, 1813), Los Horcones, (julio, 1813) y Vigirima, el 23 de noviembre de 1813.

Estos triunfos fueron antesala de la Batalla de La Victoria por la cual su nombre pasó a la posteridad. También le valieron la designación como Comandante General de Caracas y su ascenso a Mariscal de Campo, título que ostentó hasta la promulgación por parte del Libertador del Reglamento de Uniformes, Divisas y Graduaciones del Ejército de la República de Venezuela, en el cual el grado de mariscal de campo quedaba sustituido por el de general de división.

A finales de 1813 y comienzos de 1814 el escenario para los patriotas no era alentador. Las continúas batallas habían disminuido numéricamente las tropas. Por lo tanto se necesitaba enrolar nuevos soldados, así como recursos económicos para sufragar los gastos que conllevaban las operaciones de guerra.

Para cumplir este objetivo, José Félix Ribas, que se encontraba en Caracas para ese momento, recibe instrucciones precisas del Libertador, que estaba en Valencia, para que adopte las medidas destinadas al alistamiento de los nuevos hombres que integrarían la milicia patriota. Al efecto coloca bandos en distintas partes de la ciudad, así como también los hace leer en lugares públicos.

La derrota del 03 de febrero de 1814, sufrida por el ejército republicano, bajo el mando del Coronel Vicente Campo Elías en La Puerta, sector ubicado entre los estados Aragua y Guárico, a manos de los llaneros del español José Tomás Boves, afecta el ánimo y la seguridad de los patriotas que saben el peligro que implica dejar libre el camino al enemigo para que ingrese a los valles de Aragua y a Caracas.

El revés de Campo Elías no puede ser más inoportuno, dada la lejanía en la que seencuentran los distintos cuerpos del ejército independentista y la amenaza latente de que los españoles controlen el corredor que conecta Valencia con Caracas, centro del poder político recién recuperado e icono de la libertad americana.

El avance de las tropas realistas del Coronel Tomás Morales, segundo de José Tomás Boves, desde los llanos guariqueños hacia La Victoria, en los primeros días de febrero de 1814, pone en jaque las operaciones en el occidente de Venezuela. Simón Bolívar, al saber de la derrota sufrida en La Puerta, le ordena al General José Félix Rivas, acantonado en Caracas, a que mueva a la brevedad las milicias que comanda hacia La Victoria con objeto de impedir el arribo del ejército enemigo. Tras la orden recibida del Libertador, los oficiales y la tropa republicana marchan a La Victoria en son de combate.

Al llamado de Ribas concurren cientos de jóvenes estudiantes y seminaristas que están dispuestos a dar su vida por la patria y defenderla de la tiranía. Por esta razón en febrero de 1812, “niños de 20 años y los menos de 12, desfilaban ante el general Ribas y otros oficiales. Llevaban algunos el sombrero y la chupa clerical. Sus madres lloraban, mientras que los jóvenes adoptaban un aire marcial aparentado resolución y valor”.

Ribas le decía a todos estos jóvenes: "No podemos optar entre vencer o morir, es necesario vencer".

Esa realidad vivida hace más de un siglo hace posible la comprensión en nuestros días de la hazaña que significó para el ejército patriota ganar en los campos de La Victoria el 12 de febrero de 1814, día en el cual la juventud venezolana, que ya había ofrecido su esfuerzo en Vigirima, se cubrió de gloria al vencer al ejército realista comandado por Tomas Morales, que los superaba tanto en número como en caballería y artillería.

La historia de este acontecimiento quedó escrita para la posteridad de la siguiente manera. A principios de febrero de 1814, un cuerpo realista comandado por Morales, segundo de José Tomás Boves, se acerca a La Victoria, con el fin de cortar las comunicaciones entre Valencia, donde está Simón Bolívar, y Caracas, donde se halla José Félix Ribas.

El 10 de febrero llega a La Victoria con una tropa conformada por un mil quinientos hombres, entre veteranos, estudiantes y seminaristas, estos últimos inexpertos en el uso del fusil pero armados del coraje que inspira la defensa de la patria. Van decididos a enfrentarse y vencer a las tropas realistas, que tienen unos 2.500 hombres.

El número 49 de la Gaceta de Caracas se hace eco del triunfo e informa a los caraqueños lo siguiente:

“Nueve veces atacó Morales y nueve veces fue rechazado. La lucha comenzó a las 8 de la mañana. Se luchó en los alrededores, en las calles, en fin donde penetrara el enemigo. Se peleó desde la plaza, donde se reconcentró el general Ribas, incierto de socorro, pero seguro de si y confiado en su fortuna.

A caballo, en medio de sus soldados, los alentaba y los impelía. Se hallaba en todos los puntos. Detiene y fatiga a las fuerzas enemigas. En sus ojos brilló en esos momentos sombríos una centella para animar a los combatientes.

Después de 8 horas de combate sin tregua, aparece por el camino de San Mateo, una nube de polvo. ¡Socorro oportuno!, rita Ribas a sus soldados y ordena a 50 hombres de infantería y 40 de caballería, salgan a favorecer al manso del coronel Mariano Montilla, la incorporación de la columna auxiliar, rompiendo las líneas enemigas.

Avanzaba, Campo Elías y Aldao, frente a 200 hombres llenos de confianza. Al ¿quién vive?, pronunciado por el enemigo, la escasa división responde, “el vencedor de Mosquitero”, y atraviesan por entre los contrarios sorprendidos, que no los rodean sino cuando llegan a la Plaza.

Ribas, sale y se precipita en el campo, haciendo estragos en el enemigo. La columna auxiliar y las tropas sitiadas se abrazan en medio del fuego y aterran con sus gritos de victoria y ponen en fuga a los enemigos”

Boves corre en vano desde Cura en auxilio de Morales, y tratan de hacerse fuertes en Platanero. Los valerosos esfuerzos del día 12 tuvieron recompensa, huyen Boves y Morales, dejando tras de si, una ciudad desvastada, pero ardiente en gloria, 500 hombres muertos, 1000 que habían perdido y 1 execrado.

Más la defensa no convenía al valor de Ribas, era el ataque lo que lo tentaba. No era un escudo aquel hombre altivo, era una espada que iba al corazón del adversario, corrió en persecución de los españoles y pudo dejar segura a la población de La Victoria, para emprender otros combates.

Los mil quinientos americanos que presentan batalla el 12 de febrero de 1814 en La Victoria, además de contar con soldados pocos experimentados en el uso de las armas, pues algunos de ellos son estudiantes universitarios y seminaristas que se han incorporado al llamado de la libertad, se hallan en condiciones desventajosas, tanto en número como en poder de fuego. Sin embargo, luego de nueve horas de combate, lo que queda de los tres mil cuatrocientos españoles que dirige el Coronel Morales, deciden retirarse. A las cinco de la tarde del 12 de febrero de 1814, los restos del ejército republicano celebran el triunfo de La Victoria, aunque las calles de la ciudad quedan bañadas con la sangre de muchos jóvenes que ese día decidieron inmolarse por un sueño: la patria liberada.

En los últimos tiempos, la juventud venezolana ha tenido una importante participación en el desarrollo político y social de nuestro país y, al igual que aquel 12 de febrero de 1814, alza la voz para hacer valer sus derechos y los de todos los venezolanos. Después de tantos años, los jóvenes venezolanos siguen demostrando con igual intensidad lo que es el luchar por sus convicciones, hacer entender lo que son sus pensamientos e ideales y a través de ellos buscar compartir y convivir todos por igual en una misma tierra, que sin duda alguna y desde el principio de los tiempos, fue bendecida por Dios.

En los últimos tiempos, los jóvenes venezolanos han tenido una importante participación en el desarrollo político y social de nuestro país. Alzando la voz cada vez que sienten vulnerados sus derechos y los de sus coterráneos, en marchas multitudinarias, en asambleas en las que se presentan posiciones que, aunque son ampliamente diversas, reflejan el sentir de cada uno.

En el año 2007, la intervención de la juventud en la política nacional definitivamente marcó pauta. A diario se podían ver, leer y escuchar noticias acerca del sentir tanto de estudiantes que apoyaban a un sector como al otro, convirtiéndolos en parte crucial de los cambios sociales y políticos que se podrían estar gestando en la nación. Cada quien, a su manera, dio un paso al frente para exigir, reclamar y poner en la palestra pública, nuevas ideas para la convivencia entre dos sectores con diferencias ampliamente marcadas.

La juventud venezolana, en el transcurso de la historia, ha demostrado que es invencible cuando en la pelea está en juego su futuro. La juventud jugó un papel protagónico en la lucha por la independencia de Latinoamérica.

Los jóvenes contribuyen con la política social, así como con los procesos de integración y de intercambio en el país. Nosotros necesitamos que ellos comprendan el proceso político que vive Venezuela, que se desarrolla en base a la participación, producto de un nuevo modelo de sociedad. Los jóvenes han venido participando de manera extraordinaria en los procesos de cambio social. Sin ellos no hubiese sido posible la consecución de las políticas públicas del Gobierno Revolucionario.

Ellos son clave en la formación y capacitación de la sociedad civil, porque es la forma de llevar conciencia a nuestro pueblo.

Ser joven es mirar el futuro, con los ojos llenos de esperanza, es centrarse en la edificación de un espacio, de una meta…y cubrirse de fuerza, vigor y entusiasmo por lograr los objetivos, ya sean de trabajo; estudios o por un común desarrollo, así como trabajamos por hacer progresar a Venezuela y fortalecer el proceso bolivariano liderado por el presidente Chávez.

Venezuela es un país, básicamente joven, liderado por un presidente impregnado del ímpetu de la juventud y de gran sensibilidad social. La hazaña de Ribas y el batallón de jóvenes estudiantes que lo acompañó en 1814 en los campos de la Victoria en el estado Aragua, aun vive entre nosotros, la muestra de ello está en la gran cantidad de misiones sociales integradas por jóvenes y dirigidas al fortalecimiento de esa juventud, como las Misiones Ribas, Sucre, Vuelvan Caras, la Robinson entre otras, dirigidas a rescatar el espíritu y la esperanza de muchos venezolanos.

A 194 años de la gesta en las tierras aragüeñas, la Batalla de la Victoria, un 12 de febrero de 1814 un destacamento de jóvenes patriotas al mando del General José Félix Rivas derrotan en tan heroica campaña al ejercito imperialista español, esto es un precedente de las luchas permanentes de la juventud venezolana a lo largo de la historia patria, desde los jóvenes que acompañaron al General Ezequiel Zamora “… tierras y hombres libres, horror a la oligarquía…” al ver traicionado el proyecto bolivariano.

Aquellos jóvenes que a principios del siglo XX combatieron contra la dictadura entreguista de Juan Vicente Gómez, como no recordar a Pío Tamayo, pionero en el estudio e introducción del pensamiento marxista a nuestras tierras, asesinado en la cárcel durante el periodo gomecista, el asalto heroico con machetes a los cuarteles de Curazao dirigido por el joven Gustavo Machado para la obtención de armamentos en el combate a la feroz dictadura.

Los innumerables jóvenes obreros que lucharon durante la huelga petrolera de 1936, contra las trasnacionales explotadoras y generadoras de miseria a la clase obrera, el combativo movimiento estudiantil herederos de las luchas de Eutimio Rivas, Livia Gouverneur, Jorge Rodríguez, los héroes de Canaima del 4 de febrero, el grupo de estudiantes a quienes tuvimos el honor de tener aquí en este recinto de la Ásamela Nacional y que dieron un debate de altura y derrotaron al movimiento estudiantil burgués, que en un gesto de prepotencia y de soberbia, se retiraron de este Hemiciclo, no debatieron, no le dijeron absolutamente nada al país, porque tienen miedo de señalar que ellos defienden el sistema capitalista, la explotación del hombre por el hombre, las miserias humanas, en cambio nuestros jóvenes, nuestros muchachos que manteniéndose en esta línea histórica se demuestra la permanente participación y protagonismo de los y las jóvenes venezolanos de estar en la primera línea de combate y entrega por una patria mejor y más justa, por eso ahora más que nunca decimos que la Batalla de la Victoria no ha terminado continua en estos momentos y sigue más vigente que nunca sus ideas, luchar por la liberación nacional, contra el imperialismo.

La juventud es la fuerza más importante con la que cuenta el país y hoy podemos constatar la cohesión entre los jóvenes del mundo militar y del mundo civil.

Es obligación de todos nosotros, los jóvenes y los no tan jóvenes lograr la concreción firme, profunda y plena e integral del proyecto nacional de Simón Bolívar, que está enmarcado en un proyecto político de democracia plena y verdadera donde el poder este en manos del pueblo, que es el soberano nacional.

Si aquellos hombres y mujeres murieron con el sabor amargo de no haber cumplido con hacer una completa independencia, nosotros no podemos terminar de la misma manera.

Cueste lo que cueste, hoy en honor a aquellos mártires y a aquel sueño que quedó truncado, tenemos que vencer.

Y es precisamente que los y las jóvenes tienen un papel fundamental de aporte y construcción de una sociedad mejor, trinchera de pensamiento crítico y de libre expresión, y como se ha demostrado en la historia la juventud venezolana será la fuerza motriz que impulsará los cambios de profundización a la revolución bolivariana para darle autenticas perspectivas al socialismo, como único sistema que genera bienestar, el mayor grado de felicidad posible al pueblo y verdaderas perspectivas de vida e integridad del ser humano, con la erradicación de la explotación del hombre por el hombre, la miseria y las guerras a consecuencia de 3 siglos de sistema capitalista en estos momentos en su fase imperialista. Por todo eso y más los y las jóvenes mantenemos en estos momentos esa frase inmortal del alma de un libertador de pueblo “… no podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer…” de nuestro General José Félix Rivas.

¡¡¡Luchamos para Vencer!!!
¡¡¡La Batalla de la Victoria Continua!!!
Construyendo Patria Grande y Socialista
*Abogado y Analista Político. www.juanmartorano.blogspot.com, http://www.juanmartorano.tk/. jmartoranoster@gmail.com , j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar


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Juan Martorano Castillo

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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