Beligerantes, aliados y tránsfugas

Definitivamente este proceso que lideriza el camarada Chávez no es cualquier juguito de parchita, yo asumo y comparto hasta la saciedad el que hayamos tenido el coraje de otorgarle estatus político a los movimientos y grupos guerrilleros que llevan más de cuarenta años echándole bola allá en Colombia; pero en nada estoy de acuerdo, que aquí en nuestro territorio se siga execrando a los militantes revolucionarios que no militan en la nueva estructura política oficial o que militando en ella, también son excluidos del rol protagónico que le corresponde.

Ya el Presidente metió el primer frenazo de gandola y más de uno salió con su nariz reventada, cuando anunció que reviviría la experiencia exitosa del Polo Patriótico. Allí dentro del PSUV andan muchos añorando sus antiguas militancias, porque de imponerse la nueva política de alianza, ellos hubiesen jugado un papel protagónico y no el papelón que hoy les toca como simple aspirantes a no tener patria ni bandera, ni quien les rese un padre nuestro.

Desde la juramentación de la primera avanzada de propulsores del novedoso partido “unitario y socialista”, advertí sobre los riesgos que suponía crear este instrumento político con los mismos esquemas y resabios de las viejas estructuras partidistas cuartas republicanas; pero venga a usted a saber que la primera iniciativa política anunciada, fue la de constituir un tribunal de excepción, para meter en cintura a tantos militantes díscolos, que se atreviera a preguntar por cual camino íbamos a coger y quienes estaban llamados a transitarlo.

El otro sapito crudo que debíamos tragarnos, fue el llamado a la unicidad del nuevo aparato y no a la unidad de todas las fuerzas revolucionarias que vienen empujando estos procesos mucho antes de la existencia del mismísimo MVR, y claro está, todo en medio de un rosario de descalificaciones y condicionamientos, que obligaron a muchos a la fracturas de sus propias organizaciones y a las provocaciones divisionistas de otros, que de alguna forma, representaban fuerzas subjetivas y objetivas, quienes a la hora de las confrontación con los verdaderos enemigos, tuvieron una incidencia significativa.

Estas cavilaciones las hago, porque tuve la oportunidad de asistir a las actividades conmemorativa de los 50 años del 23 de Enero, allá en el Cuartel San Carlos (y que conste que la última vez que visité ese sitio fue cuando el camarada Cléber Ramírez, me envió con una encomienda de libros para el flaco Prada, mucho antes de su fuga) y en ese reencuentro con los viejos militantes de siempre, casi al unísono, nos preguntábamos, ¿cuál partido?, ¿cuál proceso?, y si de verdad estamos viviendo un proceso revolucionario, porqué entonces, no se nos da beligerancia y estatus político a los revolucionarios, que hoy la vorágine del proceso mismo, los mantiene marginados y lo que es peor aun, calificados con el odioso epíteto de “aliados”, por un atajo de tránsfugas y oportunistas, que de forma zamarra han sabido colocarse en los mandos y estructuras burocráticas del nuevo partido y de los altos cargos del gobierno, del socialista y revolucionario presidente Chávez.

douglas.zabala@hotmail.com


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Douglas Zabala


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