Será lo que tiene que ser

Juan pueblo... se prepara para morir por la patria

“Esta gran humanidad a dicho ¡Basta! Y ha echado andar, y su marcha de gigantes ya no se detendrá” Che Guevara.

Su memoria se lo recuerda, como si hubiera sido ayer.

A pesar del paso de los años, su mente se lo regresa una y otra vez.

“¡¡Pedro!! como voy alimentar a los carajitos, con estos centavos que traes.

Nunca comen carne, pollo, ni leche, crecerán ignorantes como nosotros Pedro”

Juan mientras desarma su fusil, recuerda los ojos de su padre inundados de impotencia ante los reclamos de su madre.

“No te preocupes negra, trabajaré dos turnos si es necesario”, le decía mi viejo a mi madre tratando de consolarla.

Juan limpia una a una las piezas de su compañero de batalla, al momento de apretar los dientes, por la llegada de la nostalgia...

La misma que le recuerda:

Su padre llorando a escondidas, por el miserable hecho de saberse explotado.

La vez que a la luz de la luna, su viejo tiró afuera la rabia aprisionada y estalló en llanto, pensando que todos sus hijos dormían.

Las veces que lo recuerda, lo invade la congoja... y la duda regresa.

Por qué razón no corrí a sus brazos para decirle:

“ ¡Papá! yo trabajaré en las horas que no estudie, para ayudarte con tu interminable carga”

Pudo más el pensamiento de la vergüenza que sentiría mi viejo, al saber que su hijo lo descubrió llorando... y permanecí oculto entre las sombras.

Las mismas sombras, compañeras infinitas de los pobres.

Ni antes de su muerte, tuvo el valor de contarle lo sucedido ese día, al ver en sus ojos que se cerraban, inundados de la impotencia de los excluidos de siempre.

Pensando que tal vez el nuevo amanecer, sea quizás su último día...

Recorre con nostalgia los días vividos en su rancho en tiempo de su niñez.

Las travesuras de todos sus hermanos y él, los piecitos descalzos confundiéndose con el barro.

Las alegrías en blanco y negro, porque sin ser daltónicos, la vida les negaba sus colores.

Las corridas inolvidables tratando de dar alas a sus papagayos armados de bolsas de basura, pero que sus sueños lo convertían en turpiales volando en busca de libertades.

Que vaina más arrecha que es la vida, piensa Juan.

Hoy que las cosas han cambiado, en alegría para el pueblo, pretenden quitarnos todo otra vez.

Hoy que tengo mi casa digna, mis hijos estudian en mejores colegios y universidades sin exclusiones y gratuitas... con becas para que no pasen trabajo.

Los viejitos todos disfrutan de jubilaciones justas, mi madre que se resiste a dejar su rancho, el gobierno le da una beca para las amas de casa, el médico la cuida a patita de mingo y no tiene que correr para la ciudad para que la atiendan, hoy que el petróleo es de todos, pretenden quitarnos todo otra vez....

Un compañero toca su puerta, arrancándolo de sus recuerdos...

“Es la hora Juan”, le dice el recién llegado.

Y la diana que se oye en todo el firmamento de los barrios y los cerros...

Le regala la alegría de saber que la patria lo llama...

caminando con sus compañeros combatientes..

Los compases de la canción necesaria como nos decía nuestro compañero Ali Primera, brotaban de la tierra...VIENE BAJANDO EL OBRERO....

Juan reía con la brisa de los vientos... abrazando a la patria para morir por ella.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

jovarela33@cantv.net


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José Varela


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