Morfología y Lisología de la Historia

El presente ensayo nos sitúa directamente en el núcleo de un debate historiográfico y ontológico de primer orden: la oposición entre morfología y lisología como claves interpretativas de la historia universal. Las indicaciones de Carlos X. Blanco, enmarcadas en la tradición del materialismo filosófico, ofrecen una herramienta conceptual de gran fineza para abordar no solo la diferencia entre Spengler y Marx, sino también la naturaleza del actual sistema-mundo en crisis. El ensayo que sigue desarrolla estas ideas con el rigor solicitado.

Morfología de la Historia y Lisología del Capital: Un Ensayo sobre Spengler, Marx y la Geopolítica .

Índice de Contenidos

1. Introducción: Dos miradas sobre el devenir histórico

2. El enfoque morfológico: Spengler, la Geopolítica y las unidades históricas

3. El enfoque lisológico: Marx, la ley del valor y el "alisamiento" del mundo

4. La síntesis crítica: Aportaciones de Carlos X. Blanco y el materialismo filosófico

5. Conclusión: Hacia una interpretación del sistema mundial en crisis

1. Introducción: Dos miradas sobre el devenir histórico

La filosofía de la historia se enfrenta a una disyuntiva fundamental: ¿debe interpretar el pasado humano como un conjunto de organismos singulares e irreductibles, cada uno con su propio ciclo vital, o debe hacerlo como un proceso lineal y acumulativo regido por leyes universales? Esta pregunta, latente en la tradición occidental, adquiere una formulación particularmente aguda cuando se confrontan las obras de Oswald Spengler y Karl Marx. El primero, autor de La decadencia de Occidente, propone un método morfológico que busca las estructuras profundas y recurrentes en el devenir de las grandes culturas. El segundo, en cambio, despliega un análisis que, en última instancia, apunta a un proceso de nivelación o "alisamiento" de las particularidades históricas bajo el imperio de un modo de producción universalizante.

Siguiendo las indicaciones del filósofo español Carlos X. Blanco, discípulo crítico de la tradición del materialismo filosófico (la conocida como "Escuela de Oviedo" de Gustavo Bueno), podemos articular esta diferencia con una claridad inusitada. La distinción crucial reside en que Spengler adopta un punto de vista morfológico, mientras que en el núcleo del método marxiano opera un enfoque que podríamos llamar, con la terminología precisa de Gustavo Bueno, lisológico. Este ensayo se propone explorar esta distinción, analizar sus implicaciones en autores como Jordis von Lohausen y, finalmente, evaluar su capacidad explicativa para comprender el fenómeno de la globalización y la crisis del sistema mundial contemporáneo.

2. El enfoque morfológico: Spengler, la Geopolítica y las unidades históricas

La obra de Oswald Spengler representa uno de los intentos más ambiciosos del siglo XX por construir una filosofía de la historia de base morfológica. Su objetivo declarado no era otro que el de "predecir la historia" mediante el estudio de las grandes culturas como si de organismos vivientes se tratara . Para Spengler, la historia no es un proceso lineal ascendente (como en el positivismo o en ciertas lecturas del progreso ilustrado), sino un espectáculo de múltiples y poderosas culturas que nacen, se desarrollan, maduran y finalmente declinan, cada una con un alma o forma interna única.

El método spengleriano se fundamenta en la analogía, no en la ley física. Frente a la historia entendida como una sucesión de causas y efectos encadenados (naturaleza), Spengler propone una mirada que capte el destino y la significación simbólica de los acontecimientos . La cultura es el verdadero objeto histórico, una unidad orgánica que se manifiesta en todos sus aspectos -el arte, la política, la ciencia, la guerra- como expresión de un mismo espíritu. Cuando una cultura ha agotado su ciclo creativo, se petrifica y se convierte en civilización: es la fase de la técnica desplegada, del imperialismo y de la gran metrópolis, que antecede a la muerte final del organismo histórico . Así, la "decadencia de Occidente" no es un acontecimiento catastrófico puntual, sino la constatación de que la cultura faústica (occidental) ha entrado en su fase invernal, la civilización.

Esta concepción de las culturas como unidades morfológicas únicas, sometidas a su propio ciclo vital, tiene una consecuencia geopolítica inmediata. Si la historia es un mosaico de estas grandes individualidades, las relaciones entre ellas no pueden ser de fusión o disolución en una totalidad superior, sino de contigüidad, de contacto en un plano sincrónico. Son relaciones sinalógicas (del griego synaloge, "conexión", "encuentro"): guerras fronterizas, invasiones, alianzas, anexiones, intercambios. No es la lógica de la evolución interna de un solo sistema, sino la lógica del encuentro y el choque entre sistemas cerrados.

Es en este punto donde la obra de Jordis von Lohausen, El coraje para el poder, adquiere toda su relevancia. Este clásico de la geopolítica, que lleva el sugerente subtítulo de Pensamientos continentales, se inscribe de lleno en este orden morfológico. Lohausen analiza el tablero mundial no como un espacio homogéneo regido por leyes económicas universales, sino como un campo de fuerzas estructurado por grandes espacios, masas continentales y bloques históricos. Su análisis se centra en las relaciones de poder que se derivan de la mera contigüidad geográfica: la presión de la llanura sobre la montaña, la dialéctica entre el corazón continental (Heartland) y los bordes marítimos, la necesidad estratégica de los Estados de asegurar sus fronteras. La geopolítica, así entendida, es la disciplina que estudia las consecuencias de que las unidades morfológicas (naciones, culturas, continentes) coexistan en un espacio finito y deban, por tanto, negociar su supervivencia a través del conflicto o la cooperación sinalógica. Es el "coraje para el poder" entendido como la voluntad de una entidad política de afirmar su ser en un mundo de entidades vecinas.

3. El enfoque lisológico: Marx, la ley del valor y el "alisamiento" del mundo

Frente a este paisaje de formas históricas únicas e irreductibles, el marxismo introduce una potencia de signo contrario. Es cierto que Marx utiliza a menudo un lenguaje que podríamos llamar morfológico. Cuando analiza "formaciones sociales" concretas como la Inglaterra victoriana, la Francia de Luis Bonaparte o la España del siglo XIX, está reconociendo la existencia de unidades históricas singulares e irrepetibles, atravesadas por tradiciones, luchas de clases y superestructuras políticas específicas . El propio concepto de "modo de producción" podría interpretarse, en una primera aproximación, como la estructura interna que da forma a una sociedad determinada.

Sin embargo, el núcleo teórico del materialismo histórico opera en una dirección muy diferente. El descubrimiento clave de Marx no es tanto la diversidad de las formas sociales, sino la ley inmanente que tiende a disolverlas a todas. Este es el papel de la ley del valor. En el capitalismo, el valor de las mercancías se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. Esta abstracción -el trabajo humano indiferenciado, la "gelatina de trabajo abstracto" que diría Marx- tiene un poder corrosivo sin precedentes.

La ley del valor "alisa" o nivela (del griego lisis, "disolución", "alisamiento") las distintas actividades, oficios y tradiciones. Reduce la cualidad de los objetos a la cantidad de valor que contienen. Un poema, un zapato o un misil son, desde esta óptica, portadores de una sustancia común: trabajo abstracto. Este proceso de nivelación no se limita a la esfera económica. La necesidad incesante de acumulación y de expansión del capital lo impulsa a derribar todas las barreras que encuentra a su paso: barreras geográficas, culturales, políticas y legales. El capitalismo tiene una vocación intrínsecamente universalizante. Disuelve los particularismos, arrasa con las tradiciones, penetra en los rincones más remotos del planeta y somete a todas las formaciones sociales a la implacable lógica de la valorización del valor.

Desde esta perspectiva, la llamada globalización no es un fenómeno nuevo, sino la manifestación más acabada y plena de este proceso lisológico. El capital, en su fase contemporánea (a menudo llamada "turbocapitalismo" o capitalismo financiero), actúa como un gigantesco operador de nivelación planetaria . Las particularidades nacionales, las culturas locales, las identidades regionales son constantemente erosionadas y reconfiguradas para ser integradas como meros engranajes en la maquinaria global de acumulación. Las fronteras, que para la geopolítica morfológica son líneas de tensión vitales, se convierten para el capital en meras molestias administrativas que deben ser flexibilizadas o suprimidas en aras de la libre circulación de mercancías y capitales. La globalización es el triunfo del espacio liso del valor sobre el espacio estriado de las culturas históricas .

4. La síntesis crítica: Aportaciones de Carlos X. Blanco y el materialismo filosófico

La contribución de Carlos X. Blanco, inspirada en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno pero yendo más allá de él, es ofrecer un marco conceptual que permite integrar ambas perspectivas sin caer en reduccionismos . Blanco, a quien podemos situar en una órbita de pensamiento comunitarista y crítico con el materialismo dogmático, nos proporciona las herramientas para entender que la morfología y la lisología no son simplemente dos interpretaciones rivales, sino dos dimensiones de la realidad histórica que operan simultáneamente y en tensión.

Por un lado, las culturas y las civilizaciones existen como unidades morfológicas reales. España, Prusia, la Atenas clásica o la Cristiandad medieval no son meros epifenómenos de una base económica, sino sujetos históricos con una identidad, una lengua, unas instituciones y un proyecto que no se disuelven sin más en la universalidad abstracta. Tienen un "ser" que se resiste a ser reducido a mera mercancía. La tradición, la religión, la patria -lo que Blanco denomina "arraigos" - son dimensiones constitutivas de la experiencia humana que el capitalismo, en su afán nivelador, no puede eliminar del todo sin generar resistencias.

Por otro lado, la ley del valor y la dinámica del capital actúan como una poderosa fuerza lisológica que opera sobre y contra esas unidades morfológicas. El capital es como un fluido que trata de penetrar y disolver todos los cuerpos sólidos, homogeneizándolos en el torrente de la circulación mercantil. La historia contemporánea puede leerse, precisamente, como la dialéctica entre estas dos fuerzas: la resistencia de las formas históricas concretas (naciones, civilizaciones) y el poder disolvente de la lógica del valor.

La originalidad de la propuesta de Blanco reside en que, al hacer esta distinción, nos permite superar tanto el mecanicismo economicista de cierto marxismo vulgar (que todo lo explica por la infraestructura) como el organicismo hermético de cierto spenglerianismo (que aísla las culturas en compartimentos estancos). Además, su crítica al "materialismo" como ideología le lleva a recuperar del propio Marx aquello que es más valioso para una crítica del presente: no su cientifismo decimonónico, sino su diagnóstico sobre el poder disolvente del capital y su anhelo de una comunidad orgánica no alienada, un horizonte que, paradójicamente, encuentra más afinidades con el pensamiento tradicionalista y comunitarista que con el liberalismo o el materialismo ateo . En esta línea, pensadores como Diego Fusaro o Costanzo Preve, a quienes Blanco ha introducido en España, exploran la convergencia entre la crítica marxiana del capital y la defensa de lo comunitario frente al individualismo posesivo del mercado .

5. Conclusión: Hacia una interpretación del sistema mundial en crisis

La distinción entre el enfoque morfológico de Spengler y el enfoque lisológico de Marx, enriquecida por la síntesis crítica de Carlos X. Blanco, nos ofrece un prisma excepcional para comprender las convulsiones del mundo actual. Nos encontramos en una encrucijada histórica donde la guerra de Ucrania, las tensiones en Oriente Próximo o el pulso entre Estados Unidos y China no pueden entenderse únicamente como conflictos económicos (lisológicos) ni como meros choques culturales (morfológicos).

Son, más bien, conflictos sinalógicos (guerras fronterizas, luchas por esferas de influencia, anexiones) entre unidades morfológicas (naciones, civilizaciones) que, sin embargo, están siendo atravesadas y reconfiguradas constantemente por la dinámica lisológica del capital global. La globalización, al nivelar el mundo, no ha eliminado las diferencias; las ha exacerbado y politizado de nuevo. El "alisamiento" capitalista provoca como reacción un reforzamiento de los particularismos, una búsqueda de arraigo en un mundo que se vuelve líquido.

El sistema mundial está en crisis precisamente porque la fuerza lisológica del capital ya no puede seguir disolviendo las diferencias sin generar resistencias identitarias cada vez más violentas, y porque las unidades morfológicas, sintiendo amenazada su existencia, se preparan para el conflicto. La amenaza de una guerra mundial es, desde esta óptica, el resultado del agotamiento de la fase pacífica de la globalización (la expansión del mercado) y el retorno a la fase política del poder (la reafirmación de las soberanías y los imperios por medios militares). El coraje para el poder del que hablaba Lohausen resurge así como un imperativo para las grandes potencias, mientras que el capital, el gran operador lisológico, observa cómo su obra de nivelación planetaria amenaza con volverse en su contra, generando las propias contradicciones que desembocan en la guerra. La filosofía de la historia, armada con estos conceptos, nos permite al menos entender la naturaleza del abismo que tenemos ante nosotros.

Bibliografía y referencias clave

- Blanco, Carlos X. Ensayos antimaterialistas. Letras Inquietas, 2021 .

- Lohausen, Jordis von. El coraje para el poder: Pensamientos continentales. Grupo Editor Latinoamericano, 1994 .

- Spengler, Oswald. La decadencia de Occidente: Bosquejo de una morfología de la Historia Universal. Espasa Calpe, 2002 (original de 1923) .



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