La agresión imperialista del 3 de enero de 2026, que concluyó con la captura y el posterior secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, indudablemente es un punto de inflexión que cambia radicalmente la trayectoria del proceso bolivariano iniciado por Chávez, modifica la relación de fuerzas internas y externas, y las actitudes de sus dirigentes.
A partir de ese hecho militar (la agresión señalada) se nos ha querido convencer de que la estrategia política puesta en práctica por el PSUV y la encargada del nuevo gobierno de Venezuela es la correcta.
Muchas opiniones y análisis se han escrito y comentado. Uno de ellos me ha llamado la atención: la relación que se ha hecho entre la experiencia pasada del Tratado de Brest-Litovsk con las negociaciones recientes entre los Estados Unidos y Venezuela. Argumentos esbozados por varios intelectuales reconocidos, entre ellos Frei Betto y Juan Carlos Monedero.
Estrategia que, según los analistas, se ha puesto en marcha para asegurar en el tiempo la retoma de la soberanía e independencia nacional, atrapadas y negadas hoy por la tutela coercitiva que está ejerciendo la Casa Blanca sobre el poder ejecutivo y legislativo de Venezuela con el objeto de controlar la industria petrolera, minera, eléctrica y las tierras raras que posee el suelo nacional.
Ahora bien, en 1970, estudiando en la Facultad Sindical de Moscú, tuve la ocasión de conocer los elementos teóricos y prácticos que dieron como resultado que Lenin firmara, el 3 de marzo de 1918, el tratado de paz de Brest-Litovsk.
Recuerdo muy bien que el profesor Alberto García, un español que participó en la Guerra Civil Española (1936-1939), quien a los 20 años ya estaba incorporado en la primera línea de fuego, quien luego de la derrota, huyó a Rusia.
Como profesor adscrito a la cátedra Historia de la Revolución Rusa programó un seminario para los estudiantes latinoamericanos de la facultad relacionado con el tratado precitado y en conmemoración de la firma por Lenin del mismo. En esa época, ávido de la lectura marxista me devoré todo el material, artículos, conferencias, relacionados con el tratado de paz en cuestión.
Entre los materiales de lectura se encontraban:
a) Acerca de la historia de la paz desdichada;
b) Epílogo a las tesis sobre el problema de la conclusión inmediata de una paz separada y anexionista;
c) Proyecto inicial de radiograma al gobierno del imperio alemán;
d) La patria socialista está en peligro;
e) Posición del Comité Central del POSD(b) de Rusia en el problema de la paz separada y anexionista;
f) Una lección dura pero necesaria;
g) Séptimo congreso urgente del partido comunista Bolchevique de Rusia, marzo de 1918;
h) V congreso extraordinario de los Sóviets de toda Rusia;
i) Las tareas inmediatas del poder soviético. Todas escritas por Lenin.
En consecuencia, no niego que las experiencias políticas, económicas y miliares, bien sean nacionales o internacionales, puedan orientar una toma de decisión estratégica en un momento dado.
Si bien es cierto que en muchas experiencias políticas-militares. Encontramos rasgos comunes con otras situaciones, hechos o fenómenos similares, también es cierto que cada país y experiencias congregan características no comunes con otros eventos de características parecidas.
Ante experiencias que parecen ser un espejo con experiencias pasadas, también es evidente que estas no deben trasladarse o aplicarse mecánicamente de un país a otro o dentro del mismo país. Un ejemplo desastroso de la aplicación mecánica de una experiencia externa a la realidad nacional, la encontramos en la historia de la lucha revolucionaria venezolana.
Evoquemos que la forma de lucha utilizada por los revolucionarios cubanos para acceder al poder en 1959 se reflejó en forma de lucha puesta en práctica en la década del 60 para conquistar el poder en Venezuela, hecho político militar y trasplante mecánico que resulto en un desgaste y un rotundo fracaso para los revolucionarios de la época.
Desde esa perspectiva valga subrayar que las condiciones políticas por la que atravesaba la revolución de los soviets, más concretamente entre el 27 de octubre de 1917, según el calendario Juliano (7 de noviembre de acuerdo al calendario gregoriano), fue derrocado el gobierno provisional y se inició el proceso político de la revolución de los soviets, y el 3 de marzo de 1918 cuando Lenin firmó el tratado de la paz separada y anexionista en la ciudad de Brest-Litovsk de Bielorrusia, con el imperio alemán, el imperio Austrohúngaro, el imperio Otomano y la naciente revolución socialista de la Rusia soviética, eran totalmente distintas a las condiciones específicas concretas de la Venezuela de enero de 2026.
Días antes de la firma de ese tratado en una reunión del consejo de comisarios del pueblo celebrada el 21 de febrero de 1918, Lenin (1960) afirmo: “Para evitar al país, exhausto y destrozado, nuevas pruebas militares nos hemos visto obligados y declarar a los alemanes que estamos dispuestos a firmar las condiciones de paz por ellos presentadas” (p. 522).
Cabe destacar que, en ese periodo histórico concreto para Lenin y para la revolución rusa la paz necesaria era una táctica que permitió al reciente gobierno de los soviets en las condiciones de gobernar un país devastado, atrasado y sin ejército, por los estragos de Primera Guerra Mundial en que se encontraba Rusia, avanzar en la construcción del socialismo.
Lo cierto que después de una larga discusión de los comunistas y los sóviets rusos, de aproximadamente 60 días, con un sector del comité central en contra, encabezado por Bujarin y Trotski, mayoritario en las primeras de cambio, Lenin logro derrotar a quienes se oponían a su tesis de la paz en el comité central de partido.
El tratado de paz fue firmado por Lenin el 3 de marzo de 1918. En él Rusia renuncio a los territorios de Finlandia Polonia, Estonia, Livonia, Lituania, Ucrania y Besarabia y Curlandia. Además, entrego otros territorios al Imperio Otomano. No obstante, para 1940 ya la Unión de República Socialistas Soviéticas, URSS, había recuperado la mayoría de los territorios cedidos en el Tratado de Paz de Brest-Litovsk.
En circunstancias distintas, en Venezuela, antes del 3 de enero, los dirigentes del gobierno vociferaban entre otras consignas las siguientes: “Si entran no salen”, “Aquí estoy, vengan buscarme. Los estoy esperando”, “dudar es traición”, “nuestro espacio aéreo, marítimo y terrestre es inexpugnable”, “Estamos listos, nuestro apresto operacional es infranqueable”. Con un lenguaje altisonante se vociferaba lo que no se tenía el apresto operacional.
Fraseología que no se exclamó en los inicios de la revolución de los soviets. En ese sentido, Lenin (1960) días antes de firmar tratado de paz, expreso en un discurso ante el Comité Central del partido: “Hay que prepararse para hacer la guerra, es inevitable, está en marcha, llegara. Pero había que aceptar la paz y no fanfarronear en vano” (p. 637).
Después de la agresión yanqui del 3 de enero, inédita, por cierto, las condiciones políticas en Venezuela han venido cambiando, son distintas a las del periodo inicial de la revolución de los Soviets. Hasta los momentos no se ha firmado, que se conozca, ningún tratado de paz y la entrega de determinados territorios a los Estados Unidos y si existe se mantiene oculto.
No se ha informado sobre ningún tratado escrito y refrendado por las partes que tengan que ver con las imposiciones y solicitudes de la Casa Blanca (Trump) sobre materia petrolera, jurídica minera y política. Solo se conocen los hechos que de manera progresiva se han sucedido y sobre ellos las especulaciones y análisis sobre la realidad actual del país.
Todo indica que la estrategia del Imperialismo hoy, esbozada en la nueva Doctrina de Seguridad Nacional de los EE. UU. es distinta a la estrategia de los imperios que obligaron a Rusia a entregar los territorios mencionados y a refrendar un acuerdo de paz anexionista y su trasplante mecánico a las condiciones actuales de Venezuela pareciera ser que no encajan. El imperialismo no es incauto, sus tanques pensantes siempre descifran la intención de sus súbditos, de sus adversarios.
En la doctrina precitada se puede precisar que sus estrategias políticas, económicas y militares tienen como objetivo estratégico relanzar su regreso y dominio a occidente, fundamentalmente a la América Latina. En ella establecen el parámetro “Por Cualquier vía”, bien sea la diplomática, económica o la coacción e intervención militar y amplían sus estrategias y afirman que no permitirán que sus enemigos exteriores Rusia China e Irán mantengan relaciones incómodas para los Estados Unidos.
Conclusiones.
1) La revolución de octubre, indistintamente denominada la revolución de los Soviets o revolución bolchevique, cuando Lenin firmó el Tratado de paz de Brest-Litovsk solo tenía cuatro meses en el poder, no pensaba en elecciones, ni transición, y en contraposición la revolución bolivariana, antiimperialista y socialista ya había cumplido 26 años en el poder.
2) El Estado de los soviets firmo el tratado de paz para prepararse para la guerra, mientras se desconoce si Venezuela ha firmado un tratado de paz o de tutelaje con los Estados Unidos.
3) El partido de Lenin en sus diferentes niveles de la organización discutió intensamente su estrategia sobre la paz anexionista y necesaria desde el inicio de su ascenso al poder, a diferencia de Venezuela se desconoce si el PSUV y el gobierno encargado han discutido y aprobado algún acuerdo sobre la táctica y estrategia que orientan los pasos a seguir después del 3 de enero de 2026.
4) El estado de los soviets captura el poder exactamente 12 meses antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, en contraste la revolución bolivariana al momento de producirse la agresión norteamericana ya había recorrido 5 quinquenios gobernando.
5) El gobierno y el Estado ruso después del tratado no fue tutelado por ninguno de los imperios enemigos y firmantes del acuerdo de paz. No obstante, avanzo en la construcción del socialismo soviético, constituyo un gran ejército para defender la patria, el 9 de mayo de 1945 entro a Berlín y fue el artífice de la derrota del imperio alemán, del nazismo, del fascismo, que lo demostró con el izamiento la bandera de Estado soviético en el edificio de Reichstag, o parlamento alemán.
6) Los territorios cedidos y anexionados por los imperios arriba mencionados y acordados en el tratado de paz de Brest-Litovsk, por la continuidad del poder soviético, fueron recuperados 20 años después por el mismo Estado Soviético. Mientras que, en Venezuela, lo que está en juego, la soberanía y la independencia tendrán que rescatarlas, si el imperio norteamericano lo acepta, las nuevas generaciones.
7) Con respecto a la relación de fuerzas políticas y militar, que tal vez es la conclusión más importante, tenemos:
I) Independiente de las fantasías y el romanticismo patriótico de la izquierda en el momento actual, la capacidad científica y tecnológica, al servicio de la producción de armamento militar de los EE. UU. es una de las mejores del mundo. Caso contrario Venezuela que no tiene ciencia ni tecnología para la producción armamento ni rudimentario ni avanzado, ni mucho menos tiene infraestructura industrial para su producción en masa.
II) En lo que se refiere al ejército nacional, es insignificante con respecto a la experiencia de combate del ejército y fuerzas militares especiales que tiene el agresor. Y la relación de fuerzas según datos conocidos es de 12 a 1.
III) A nivel del continente latinoamericano debemos tener claro que la relación de fuerzas desde la solidaridad es casi nula; a nivel de gobernantes cada quien está en lo suyo y desde hace mucho tiempo juegan a favor de los EE. UU. Cada gobierno juega a sus propios intereses y son en su mayoría lacayos del Imperio.
IV) en cuanto a Rusia China e Irán, no solo que están distantes de Venezuela, sino que tienen también sus propios intereses y conflictos con el propio imperialismo que agredió a Venezuela y permanentemente eluden un enfrentamiento militar con estados unidos. Entendible.
V) La estrategia de ganar tiempo. No existen indicios de que haya sido diseñada por el partido de gobierno todo indica que la militancia del PSUV en el devenir histórico no podrá sentirse culpable de que el “ganar tiempo” fracase o victorioso si “ganar tiempo” logra los objetivos de mantenerse en el poder, rescatar la soberanía y mantener la V república.
VI) Recordemos que el ejército venezolano no ha participado combate real convencional desde hace más de 200 años. No sabemos lo que es tumbar un avión de guerra, hundir un destructor o destruir un tanque de guerra, entre otras armas enemigas.
En resumen, con el debido respeto y reconocimiento de los intelectuales orgánicos mencionados en esta narrativa, las condiciones políticas, económicas, sociales y militares que existían en los primeros meses del triunfo de la revolución socialista bolchevique eran totalmente diferentes a la realidad venezolana en el momento de la agresión estadounidense del 3 de enero. Por consiguiente, trasplantar mecánicamente esa experiencia a la realidad venezolana sobre un supuesto falso puede ser un gran error político militar.
Referencia: Lenin, Vladimir (1960). Obras Escogidas. Editorial Progreso.