"La cortesía del opresor es siempre la antesala de una nueva emboscada”
La historia de las agresiones contra Venezuela ha mutado. Tras el reciente y arbitrario zarpazo contra la soberanía nacional (que el mundo observa con estupor bajo la figura del secuestro de la pareja presidencial), la administración de Donald Trump ha decidido cambiar el garrote por la lisonja.
De la noche a la mañana, los pasillos de la Casa Blanca y las redes sociales del Departamento de Estado se han inundado de "piropos imperiales" dirigidos a la Presidenta Encargada, Delcy Rodríguez.
El objetivo mediático es quirúrgico: posicionar la falsa matriz de que el Gobierno Bolivariano ha sido "domado". Al emitir frases cariñosas y valoraciones positivas sobre la gestión de la Presidenta Encargada, Washington busca proyectar una imagen de tutela.
Esta técnica de cooptación simbólica pretende transformar una mesa de negociación necesaria en una supuesta capitulación. Es el viejo truco del cazador que elogia la elegancia de la presa mientras intenta cerrar la jaula.
Lo que la mediática transnacional intenta ocultar es la realidad de un esquema ganar-ganar. Venezuela, a pesar del asedio y del secuestro de sus líderes, mantiene una posición de dignidad basada en el Derecho Internacional.
Las negociaciones petroleras actuales no son una rendición; son el ejercicio de la soberanía económica. Para Venezuela, es la ruptura del bloqueo financiero y la recuperación de recursos para el pueblo.
Por ello, el gobierno estadounidense prefiere disfrazar la necesidad mutua del "negocio petrolero", utilizando el elogio como una cortina de humo para no reconocer que su política de "máxima presión" fracasó frente a la resiliencia institucional de la República.
Debemos ser categóricos: no hay piropo que lave la mancha del secuestro político. Mientras Washington utiliza adjetivos elogiosos para referirse a la Presidenta Encargada, mantiene cautivos a líderes fundamentales de la Revolución en una clara violación a la Convención de Viena y a los principios más elementales de la soberanía nacional.
El reconocimiento que hoy pregonan es, en realidad, un intento de neutralizar la denuncia internacional sobre el secuestro. Si "se llevan bien" con la Presidenta, entonces el conflicto "está resuelto" ante los ojos de la opinión pública internacional. Es una jugada maestra de cinismo político.
Venezuela sigue de pie, negociando con firmeza pero sin conceder un milímetro de su dignidad. Que los piropos se queden en la Casa Blanca; aquí en la tierra de Bolívar, lo que importa es el respeto a nuestra autodeterminación y el retorno inmediato de quienes han sido injustamente arrebatados de su suelo.