La medicina neoliberal i la medicina del socialismo algunos comentarios

Me tocó conocer en el tiempo, una medicina tradicional que no era la que impuso el neoliberalismo, durante las décadas de la dictadura de partidos. Conocí del ejercicio profesional de mi padre i de anteriores a él, quienes ejercían una medicina humanitaria, desprovista de afán de lucro, compenetrada con el sufrir ajeno i en gran parte domiciliaria. Creo que mi padre que se graduó en 1906 (estaba en 4º año en la U. del Z. cuando la cerró Castro) en Caracas, ejerció junto a Adolfo D’Empaire, Belloso Chacín, Soto González, Leonidas Guijarro, Marcial Hernández, Quintero Luzardo, etc., muchos de los que asistieron al Segundo Congreso de Medicina de Venezuela, celebrado en Maracaibo, en 1918. Les tocó andar a caballo para los domicilios, una medicina familiar i sin distingo de clases. Cuando ya había vehículos i se tenían consultorios, recuerdo que papá atendía como hasta las 6 de la tarde i al salir, a veces iba haciendo domicilios hasta las 11 de la noche, muchas consultas gratis, igual que en el consultorio. Los casos difíciles, obligaban a juntas médicas i los honorarios, lo suficiente para vivir. Conservo un récipe de Belloso Chacín, referido a papá, donde le dice: Juancho, allí te envío los 100 bolívares de la ayudada de cesárea que realizamos. De esto podría escribir muchísimas cosas i no había distinción de pacientes selectos i ricos, o pobres sin pagar nada; la dedicación era igual. Un dicho común entre ellos era (algo que le escuche a Adolfo Pons, a Hernández D’Empaire i muchos profesores nuestros, era decir: la profesión médica no es para hacerse rico; es además, mui sacrificada. Quien desee hacerse rico dedíquese a los negocios, pero la medicina es un apostolado. De igual modo vi ejercer a quienes fueron mis profesores, incluyendo a mi hermano mayor Armando ya fallecido. I así la ejercí yo; donde trabajé más a gusto fue en el Seguro Social i siempre dije que me gustaría un país donde el Estado me pagara un sueldo i no tener que cobrar. Eso le contestaba a mis alumnos en la Facultad de Medicina, donde di clases por 33 años. Cuando me preguntaban: doctor ¿Qué ha sido lo más difícil para usted, en la profesión? Siempre respondí: cobrar; i cuando las pacientes me pedían un presupuesto les decía: yo le señalo mis honorarios; presupuestos hacen las clínicas. I así ejercimos mi promoción i muchas más que siguieron, hasta que el morbo del hacer dinero, contaminó todo. Empezó la influencia norteamericana i el neoliberalismo. Ser un gran médico era aparentar riqueza en el vestir, el automóvil, el consultorio, las secretarias que cobran por adelantado, i ¡los honorarios! Entre más caras las consultas, mayor “caché” i mejor médico. Las primeras clínicas se concibieron para bienestar, comodidad i seguridad de los pacientes i naturalmente, para uno mismo. De ese estilo fueron la Clínica Amado, la D’Empaire i la Paraíso. Ya hace unos 25 años atrás, apareció un libro firmado por J.L.Martin, titulado LOS DOCTORES, donde acusaba que en los Estados Unidos se hacía, para aquel tiempo, más de 10.000 intervenciones al año, sin indicación alguna sino por cobrar i se pintaba la terrible comercialización de la medicina norteamericana; mientras los libros i estudios de Obstetricia decían que penas un 4,5% de embarazos se veían forzados a terminar en cesárea, en Nueva York subía al 26% i los cobros eran escandalosos. Todo era negocio i hasta se cobraba muchísimo por maquillar cadáveres al gusto de sus deudos. I al iniciarse la medicina nuclear, como se dijo al principio, i aparecieron los tomógrafos, los ecogramas, los aparatos de control cardiovacular especializados, los cintilogramas, los electroencefalogramas especiales con distintas estimulaciones, las consultas perdieron en el valor de la historia, la relación médico paciente, i sobre todo la CLÏNICA i el estudio profundo de la Semiología. Apenas se hablaba al paciente, se le tocaba i se le ordenaban exámenes de laboratorios complicados i exámenes en aparatos electrónicos fabulosos, hasta lo que vemos hoi como cotidiano: tomografía computarizada, resonancia magnética, etc., etc. Los costos de una consulta subieron apuntando al medio millón i las operaciones en millones i millones. Una medicina solamente para ricos i para los que tuviesen seguros de vida, también millonarios. De allí vino un chiste. Llega una viejita a un consultorio i el médico le pregunta: Vamos a ver, ¿Qué tiene mi señora? Ella atribulada le contesta; ¡Doctor sólo tengo una casita! No señora, qué es lo que siente…i enseguida: ¡Doctor, que me la vaya a quitar! I un Hospital de Maracaibo que ahora pasó a manos de PDVSA, la gente decía que debía poner un letrero al frente que expresara: ¡MUÉRASE, PERO NO SE ENFERME! Allí en ese hospital trabaja, es verdad, un grupo maravilloso de profesionales de la medicina; los mejores servicios se han formado allí, pero el hospital ha estado administrado por comerciantes, últimamente por una empresa francesa o de franceses que lo toman como eso: una empresa para producir ganancias i ello ha obligado a los profesionales a encarecer sus servicios. PDVSA debe preservar a ese grupo de excelentes médicos que quieran continuar donde han trabajado toda la vida. Entonces, aunque una buena administración es necesaria para todo, se cae en vicios terribles i en faltas gravísimas a la ética, no de los médicos, sino de las especificaciones administrativas del hospital.

Voi a dar un ejemplo con un caso que me indignó, i quiero deshogar el sentimiento. Tuve un amigo que tenía una editorial, donde publiqué algunos de mis libros. Omito su nombre i su gentilicio, porque ya murió i no le dije de referir su tragedia. Este señor era un perfecto caballero, decente, de excelente cultura i con una bella familia. En una ocasión, un hijo, empresario también, trabajador honesto i excelente persona como su padre, sufrió un accidente cerebro vascular o ACV que obligó llevarlo por amigos, de urgencia, a ese hospital. Inconsciente fue colocado en una camilla de la emergencia sin atenderlo en nada, hasta que consignaran en administración, un depósito de 8 millones. Se enteró del problema una hermana i un alto empleado de la editorial; corrieron al hospital i depositaron 4 millones entre dinero i tarjetas de débito o de crédito i, sin embargo no lo atendían hasta completar los 8 millones. Localizado su padre, el amigo que en la funeraria me refirió todo, llegó a la administración del hospital i depositó un cheque por los otros 4 millones, pero no lo atendían (entonces le colocaron un suero) ni llamaron al especialista, ¡Porque no habían confirmado todavía el cheque! Cuando unas tres horas después empezaron a prestarle la atención requerida, ya era tarde i falleció prácticamente si hacerle nada. Apenas tenía 47 años i era una persona alta i atlética, cuya tragedia cayó en la familia como un misil. El amigo adolorido, murió al poco tiempo i la familia se sumió en la pena. ¿Es concebible una monstruosidad semejante? Pues como vemos sí, pero quienes logran el desprestigio son los enfermeros i enfermeras i quizá algunos médicos. Los que administran i dan esas órdenes, son ilustres desconocidos.

Por eso, la medicina del Socialismo tiene que ser distinta. Comenzada como una misión por la urgencia de atender al pueblo, ya sabemos del éxito de la Misión Barrio Adentro, gracias al aporte maravilloso de los médicos cubanos, así como las etapas que se han ido agregando hasta llegar a B.A.III i estar a las puertas de los Hospitales (B.A.IV) para dotarlos completamente con tecnología especializada i médicos venezolanos que se han incorporado al proceso i esperan una Lei de Salud que termine por establecer una atención de Salud Integral. Creo que ha sido uno de los mejores logros, esos cursos de post-grado de Medicina Integral, que convierte al médico general en uno de los mejores especialistas para la atención del pueblo, o sea una medicina integral, comunitaria, gratuita, de alta calidad científica i sobre todo, humanista. Eso merece otros artículos extensos, lo que representa el mejor programa de Salud, de Medicina Preventiva i Social, que rompa el antiguo círculo económico i social de la tradicional; por una parte con el auge i la tecnificación de la medicina curativa con Hospitales bien dotados, pero sobre todo con una medicina o preventiva i social, menos costosa i que prevenga enfermedades. Eso lo prediqué hace años en mi cátedra de Sociología Médica i luego en la que fundé, de Ética Médica. Por una parte sería la felicidad en salud del pueblo, porque el pensamiento de Bolívar respecto a la educación es válido aquí: “un pueblo enfermo, es instrumento ciego de su propia destrucción” i la Revolución Bolivariana, orienta el futuro de la patria, con esos dos aportes en la vida social: salud i educación de óptima calidad. Socialismo del siglo XXI, pues otro mundo mejor, es posible.

robertojjm@hotmail.com


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Roberto Jiménez Maggiolo


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