Sin control directo de las bases, la contrarrevolución penetraría el PSUV

La incorporación sin control de militantes de cualquier tendencia ideológica al Partido Socialista Unido, sin que haya mecanismos confiables de selección previa, podría causar graves daños a la revolución bolivariana ya que sería penetrada y debilitada desde adentro por los sectores de la contrarrevolución, obstruyendo la construcción del nuevo socialismo en nuestro país, de una manera similar a lo hecho en el pasado por la mano todopoderosa de “don” Luis Miquilena, el patriarca que controló las riendas del MVR y de algunas instancias del Estado, como el Poder Judicial, haciendo de éstos meros instrumentos del oportunismo y de la traición, como se evidenció durante la crisis mediática de abril de 2002. Es importante rememorar lo ocurrido en el pasado, al decidirse en Valencia en 1997 dejar la estructura que diera origen al Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200) para convertirla en lo que pasó a llamarse desde entonces el Movimiento V República (MVR), con todas las consecuencias que implicaba abandonar dicha estructura, nacida en la clandestinidad y con objetivos precisos, además de lo vivido en otros partidos políticos del proceso revolucionario (incluidos los de larga tradición de lucha y con una ideología definida, como el Partido Comunista de Venezuela), que demostraron no estar adecuados a las exigencias impuestas por el dinamismo revolucionario exigido y promovido por las masas populares, sobre todo en lo que respecta al cambio estructural y a la transferencia del poder y de la toma de decisiones al pueblo, limitándose tan sólo a la conquista de cuotas de poder en Ministerios, Asamblea Nacional, Gobernaciones y Alcaldías. Tal situación debiera alertar a todos los revolucionarios de buena fe, de convicción y de formación, especialmente de aquellos que están insertados o involucrados en las bases populares, ya que de ellos dependerá en gran medida que se pueda dar un vuelco al cien por ciento a lo que es el proceso revolucionario bolivariano en la actualidad.

En este caso, es imperativo que las mismas bases militantes del PSUV no estén contaminadas de clientelismo, sectarismo ni dogmatismo. Ellas son las llamadas a establecer los filtros indispensables que impidan esta penetración contrarrevolucionaria que se anticipa en todo el país, siendo una de sus primeras tareas la de ser cuidadosas a la hora de admitir como militantes a individuos, cuya conducta es totalmente opuesta a los fundamentos esenciales del proyecto revolucionario, los cuales sólo tratan de sobrevivir políticamente, asegurar su bienestar económico y conquistar el poder por el poder, sin parar mientes en lo sienta, espere y haga el pueblo revolucionario. De ellos existe una variada gama que, no sólo por ingresar a las filas del PSUV y decirse bolivariano, revolucionario o chavista, demuestran que han experimentado un cambio de mentalidad, ajustada a la revolución socialista que promueve Hugo Chávez en Venezuela. Es fundamental que se produzca una definición ideológica que tamice la incorporación de estos nuevos “revolucionarios”, ya que se seguiría manifestando la misma acción reaccionaria y oportunista de derecha del miquilenismo, volviéndose a la situación parecida a la que originó el 11 de abril de 2002, con un beligerancia oposicionista y la confabulación de unos cuantos traidores. Podría asumirse que ya ello está ocurriendo con la designación a dedo de algunos propulsores del PSUV, sin embargo, hay indicios que dan a entender que este primer tropiezo podría subsanarse más adelante mediante la acción decidida de las bases populares, en oposición a los designios y artimañas de las mismas cúpulas que dominaron a los partidos políticos disueltos por exigencias de Chávez.

La conformación del PSUV es de vital interés para deslastrar al proceso revolucionario bolivariano de todos los vicios reformistas heredados de la denominada cuarta república. Aunque no es, como algunos lo pregonan, la panacea para acabar con las divisiones existentes en las filas del chavismo, sí puede contribuir a dotar al proceso revolucionario de un instrumento capaz de generar el cambio estructural y prefigurar, de algún modo, el poder popular directamente ejercido por las masas. Esto, sin embargo, implica entender que así como le ocurrió al MVR, el PSUV debe cumplir un ciclo de vida predeterminado, ya que sería un contrasentido, negador de la democracia revolucionaria y, lo que es más, del socialismo como medio para promover los cambios económicos, sociales, políticos y culturales que se desean para acceder a una Venezuela radicalmente diferente. De ahí que sea imperativo problematizar, en el buen sentido de la palabra, lo que sería este PSUV y su necesidad histórica, coyuntural o no, para apuntalar firmemente el proceso revolucionario bolivariano, de modo que el viejo paradigma de los partidos tenga, también, su hora final en nuestro país, como ocurre con otros paradigmas que están siendo rotos aún cuando no se tenga plena conciencia de ello.-


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Homar Garcés


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