Jesús con nosotros

Era jueves por la noche. La soldadesca romana llega al sitio donde se encontraba el acusado de sedición. De inmediato, sin fórmula de juicio alguna, es detenido al igual como lo ordena hacer el Caifás que hoy gobierna en tierras de Miraflores.

Jesús está generalmente callado y no responde a las acusaciones, como lo hacen hoy estoicamente todos nuestros presos políticos, ante las torturas y presiones a las que son sometidos en los cautiverios del terrorista que hoy nos gobierna.

Las principales acusaciones contra Jesús fueron de naturaleza religiosa y política. Se le acusó de blasfemia por afirmar ser el Hijo de Dios. Además, fue acusado de sedición al ser considerado una amenaza para el poder romano al proclamarse Rey de los Judíos, lo cual era interpretado como un desafío al dominio de Roma.

Hoy en tierras venezolanas, el Fiscal de las Causas inventadas,  persigue y acusa de Magnicidio y Terrorismo a todo el que ponga en peligro el régimen de terror impuesto desde Miraflores.

Jesús les responde a sus esbirros: “Yo he hablado abiertamente al mundo. Siempre he enseñado en las Sinagogas o en el Templo, donde se congregan todos los judíos. En secreto no he dicho nada. Por qué me interrogas a mí. ¡Interroga a los que me han oído hablar! Ellos deben saber lo que dije.

Quienes son perseguidos hoy bajo la férula del terror del que se cree Emperador, asumen la misma actitud de valentía de Jesús, porque ellos hablan por los que el pueblo dice en las calles de la Venezuela aterrorizada por el Centurión que hace de ministro de la defensa y los Sanedrines del Tribunal Supremo de Justicia.

Está amaneciendo el viernes y a Jesús ya le han incoado un juicio tan amañado como los impulsados aquí en Venezuela por el poder judicial que ampara los delitos de Lesa Humanidad cometidos por el gobierno.

Los juicios de Jesús representan la máxima mofa a la justicia universal. Jesús, el hombre más inocente en la historia, fue encontrado culpable y sentenciado a morir por crucifixión. Los Juicios impuestos por Maduro a venezolanos de bien, son tan despiadados como los realizados al mismo Jesús que hoy anda con nosotros.



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Douglas Zabala


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