“Escuela de cuadros” sin “cuadros”, y la lógica del capital

Los fanáticos anti cubanos y anticastristas confunden el mal gobierno capitalista de Maduro con el socialismo, lo hacen obedeciendo los mandatos y prejuicios anticomunistas de los Estados Unidos, son su  voz. La contracara de los fanáticos anticastristas y antichavistas, paradójicamente son los militantes del PSUV. Ellos también confunden el mal gobierno capitalista de Maduro con el socialismo. A todas estas, ¿para qué sirve esa “escuela de cuadros” apoyada por el gobierno, que no produce cuadros políticos capaces de detectar los desvíos ideológicos del gobierno y sus excusas para asociarse con el capitalismo?, ¿qué tan socialista es la militancia, y en particular la juventud, del PSUV? Por la “escuela de cuadros” no han pasado, y si  lo hicieron, esa escuela no sirve para reproducir una revolución socialista,  cuando mucho servirá para formar habladores de gamelote.

No hay un solo joven en el PSUV que sea un verdadero “cuadro” político marxista. Y si pasó por la “Escuela de Cuadros”, quedó para hablar como Jesús Farías, usando un marxismo rancio, sin el oxígeno de la realidad, hablando de revolución en el medio de las mayores contradicciones de sus vidas,  defendiendo un gobierno capitalista con herramientas teóricas corroídas por la inutilidad.

La militancia del PSUV o de cualquier partido clientelar viene de familias lumpen marginales, sin ninguna consciencia de clase. La consciencia de clase se adquiere en familias con una base moral fuerte, solidarias e incapaces de robar a sus iguales o por razones mezquinas, o salvarse de la miseria sobre el fracaso de otros de su mismo grupo social: el hijo de una maestra que se roba los lápices de su compañeros, la enfermera que se roba las dotaciones de su hospital para venderlos, el mecánico que estafa a sus clientes con repuestos usados,… hasta llegar a los militantes, que se aprovechan de sus responsabilidades para lucrarse con el dinero de otros o de todos, clientes de un partido político o devenidos de un sindicato.

La educación familiar juega un papel importante en la formación de la conciencia de clase, pero justamente es esa educación la que falla en esta sociedad, contaminada de egoísmo y desprecio por lo que es común, por lo que pertenece a todos. Casi nadie es capaz de indignarse por el mal ajeno, casi nadie respeta y cuida su ciudad, es capaz de ayudar a un vecino en desgracia, la mayoría de las personas se rinden ante la indiferencia, hasta llegar a usar las desgracias ajenas para provecho propio. Tener conciencia de clase es estar conscientes de esta realidad, poder diferenciarla de los buenos deseos solo declarados, las peticiones y oraciones a “su diosito”, como un buen hipócrita cristiano (casi siempre el lumpen marginal es un devoto cristiano, convencido de que Dios, en su particular misericordia, lo ayuda para que le salgan bien sus trapicheos)… La verdad es que adquiriendo consciencia de clase, la mitad del trabajo de la revolución social socialista está hecho.

Dentro de las historias morales de Che Guevara se cuenta que al inaugurar la fábrica de bicicletas Heriberto Mederos de Caibarién uno de los directores de la fábrica lo quiso halagar regalándole unas bicicletas para sus hijos, a lo cual el Che le respondió preguntándole si esas bicicletas que le regalaba eran suyas, “– ¿No?, entonces usted no tiene que regalar una cosa que no le pertenece, cuando yo tenga dinero para comprarlas, se las compro a mis hijos, las pagaré de mi dinero”. No obstante Maduro, en una sola noche regaló una camioneta de forma demagógica a un pícaro oportunista que se quejaba de la desgracia de haber perdido la suya, y a la vez mandó a que le  repararan la dañada; este es un buen ejemplo de falta de conciencia social, cuando  por razones personales nos aprovechamos de lo que pertenece a todos como sociedad.

La corrupción siempre es moral, en su base está la lógica con la cual funciona el capitalismo: la lógica del egoísmo material y de aprovecharse de lo público, de lo que pertenece a toda la sociedad, valiéndose de cualquier medio, inventando leyes o saltándose las que ya existen. En sí mismo, el capitalismo es la mayor expresión de corrupción moral, se erige sobre el  robo y la mentira. Es por eso que, en una sociedad donde se estimula el esfuerzo personal para “superar la miseria” de forma individual y egoísta, indiferente al  fracaso del resto de la sociedad, se crían  corruptos, pícaros, aprovechadores del esfuerzo ajeno y social, oportunistas;  ¡jamás socialistas!,  niños y jóvenes solidarios, respetuosos, preocupados por el bienestar de sus compañeros y de la comunidad. Cuando se estimulan los llamados “emprendimientos” sobre la solidaridad y el trabajo social cooperativo, se estimula el robo, el  egoísmo, la mentira y la pacatería cristiana pequeñoburguesa,  mujeres y hombres pidiéndole a Dios para que sus mentiras y trampas sean convertidas a los ojos de la sociedad en verdad y trabajo honesto. Un verdadero trabajador honesto jamás se hará rico y exitoso en medio de la lógica del  capital, la cual enseña a triunfar al más pobre sobre la ruina de sus semejantes, del hermano, del vecino, indiferente a sus desgracias, estimula a pelearnos unos con otros. El robo, la guerra y la mentira es la lógica del capital.

El socialismo es llevar una vida con una moral elevada, fijada en el  bienestar social, y en la permanencia de nuestra especie y la vida en la tierra.  



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Marcos Luna

Dibujante, ex militante de izquierda, ahora chavista

 marcosluna1818@gmail.com

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