¡Proletarios de todos los países, uníos!

La frase que da título a este artículo es la que cierra el Manifiesto del Partido Comunista, obra de Karl Marx y Friedrich Engels publicada por primera vez en 1948, y constituye un apretado resumen de la estrategia revolucionaria que plantearon estos dos trabajadores del pensamiento para la clase obrera, a mediados del siglo XIX. Y cuando evocamos aquel documento, no podemos sino retomar uno de los núcleos del pensamiento marxista: la lucha de clases como motor de la historia de la sociedad humana.

En mi opinión, en Venezuela se ha generalizado la historiografía de inspiración griega, propia de la edad antigua. Esta expresión promueve una historia que se fundamenta en héroes esclarecidos, gloriosas batallas, inspiradores mitos y glamorosas leyendas. Yo prefiero la historiografía que comencé a conocer a mis once años, cuando me incorporé a la Juventud Comunista. No soy marxista (Marx tampoco lo era), pero sigo pensando que no se ha presentado ningún método más asertivo para abordar el devenir de la sociedad humana que el materialismo histórico, propuesta de Marx y Engels.

Los dos alemanes no descubrieron la existencia de la lucha de clases. Muchos trabajadores del pensamiento se habían percatado antes de ella. Ya en 1531 Nicolás Maquiavelo, en su obra Discursos sobre la primera década de Tito Livio, escribió: "Yo digo que quienes condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, y que se fijan más en los ruidos y gritos que nacían de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron. En toda República hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión de ambos". Ya el diplomático y escritor florentino se adelantaba a Marx al menos en dos ideas: la existencia de la lucha de clases y su carácter de motor de la historia.

El método del materialismo histórico toma como dato predominante la existencia de la lucha de clases en su desarrollo. Cualquier análisis de la historia que no se fundamente en la lucha de clases ha de llegar a conclusiones falsas. Para la historiografía de raigambre griega, en la Guerra de Independencia americana triunfaron los héroes y el pueblo, y fue derrotado el Imperio español. Para el materialismo histórico triunfó la oligarquía latifundista criolla y hubo derrota del imperio español, sí, pero también del pueblo pobre. En el caso de Venezuela, apenas 18 años después de la muerte de Bolívar como migrante abandonado de los suyos, empezó otra guerra, la Guerra Federal, donde una vez asesinado Zamora, triunfó una vez más la oligarquía y perdió el pueblo pobre, el campesinado, que siguió aherrojado por las cadenas del poder económico y sus representantes.

En el mundo de hoy se ha agudizado la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, pero el carácter de las clases y el de la lucha, así como la situación de las fuerzas de producción, y la relación entre ellas, han cambiado. La posibilidad de estos cambios ya fue avizorada por Marx y Engels en el prólogo de la edición alemana del Manifiesto de 1872: "Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes…".

Debo decir que, aunque asumo la propiedad del materialismo histórico como método, ello no implica que comparta las visiones prospectivas de Marx y Engels, sobre todo en dos afirmaciones puntuales: 1) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado y 2) que esta dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases. Estas dos aseveraciones están lejos de ser demostradas, aunque esto no niega que puedan serlo en el futuro. ¿Fueron tales aseveraciones producto de los rezagos utópicos en el pensamiento de Marx y Engels? En todo caso, tal deformación, si acaso la hubiere, no desacredita el método del materialismo histórico, pues este no se usó para proponer hipótesis futuristas y subjetivas, Tampoco clausura, por supuesto, la lucha de clases, que se hace cada vez más evidente y se profundiza cada vez más.

La agudización de la lucha de clases se evidencia por doquier, aunque no se proclame así ni haya conciencia de ella, ya que la existencia de esa lucha inevitable es independiente de la conciencia humana. Esta agudización se hace palpable con el crecimiento de la desigualdad en el mundo. Según un informe de Oxfam publicado el 16 de enero de 2023, el 1 % más rico ha acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada desde 2020 a nivel global (valorada en 42 billones de dólares), casi el doble que el 99 % restante de la humanidad. Durante la última década, el 1 % más rico ha capturado alrededor del 50 % de la nueva riqueza. Gabriela Bucher, directora ejecutiva de Oxfam Internacional afirma que

"Mientras la gente corriente hace sacrificios diarios en lo esencial como los alimentos, los súper ricos han superado incluso sus sueños más osados. Tras solo dos años, la presente década ya se perfila como la mejor hasta la fecha para los milmillonarios: una década dorada de bonanza económica para los más ricos del mundo".

La riqueza de los milmillonarios ha aumentado a un ritmo desconcertante. Desde 2020, con la pandemia y la crisis del coste de la vida, el 1 % más rico acaparó 26 billones de dólares (el 63 % de la nueva riqueza generada), mientras que tan solo 16 billones de dólares (el 37 %) llegaban al resto de la población mundial. Por cada dólar de nueva riqueza global que percibe una persona perteneciente al 90 % más pobre de la humanidad, un milmillonario se embolsa 1,7 millones de dólares. La fortuna de los milmillonarios ha crecido a un ritmo de 2.700 millones de dólares diarios

Como el informe revela, 95 grandes empresas de energía y de alimentación han más que duplicado sus beneficios en el 2022. Generaron unos beneficios extraordinarios por un total de 306.000 millones de dólares, y destinaron 257.000 millones de dólares (el 84 %) a remunerar a sus ricos accionistas. La dinastía familiar Walton, propietaria del 50 % de la multinacional Walmart, recibió 8.500 millones de dólares de dividendos a lo largo del año pasado. Solo en 2022, la riqueza del milmillonario indio Gautam Adani, propietario de grandes compañías energéticas, se ha incrementado en 42.000 millones de dólares (un 46 %). En Australia, Estados Unidos y el Reino Unido, estos enormes beneficios empresariales han contribuido como mínimo al 50 % del crecimiento de la inflación. Según el Banco Mundial, podríamos estar ante el mayor incremento en la desigualdad entre países y la pobreza desde la Segunda Guerra Mundial. Y de acuerdo a esta misma fuente, en 2020 la pobreza extrema creció por primera vez en 25 años. Al mismo tiempo, la riqueza extrema ha aumentado drásticamente desde el inicio de la pandemia.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó el 14 de julio de 2023 un nuevo informe en el que señaló que, entre 2020 y 2023, 165 millones más de personas han caído debajo del umbral de pobreza.

El mundo tiene hoy 165 millones más de personas pobres que hace tres años. De ellos, 75 millones se encuentran en extrema pobreza. Así lo indica la ONU en el informe de este año denominado "El costo humano de la inacción: pobreza, protección social y servicio de la deuda".

La ONU resalta que todos los 165 millones de personas adicionales en situación de pobreza se encuentran en países de ingresos bajos o medianos bajos. De hecho, la desigualdad entre los países presenta un panorama parecido a la que se evidencia entre las personas.

En esta situación de ensanchamiento de la brecha entre la burguesía monopolista y el proletariado, y demás sectores oprimidos y explotados, el mundo se encuentra en medio de una crisis multidimensional, un caos que parece haber entrado en un callejón sin salida. Ante esa realidad me he preguntado: ¿por qué la variopinta fauna progresista latinoamericana ha clausurado en su discurso el concepto de la lucha de clases? Para mí la respuesta es obvia: porque no es un movimiento revolucionario, sino reformista. Su verdadero objetivo, no declarado y no sé si consciente, no es derrocar al capitalismo, sino contribuir a su adaptación a las nuevas circunstancias del mundo.

Lo que el progresismo llama "pueblo" es una entidad difusa, útil a la narrativa demagógica y a las apetencias de poder de una élite política de "izquierda" que representa a sectores de la burguesía y a la nueva burguesía en que ella va constituyéndose, apoyándose a su vez en una pequeña burguesía ascendente conformada por funcionarios y burócratas altos y medios que absorben parte de la plusvalía que se les expropia a los trabajadores de base. Lo que el progresismo llama "unidad" no es la unidad del proletariado y otras clases explotadas, sino la alianza con sectores de la burguesía, a la cual se suman sectores de la pequeña burguesía y de la aristocracia obrera, que también medra de la explotación de la masa trabajadora. La verdad es que nuestras sociedades están profundamente divididas, escindidas, y la división principal es la misma que señalaron Marx y Engels en el Manifiesto, aquella que existe entre el capital y el trabajo, entre la burguesía y el proletariado, este último engrosado por una masa cada vez más amplia de personas de las clases medias empobrecidas, proletarizadas.

Las manifestaciones de la lucha de clases a menudo se presentan de manera sui generis. Una muestra de ello es la victoria electoral de Javier Milei en Argentina, que se apoyó en las clases medias, pero también en una parte importante del proletariado. Muchos de los argentinos que votaron por Milei lo hicieron como una forma de expresar su rechazo a una izquierda empoderada, corrupta, ineficiente y mentirosa. Fue una reacción contra representantes políticos de sectores de la burguesía aliados a la burocracia oficial que ha defraudado al pueblo trabajador de base y a las clases medias proletarizadas. Las victorias frecuentes de la "antipolítica" (que no es tal, por supuesto) obedecen a una situación en la cual las clases explotadas no quieren lo que tienen ni tienen lo que quieren, pero igual y lamentablemente no saben lo que quieren. Defraudadas, explotadas, despreciadas, engañadas por lo cantos de sirena de una izquierda falsaria y de una derecha que es puntal del fracaso capitalista, le lanzan piedras a la luna y caminan a ciegas buscando la luz al final del túnel, que ni siquiera saben dónde está.

El título de este artículo asoma lo que, en mi opinión, sería la única vía para conjurar la crisis múltiple que conduce al colapso civilizatorio: el alzamiento general y universal del proletariado y otras clases explotadas contra la burguesía, con la intención no de reformar el capitalismo, sino de derrocarlo. Sin embargo, no soy para nada optimista en ese sentido, ya que pareciera no haber las condiciones para que tal portento ocurra ni el tiempo para que tales condiciones maduren. Por ello en artículos anteriores me he definido como colapsista y pesimista, y esto sigue siendo así. Creo que el colapso de la civilización fracasada, cuya expresión superior es el capitalismo, resulta ya inevitable, pues a la crisis general multidimensional política, socioeconómica y cultural, se suman los estragos del cambio climático, que continúa su avance indetenible y acelerado (estoy preparando un artículo sobre el fracaso de la reciente COP28 en Dubái). No obstante, me uno a los planteamientos generales de la corriente del marxismo colapsista, aunque no concuerdo con todas sus conclusiones.

Aclaro de una vez que el marxismo colapsista no es alguna curiosidad o un invento de la CIA (argumento caro al "progresismo" para descalificar o reprimir sin fórmula de juicio a los disidentes), sino un movimiento estructurado, sobre todo en torno a la página Web marxismoycolapso.com. Sus planteamientos han desatado un debate actual del que participan importantes académicos y pensadores, algunos de los cuales se identifican como marxistas de diversas tendencias, tales como Noam Chomsky, Miguel Fuentes (representante del marxismo colapsista), Guy McPherson (científico climático norteamericano), John Bellamy Foster (fundador de la ecología marxista contemporánea y actual editor de Monthly Review), Yanis Varoufakis (economista marxista y ex ministro de economía de Grecia) y Max Wilbert (referente de la organización internacional eco-radical Deep Green Resistance).

En la página marxismoycolapso.com puede leerse que "El Marxismo no tiene más de una década para realizar una renovación completa de su teoría y marco estratégico-programático para prepararse ante el cataclismo ecológico civilizatorio que alterará pronto, de raíz, la propia dinámica de la economía, la política y la lucha de clases mundial... esto hasta producir su derrumbe definitivo… ¡El Marxismo debe prepararse para un cataclismo histórico inevitable de envergadura geológica... o morir!".

Y también, en el mismo portal: "La Revolución ha muerto. El Socialismo moderno ha fracasado… y el comienzo de una era post-moderna de colapso civilizatorio y derrumbe social planetario es inevitable. Tal como en el caso de una enfermedad mortal imposible de detener, nada puede impedir este pronto desenlace. Ni la globalización económica, ni la tecnología o la planificación socialista de la economía pueden ya evitar lo que, si se tiene en cuenta la real gravedad que poseen las actuales crisis ecológica y energética, se presenta hoy como ineludible: el pronto colapso de la sociedad contemporánea". Y así mismo: "Es precisamente para el desarrollo de estas y otras discusiones que nace el sitio web Marxismo y Colapso, teniendo como uno de sus objetivos principales constituir un espacio de información y debate con relación a los problemas existenciales (inmediatos) a los cuales se enfrenta actualmente nuestra especie y la civilización". No podía faltar en esta página el vanguardismo marxista (afán de dirigir a las masas): "Marxismo y Colapso defiende además la necesidad de un nuevo marco estratégico marxista ante el inevitable fenómeno de colapso civilizatorio y extinción humana que ya ha comenzado a avizorarse en el horizonte histórico (…) Marxismo y Colapso se plantea como un espacio para el desarrollo de los jalones teórico-programáticos necesarios para el impulso de un marxismo nuevo: es decir, dotado de un nuevo programa, una nueva teoría y una nueva práctica política para la revolución, adaptada para la nueva era histórica".

Este vanguardismo clásico que afecta al marxismo colapsista dibuja la frontera entre este movimiento y este que está aquí, o sea yo. Las vanguardias de izquierda, incluidas las marxistas, han fracasado en su intención mesiánica, pero siguen sin poder eludir su vana intención de salvar a la humanidad. Todas las utopías, incluida la utopía marxista, se han construido con base en alguna acción colectiva que siempre ha dependido de un individuo o de un grupo esclarecido. Cuando Marx prefiguró el nuevo régimen que vendría después de derrocada la burguesía, habló de DICTADURA DEL PROLETARIADO, pero todos los intentos se han conformado bajo la dirección de grupos de la pequeña burguesía, provenientes de estratos académicos, militares o de políticos profesionales. Ningún pueblo oprimido ha llegado a ejercer el poder efectivamente. Esta pequeña burguesía termina convirtiéndose en un nuevo tipo de dictadura, es decir en un régimen en el cual todos los dictados provienen de ella y el pueblo pasa a ser un instrumento de su poder. Esto no puede terminar sino en una versión del capitalismo, bien capitalismo de Estado, bien capitalismo a secas, ya que esa pequeña burguesía tiende a enriquecerse como subsidiaria del capitalismo que es, salvo cuando el capitalismo la empobrece.

A pesar de todo lo dicho, es más probable que la supervivencia de la especie humana dependa del pueblo pobre, del proletariado, que de la gran o la pequeña burguesía. Me explico: el concepto "conciencia de clase" es discutible. Aunque es frecuente que el proletariado apoye las ideologías que le ofrecen redención, esto lo hacen más por necesidad que por la asunción real de una ideología en particular o por lo que se llama su "rol en la historia". El pueblo pobre ruso, en estado de necesidad a causa de la opresión zarista, siguió a los bolcheviques tratando de salir de tal necesidad. El pueblo pobre chino, sometido a atroz necesidad por los colonialistas japoneses y los propietarios de las tierras representados por el emperador y su corte, siguieron a los comunistas porque estos le ofrecieron un mundo nuevo

Ahora bien ¿por qué afirmo que "es más probable que la supervivencia de la especie humana dependa del pueblo pobre, del proletariado, que de la gran o la pequeña burguesía"? Si sobreviene el colapso (el condicional es porque sé, siempre sé, que puedo estar equivocado), unos pocos burgueses probablemente se habrán preparado para sobrevivir en bunkers u otros habitáculos que solo podrían construirse con mucho dinero, mientras que los proletarios que pasen las primeras pruebas del apocalipsis quedarán al descampado. Pero los proletarios estarán mejor preparados para lo que siempre han hecho: sobrevivir. En un hipotético mundo post apocalíptico, los burgueses terminarían por extinguirse en sus bunkers o acaso los pobres los desalojarían con clara ventaja numérica. Los proletarios son, entonces, la única y remota posibilidad de sobrevivencia de la especie. En condiciones como estas, es posible que el proletariado, por pura y crasa necesidad, encuentre alguna forma de vida social en comunidad, entre iguales, para poder seguir adelante. Pero solo estoy especulando, nadie sabe qué será de nosotros cuando el destino nos alcance.



 



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Néstor Francia


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