“Las revoluciones socialistas”, han terminado en el esterero, un recular y agarrar la papaya. Lo malo del carburo

No sé si fue en Venezuela toda o particularmente en la aldea de pescadores donde nací y me crecí que, pese la abundancia, pues todos éramos, de una manera u otra, bendecidos, tanta era la generosidad que, el mar y el río prodigaban, pues hasta un Dios particular teníamos, los bodegueros, habían unos tres, solían madurar los cambures con carburo. Los cambures en mi espacio eran escasos La abundancia hace al hombre generoso, la escasez lo envilece. Para Víctor Hugo, el estado de miseria material vuelve al hombre "miserable".

Nunca antes pensé en detalle eso de los cambures madurados "a la fuerza", como con un catalizador, solo lo hago ahora en la vejez; pero quizás los bodegueros compraban esos frutos verdes porque, de esa manera, les resultaba mejor el negocio y les maduraban metiéndolos en unos barriles a los cuales le agregaban carburo en polvo que envolvía a los frutos. El calor, derivado de aquel elemento químico y el encerramiento mismo, apresuraban la maduración del fruto, pero en muy mala calidad. Tanto que, por lo general, aquél adolecía del sabor propio emanado de la maduración natural y además solía quedar en parte lleno de pelotas o "empelotados" o "pelotudos". De donde no llegaba a la maduración ideal y, por supuesto, al sabor genuino y era menor, mucho menor, el placer de comerles. Más de las veces, uno terminaba botando la mayor parte del fruto por su mal sabor y el exceso de "pelotas". Lo que significa que madurar cambures con carburo no era más que un engaño a quien lo compraba y hasta al propio prestigio de quién los vendía. Quizás por esto, esa vieja práctica desapareció.

Por eso mismo, cuando percibíamos a alguien razonando de manera no apropiada a su edad, solíamos decir:

-¡A este, como que lo maduraron con carburo!

La revolución bolchevique, como antes fue "la Comuna de París", emergida de un régimen imperial, autoritario y nobiliario, con todo lo bello que ella pudo significar, por su audacia, iniciativa, aspiración de justicia, originalidad, un primer intento, aunque como un aborto por demás apresurado, de implantar en donde había un modelo precapitalista, en fin de cuentas, no pasó de ser un gesto hermoso, experiencia humana digna de tener en cuenta y muestra de la necesidad y deseos que anima al hombre de seguir cambiando la sociedad hasta hacerla justa y equilibrada. Una donde la riqueza que produce el trabajo humano sea distribuida de manera equitativa, lo más equilibrada y racional posible. Lo que significa que, quien puede hacerlo, trabaje; no hay nada que se lo impida y, no viva del trabajo ajeno y menos de la simple adulación o respaldo a quienes a los suyos someten. Pues la nueva sociedad no estaría sólo destinada a repartir con equilibrio los bienes materiales sino las obligaciones y responsabilidades; se trata de igualar, hasta donde sea posible al ser humano. Por supuesto, no se trata de igualar hacia abajo, como quien empuja la cabeza de alguien hacia el fondo, al nivel donde ya están otros en los estertores de la agonía.

A eso se refiere Marx al hablar de alcanzar "el más alto desarrollo de las fuerzas productivas". No se trata de una sociedad donde unos que poco o nada trabajan, tienen quienes lo hagan por ellos, acumulen casi toda la riqueza del planeta.

Tampoco es valedera una forma social donde el Estado se apropie de toda la riqueza material, los medios de producción, en favor de unos pocos, mientras por su improductividad, casi esclaviza a buena parte de la fuerza productiva, pues le es imposible llegar a más, mientras se distrae a la población con falsos discursos y repartiéndo la miseria para que se mantenga tranquila y mansa, escuchando cuentos de héroes, capitanes históricos, mitológicos y culpando a quien sea menester, por esencia, de todo lo que acontece. Lo que no niega que los factores contrarios al cambio hagan toda clase de trampas, como hasta aplicar sanciones. ¡Qué sí lo hacen! Sólo en favor suyo.

De donde, en cierta medida, uno podría pensar para sus adentros, que en esos procesos, intervino el carburo. O ese fuego enorme que mucha gente lleva adentro y que, pese eso y la buena fe, no llevan a una maduración ideal, sin negar que dejan las pelotas y las cenizas. Pues no basta el fuego y las buenas intenciones, faltan "muchas cosas más", como tiempo y cambios necesarios que él suele traer y una vanguardia que sepa leer con propiedad.

Esa manera improvisada, supuestamente fundamentada en Marx, de "madurar" al capitalismo con carburo, modelo que no sólo implica acumulación de capital, plusvalía, propiedad privada, estatal o las dos al mismo tiempo, de los medios de producción, distribución desequilibrada del producto del trabajo, insatisfacción de los trabajadores, es decir existencia de esas contradicciones que mueven al mundo y al modelo, pues apenas son una parte o acumulación de las condiciones que esa fruta requiere para madurar, ser consumida y hasta transformarse, estando aún guindada de la mata, almacenada o rodando por el suelo, como el cambur sumergido en el mismo elemento, termina empelotado y de mal gusto..

Marx dijo, léase "Crítica al Programa de Gotha", cito de memoria, el socialismo será posible cuando el desarrollo de las fuerzas productivas llegue a su máximo nivel y con ello la producción de la riqueza a distribuir. Marx no sólo habló de la obligación de todos de recibir "de acuerdo a sus necesidades", sino también de participar en el proceso productivo "de acuerdo a sus capacidades", lo que significa que, en el proceso productivo, unos aportan más que otros y el hecho que algunos tendrían mayores necesidades.

Tampoco dejó de establecer que, los productores socializados, tendrían obligaciones con el ente encargado de manejar la sociedad, como contribuir con los gastos inherentes a esto y de los seres humanos incapacitados para el trabajo. Pues el socialismo no implica la disolución del Estado ni el abandono de los incapacitados, como no lo hicieron las sociedades primitivas, sólo que en Marx, este, el Estado, no es un patrón ni dueño, salvo en casos muy particulares, como el administrador de empresas de orden estratégico. La propiedad de los medios sería socializada o bajo el control de los trabajadores y no que el Estado, actuando como propietario, disponga quien habrá de gerenciarla y menos a quien entregar la producción o beneficios de la misma.

Y eso del desarrollo de las fuerzas productivas a su máximo nivel no se mide en un número o no es el arrume de unas estadísticas. Tampoco es el respaldo de una enorme multitud por un candidato que ofrezca el socialismo, más si esos votantes no tienen idea de lo que eso significa y menos, y es hasta peor, que en medio de una crisis política, unos barbudos armados, se hagan del poder, derrotando al gobierno existente, sus fuerzas militares y se elaboren una constitución donde declaren el sancocho hecho, cuando ni siquiera han puesto las habituales tres piedras, entre las cuales se prenderá el fuego, para hacer comenzar a hacerlo..

En la segunda elección presidencial ganada por Chávez, cuando este enarboló la consigna del "Socialismo del siglo XXI", más de siete millones de venezolanos votamos por él, sin tener la más mínima idea de lo que aquello significaba en el oferente y sus más íntimos. Pero creímos se trataba de una oferta distinta a la cubana, sabiendo de los garrafales errores allí cometidos. Por algo el propio Fidel dijo una vez, "si de algo sabemos nosotros es de lo que no debe hacerse".

La expresión "desarrollo de las fuerzas productivas", no tiene un significado fabril exclusivamente, tampoco es una valoración cuantitativa y económica o una cifra de mercancías. Está referida a la sociedad toda e incluye, con un significado trascendente, la maduración cultural de la gente e identificación de ella dentro de ese proceso o circunstancias, en lo que no entra el carburo.

De modo que el socialismo, visto desde una perspectiva racional, dialéctica o marxista, como quiera decirse, no es una meta a ser alcanzada por la imposición de una vanguardia o el canto "sirenoso" de un encantador de serpientes y menos resultado de una declaración o articulado de una constitución, sino del cambio profundo, estructural y súper estructuralmente, distribución de los medios de producción, en la conciencia colectiva, por intermedio de un proceso natural a conveniencia y conciencia de la multitud que aquello haría funcionar de manera equilibrada. Una nueva forma que suplantaría a lo viejo por injusto y hasta por disposiciones del equilibrio planetario y subsistencia de la especie humana. No se trata de una imposición sino de un cambio, lo que significa entender el simbolismo de la "nueva hegemonía".

La URRSS se vino al suelo, no por esos simplismos que han vendido a alguna gente, como que Gorbachov fue un agente del capitalismo, particularmente de EEUU y se encargó de hacerle la tarea a sus amos. Le tocó manejar un proceso en un orden que agonizaba, se descomponía por una sociedad improductiva y donde la miseria y el autoritarismo, volvieron a la mayoría de la gente contraria a aquello. Lo mismo sucedió con lo que suelen llamar "caída del muro de Berlín", un muro justamente construido para evitar que, con facilidad, el grueso de la gente se pasase al otro lado y no justamente por sentirse satisfechos y realizados.

Alguna gente debería preguntarse, por qué en toda la Europa, que integró la URRSS, en no muy poco tiempo y después de conflictos bélicos de poca duración, hasta Armenia, la tenida como la más identificada con aquello que llamaban socialismo, se voltearon hacia el capitalismo o una nueva forma de vivir, sin dejar de seguir luchando por sus derechos, justicia y equilibrio.

Hoy, Rusia, es una potencia capitalista y juega un rol importante en la lucha contra la polarización en la economía y militarismo norteamericano y por la insistencia de estos factores mantenerse en plan dominante en la escena mundial.

El socialismo no es una utopía, como no lo es comerse una fruta madura. Sucede que para alcanzar ese modelo de sociedad propuesto por Marx, sin dar detalle alguno, solo generalizaciones, llamada utopía para desalentar a quienes luchan contra lo injusto del capitalismo, es necesario alcanzar un nivel muy alto, como dijo el alemán, "en el desarrollo de las fuerzas productivas" y nivel internacional. Eso pasa por el multipolarismo y la creación en cada espacio de formas de producción soberanas, donde la dependencia de unos pueblos o naciones con respecto a otras pierdan fuerza y amplitud. Lo cierto es que, la tarea es difícil, pues pese hablemos de multipolaridad, el capitalismo que, atrapa a la sociedad mundial toda, muta constantemente y pudiera ser que la meta del multipolarismo, no sea más que una forma, un estadio, para sustituir un polo por el otro. Todas esas estrategias están en juego y son merecedoras de atención para no pecar de inocentes.

No obstante, la idea del multipolarismo, la no preeminencia de una economía y nación sobre las demás, abre la posibilidad que unos pueblos puedan moverse y organizarse con la libertad que les niega la polarización y, eso favorece el impulso de las tareas del socialismo entre las multitudes, lo que no quiere decir, la imposición del modelo, lo que nunca será posible, pese la "belleza, lo poético" de las vanguardias heroicas, de barbas largas y fusil de los viejos tiempos.

Tampoco sirve la narrativa, según la cual, una sociedad donde el Estado se apropia de todo, vuelve al trabajador un ente ajeno, lo que de por sí ya cultiva la miseria, la improductividad y la indiferencia de las multitudes, ajenas a ello y expropiadas como en el mismo capitalismo clásico y, más, si el Estado, para mantener su poder, se dedica a "dar limosnas" a quienes trabajen o no, por simple subsistencia. Y donde las luchas por el salario, pues el modelo éste mantiene, siendo capitalista, se conserva como gesto contrario al interés del Estado y quienes a éste controlan. Lo que sería un como "cállate, no tienes derecho a inmiscuirte en esto". "Agarra tu papaya y cierra la boca".



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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