El proletario enamorado Marcos Luna

Cuando usted vea a alguien escribiendo varias veces en una cuartilla el término "pequeño burgués", puede estar seguro de que no se trata de un proletario. La clase obrera no es marxista, porque en realidad, Marx tampoco era marxista. El marxista clásico suele ser un intelectual o un académico que se llena la boca con categorías, conceptos y teorías estrambóticas pero que vive, precisamente, como un "pequeño burgués". Yo prefiero decir que soy de clase media, aunque nací en un barrio, pero me jodió el capitalismo en el camino. Es culpa de Rockefeller, no mía ¿Por qué carajo no puedo ser de clase media? ¿Por qué estos marxistas de pacotilla viven condenando a la gente y estigmatizándola con el mote dogmático, mal aprendido, de "pequeño burgués"?

Pero no estoy hablando de ese insigne representante del proletariado que es Marcos Luna. Por favor, hermano, invítame ya a la fábrica o a la mina donde trabajas para conocernos personalmente y tomarme cualquier vaina de las que beben los explotados como tú. Tú eres, camarada proletario, el futuro de la Humanidad, por eso me interesa verte de cerca, contemplar tu rostro cuarteado de obrero sacrificado, ver tus manos deformadas por el uso diario de la hoz y/o el martillo, admirar tus uñas ennegrecidas por la hulla o el carbón ¡Marcos Luna del mundo, uníos!

Yo te pido me perdones por no compartir tu enamoramiento de Nicolás Maduro. Estoy tan ciego que no mencioné a ese señor ni una sola vez en mi más reciente artículo, mientras que tú le dedicaste largos párrafos en tu texto amoroso. Es que tú y él son de la misma clase, tú eres el articulista obrero y él es el presidente obrero. Claro, ya me harta la habladera de "Maduro esto y Maduro lo otro, y Maduro pacá y Maduro pallá", pero esas son vainas de pequeño burgués, porque los proletarios como tú son presidencialistas. Te prometo, líder, que mi próximo artículo será una plana en la que solo escribiré "Maduro, Nicolás, Nico, Maduro, Nicolás, Nico" y así hasta rellenar tres o cuatro cuartillas de madurismo enamorado en estado puro.

Sigo arrodillándome ante tu sabiduría de clase. Perdóname por pretender ser juez del caso Vivas Santana, cuando ya tú lo habías juzgado: estaba desaparecido y lo agarraron por hablar mal… ¡de Maduro, ahí apareció el hombre otra vez, qué ladilla! Además tú eres un socialista científico, así que ya estableciste una nueva ley de la naturaleza: "Acusar al gobierno de desaparecer a un preso es natural" ¡Carajo, qué bruto soy, como nunca pude aprender esta ley de las ciencias naturales! Aprovecho para disculparme con todos aquellos científicos sociales que afirmaron que Vivas Santana estaba desaparecido, respondiendo así a los mandatos de la naturaleza.

¡Más y más te pido perdón, camarada proletario, qué bolas tengo yo de presumir que Vivas Santana cometió un delito, cuando tú, con tus reflejos de obrero, ya determinaste que es inocente! Eso sí, explícame bien la vaina de Robespierre y que tiene que ver eso con el apellido de tu amor querido Maduro y con tu descubrimiento tardío de que yo soy un nombre y no un líder de la clase trabajadora como Marcos Luna.

Me da flojera determinar cuántas veces nombras en tu texto a tu adorado tormento Nicolás Maduro. Finalmente creo que tu problema es que no sabes de quién realmente estás enamorado, si del Maduro presidente o del Maduro "muchacho bonachón", o del "pitcher", o del "salsero", o del tipo que está "escondido detrás del liquiliqui blanco". ¡Qué tierno eres, pero cuidado con una vaina, no vaya a ser que se te aparezca Cilia y te saqué los ojos! ¡Celos, malditos celos! Jajajaja



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Néstor Francia


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