Apocalipsis política

—Compita, ¿le pagó el hombre lo que le debía?

—Que va, si ese está más limpio que talón de ahogao. Más bien me dijo, a lo que me vio, si le podía completar pa´ un pasaje. Olvídese de eso, le dije.

Sígame contando lo que me decía del miedo que los políticos vagabundos le metieron en el cuerpo a la gente, para aprovecharse de los bolsas.

—Usted sabe que el miedo apabulla todo pensamiento reflexivo y se va como caballo desbocao por delante de éste.

Se larga como si fuese una estampida y eso nos empuja a actuar precipitadamente. Esa espantá es provocada por la inseguridad que el miedo no mete en el cuerpo.

El miedo político socava cualquier posibilidad de amistad y emponzoña la cooperación y de ahí pa´lante lo que nos lleva es a hacer cualquier barbaridad, como ya hemos visto en estos años. Donde la familia se dejó de hablar, los vecinos se lamentaban unos a otros, hasta llegar a lamentada como consigna política.

—Así mismo es.

—Y en medio de esta baraúnda todos pensamos que hemos llegado al Apocalipsis. Pues según los activistas del miedo estamos en el fin de los tiempos. En el momento en que «los buenos» deben luchar contra las fuerzas del mal. Y cada bando se cree que es el bueno y el otro el malo.

Es así o no, eso lo hemos visto aquí en estos años.

—Como le dijo que no, si es que sí.

¿Y a dónde quiere llegar usted con todo este asunto del miedo político?

—Primero, que nos demos cuenta que los políticos de ambos bandos nos han manipulado a mansalva con el miedo. Segundo, que caigamos en cuenta cuál ha sido nuestra actitud producto de ese miedo. Tercero, que empecemos a dejar atrás tal miedo para poder establecer un nuevo orden político, que pase por un nuevo pacto político como ya los hubo en el pasado, gústele o no a la gente pero así ha sido y así tiene que ser.

—Entiendo.

—Y para eso hace falta que todos respiremos hondo y recordemos lo que ha sido nuestra historia política nacional, por lo menos. Para no caernos ni que nos caigan a coba; y no estemos ensalzando fantasmas que nunca han existido.

Como eso de sentir nostalgia por un país que nunca existió, porque las necesidades y la miseria siempre han estado ahí. Que yo no las viví ¡Gracias a Dios! Pero otros sí.

Porque este país desde su fundación como República sigue siendo una obra en construcción; un conjunto de aspiraciones a veces conseguidas y la más de las veces fallidas; esto ha sido un esfuerzo, una cooperación, una esperanza y una solidaridad mantenidos durante mucho tiempo. De eso es lo que nos debemos dar cuenta y ser sinceros para con nosotros mismos. Porque este territorio en el que habitamos mal o bien es lo que nos pertenece como ciudadanos.

Nunca hemos sido una realidad materializada por completo, pero eso no nos puede impedir volver a tomar el camino para seguir hacia adelante.

—Toda la razón tiene.

—Mire, el presente en que estamos sumidos ha sido un retroceso político, eso nadie lo puede negar.

Pero no podemos pensar que es el Apocalipsis, como si no hubiese cabida a ninguna otra posibilidad. Porque esa idea es la que nos quieren vender. Con la conclusión de que solo nos podemos quedar en esta situación y jamás salir de ella.

Y eso ¡No es así!

Este momento tan desastroso que vivimos tenemos que verlo como una oportunidad para hacer una buena política dirigida al bien. Sin llegar a ser unos ingenuos, porque ya la ingenuidad no tiene cabida.

Hay que tener una reflexión reposada sobre los verdaderos problemas que tenemos en la actualidad, para ver cómo los abordamos y cómo los resolvemos. Dejar a un lado esa mala emoción del miedo que lo ha invadido todo y se ha convertido en sí mismo en un problema, ese miedo cierra la posibilidad a un trabajo político constructivo.

El mismo nos ha cerrado toda posibilidad a que nos escuchemos los unos a los otros y a la cooperación para salir de este atolladero en que estamos, y que muchos quieren que sigamos en él. No podemos seguir en la misma trampa que los políticos malamañosos nos tienen metidos.

Si nos vamos a seguir temiéndonos unos a otros estamos liquidados y de eso se van a seguir aprovechando los políticos dañeros. Que nos mantienen fantaseando con venganzas y actitudes tóxicas.

Por ahí alguien dijo: «la democracia puede venirse abajo si nos rendimos al miedo». Y eso es lo que ha pasado en este país hasta que lo han convertido en este estero.

No podemos seguir cediendo al miedo, que es lo mismo que dejarse arrastrar por estos políticos perversos. Hay que fomentar el examen crítico de la situación actual y de nuestro hacer en ella.

Debemos reflexionar sobre el miedo y hacia adónde nos ha llevado. Para entendernos a nosotros mismos como país lo mejor que podamos, y aprovechar este momento de reflexión para comprender hacia dónde queremos ir en este presente y en el futuro inmediato y a largo plazo.

A lo mejor, mucha gente aún no está convencida de que el miedo es el problema real para ejercer el derecho y el deber del gobierno democrático que nos corresponde como ciudadanos.

Pero, permítame decirle compita que superando el miedo y yendo a hacia actitud reflexiva es la mejor opción que tenemos para salir de esto.

—Comparto con usted todo lo que me ha dicho y me parece muy cierto.

Vamos a seguir con esta conversa.

Pero tengo que ir a remojar unas caraotas que me regalaron, nos vemos más tarde.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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