La revolución estúpida

Darle poder a la ignorancia y al resentimiento no puede ser "poder popular", eso es fascismo y demagogia. El poder popular es…, que hasta el último individuo del barrio tenga desarrollado un sentido de justicia y de respeto por sus semejantes, un sentido para la convivencia con sus vecinos y hermanos. El poder popular de Maduro alimenta la ignorancia, apoya la arbitrariedad, la delación, a cambio de votos, de amedrentamientos, de control social parapolicial, y comida. Algunos producen alimentos, otros reciben créditos y favores, otros armas, pero la mayoría son "cerditos encantados" por el gran hechicero.

La revolución estúpida a demás es impúdica, no le importa decir, ni les importa que se sepa, que los empresarios, a los cuales financia, nos están esquilmando. No les importa que se den cuenta en la calle, que mientras los niños se mueren en los hospitales, el gobierno invierte millones en publicidad enternecedora (Señor Luis Salas, la obra se llama madurismo, no chavismo).

La revolución estúpida está preparando la privatización de los servicios públicos pero no lo dice. Cuando comience la venta de todas las empresas del Estado, los cerditos del poder popular saldrán a la calle a contener la ira de sus similares.

La revolución estúpida regala la gasolina. En Caracas, si cancelas con quinientos bolívares un tanque lleno puede que el bombero te bese la mano de agradecimiento, porque "los justos", dicen: "cinco bolívares pagan más de una cisterna entera de gasolina, ¿por qué te voy a dar más de cero cincuenta?... Mientras el gobierno y la revolución estúpida regala la gasolina, la tiene que importar, porque no la está produciendo ¿No es estúpida?

La revolución estúpida tiene las cárceles llena de petroleros corruptos, sin juicios, sospechosos quizás de ser muy eficientes, y al tiempo tiene mucha gente leal pagada y muy cercana, para que hunda la empresa y se hunda junto a sus líderes…, acabando de desmantelar nuestra única fuente de riqueza segura, PDVSA a favor de aquellos que le perdonaran la vida cómoda que tienen ahora, o simplemente la vida.

La revolución estúpida quiere enlodar a Chávez con sus embarres, quiere que el capitalismo le reconozca su trabajo de zapa para socavar los cimientos espirituales y físicos de la revolución de Chávez, y se lo retribuyan con un final en paz, sin retaliaciones hacia los cuatro fantásticos y sus familias y sus secuaces. ¿Y los cerditos?… ¡Que se jodan!

Ya el discurso del libre mercado vuelve a ser familiar en los canales de televisión, el libre mercado desplazó hace rato al socialismo. FEDECAMARAS, Consecomercio, Conindustria, toman la palabra para anunciar el retorno definitivo al pasado "democrático", solo faltan unos ajustes; terminar con las privatizaciones, preparadas desde hace cinco años por la revolución estúpida de Maduro. Por supuesto, el "poder popular" no tiene ni la más mínima idea de qué se trata el liberalismo, la mayoría de los cerditos encantados cree que vivimos en socialismo, y que privatizar es una nueva etapa de la revolución. Y tienen razón, pero de la revolución estúpida.

A pesar de todo su empeño quizás Jesús Frías, el diputado reformista, comunista por parte de padre, pierda su empleo para el próximo período de gobierno (sería un alivio no escucharlo más justificando la estupidez en Venevisión). Lo mismo pasará con otros defensores de la paz, del diálogo, quedarán desempleados y abominados por los auténticos teóricos del capitalismo despiadado, del capitalismo sin cortapisas y disimulos, claro y concreto, presentado al país con todo el volumen que dibuja su maldad.

Se ríe de sus contradicciones como un payaso de sus payasadas. ¿A quién le importa ahora los análisis y opiniones de Luis Salas y Pascualina Cursio? Ese es su trabajo, como el del operador del metro manejar el metro, decir cosas inteligentes a destiempo, o si no, no emitir opiniones políticas que desautoricen su ciencia, son diletantes aseados, no políticos. La revolución estúpida alienta la investigación científica, ¡eso sí tiene ella!

Queremos una revolución auténtica, con políticos al mando, con carácter y voluntad para transformar la sociedad y el mundo, revolucionarios que se ensucien las manos, no una revolución estúpida, una baba que chorrea y empatuca el piso del metro, y que pone a los economistas a esgrimir razones que se desvanecen en el aire. Es inmoral seguir defendiendo a Maduro por causa de una invasión que solo sirve para abrirles la puerta trasera a los felones de Chávez, para acabar definitivamente con el chavismo. Chávez y el socialismo es la única esperanza del planeta, no podemos vivir como los cerditos de Circe o de Maduro, encantados, atontados, distraídos de este embate final de capitalismo mundial. Hay que pelear duro contra el madurismo y el imperio, representado por los eternos parásitos de siempre, vamos a organizar ya una Junta Patriótica aquí y en el exilio, con poder de convocatoria, con consignas, un plan de acción política, chavista y socialista, sin ningún tipo de complejos. La ignorancia será nuestra desgracia, prefigura el fascismo.



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Marcos Luna


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