Voluntad de ser reformista y pequeñoburgués y un pueblo despedazado

La lucha de clases existe. La tarea de los reformistas en la historia ha sido negar la existencia de la lucha de clases, la revolución socialista y la dictadura del proletariado para poder pactar con la burguesía; es el ideal pequeñoburgués, que en nombre de los las mayorías explotadas, pero manipuladas por sus propias fascinaciones arribistas, hacer la "revolución pequeñoburguesa", si es que eso existe. La lucha de clases sí existe, ya lo dijimos, fundamentalmente en el espíritu, en la consciencia y se expresa en el hombre rebelde. Nadie que se sepa estafado por el orden social va dejar de ir contra él, ya sea delinquiendo, rompiendo normas, leyes o dogmas, o haciendo una revolución social. Nunca se va quedar de brazos cruzados; la consciencia obliga. Rebelarse es el destino del hombre y la manifestación más genuina de su libertad, su libertad es pelear, la única razón para aceptar y soportar el dolor sin lloriqueos.

Una lucha de clases sin choque o ruptura es imposible. A pesar de este hecho histórico el madurismo apela cuando le conviene a la lucha de clases. Es por eso que el llamado a la paz de Maduro nos resulta tan torcido: Maduro confunde la paz de la no violencia con la paz de la conciliación con el enemigo, como los reformistas de todos los tiempos, como los adecos y su pacto social; un pacto con el enemigo actual de todos los humanos: el capitalismo.

Ese ha sido el discurso de los conciliadores reformistas de la izquierda democrática venezolana antes y después de Chávez, de aquellos que le temieron a Chávez, al chavismo y a la revolución social: J V Rangel, Eleazar Díaz Rangel, el MAS y todos sus subproductos intelectuales y políticos, el diputado José Guerra un comunista que se volteó de adentro hacia afuera, como el cocodrilo del chiste, Maduro y los Rodríguez, que son un especie de teodoristas emboscados, y tránsfugas similares. Ellos contribuyeron, cada uno en su nivel, a falsificar la revolución socialista, vaciándola de contenido social para usar solo su impacto verbal, para manipular a las masas con los dibujitos del empaque (¿Marketing?).

Chávez emerge en la historia como una de esas mentes y voluntades libres, que asumió la lucha de clases, que tomó como suya la causa de los desposeídos (física y espiritualmente) con total responsabilidad. Pero su revolución vino cargada de un romanticismo un poco dulzón ante la idea de la no violencia. Quiso hacer una revolución socialista, pacífica, retando a la empresa privada a moderarse y cambiar sus motivaciones materiales por otras más espirituales y sociales, más humanistas, hablándoles con la razón, apelando a la lógica de la justicia y la igualdad. No hubo malicia en eso, solo candidez.

Pero el capitalismo estaba instalado en las almas de todos los venezolanos y la ventaja estaba en esta guerra estaba del lado del enemigo, su lógica es otra, dura, despiadada, fría, intolerante. Ya, cercana la muerte, el presidente supo que los cambios auténticos debían efectuarse pese a la empresa privada, al imperio, o a "los imperios", había que maniobrar con los recursos que se tenían, hacia fuera, y voltear radicalmente las reglas del juego hacia dentro para poder adelantar cambios importantes hasta un punto de "no retorno", donde la población ya fuese capaz de actuar por sí misma con más responsabilidad, capaz de comprender el sentido político de una revolución socialista y sus bondades; supo que había que hacer presión ideológica y política para avanzar con base al poder popular, al poder de las mayorías y afianzarlo políticamente, o sea, ideológicamente, ética y moralmente.

Maduro secuestró el poder popular, ató de manos y amordazó a las mayorías, les tapó los ojos, para que no hicieran nada mientras se entregaba el país a los privados, conciliando con ellos el poder; atándose al poder junto al capitalismo en nombre de las mayorías, pero dándole la espalda, una limosna y literalmente dándole un bozal de arepa y una mala conciencia egoísta, aprovechadora, en el medio de una guerra de todos contra todos, de la mentira y la manipulación, apelando a fuerza, en medio de la ignorancia y la obediencia a quién más pueda y grite, sin ningún tipo de ley, ni moral ni escrita.

Cuando surge el Plan de la patria, tal y como lo conocimos de boca de Chávez en su presentación en el CNE, como su propuesta de gobierno para el período presidencial 2013 – 2019, lo hace como un plan clasista, obrerista y campesino, se orientó a fin de vencer de manera sostenida y sin pausa la lógica del capital; no dijo "vencer al capitalismo" o al capital, habló de vencer "la lógica del capital", su sentido. ¿Y cuál es la lógica del capital?: la lógica del capital es que haya una sociedad dividida en clases sociales, una propietaria y la otra trabajadora, y una clase trabajadora fraccionada, que trabaje para el bienestar, goce y disfrute de la vida de la primera; hacer pensar al trabajador y al campesino pobre que su existencia como clase trabajadora y explotada es un destino; que solo vea el mundo a través de los ojos de sus verdugos, con la espiritualidad, con la mentalidad y los prejuicios de ricos propietarios que los esclavizan y explotan como zombis; y que pierdan sus fuerzas luchando entre ellos por subir en la escala social.

Después de su muerte, solo unos pocos entendieron las cosas según su mandato, motivados por un sentimiento novedoso y liberador, el de ponerse a trabajar al servicio de los más necesitados y de toda la sociedad para vencer la injusticia, establecer la igualdad dentro de las diferencias, "dar a cada quien según sus necesidades y exigir de cada quién según sus capacidades", tanto en lo material como en lo espiritual.

En un escrito anterior quisimos describir de manera brutal el carácter pequeñoburgués del sistema capitalista burgués que domina nuestras almas, o sea, cómo este afecta espiritualmente al individuo haciéndolo abominar de su propia clase, distanciándose de ella, buscando como sea el "estatus", escalar a lo más alto posible dentro de la escalera social burguesa (como lo explican muy bien los llamados coach de vendedores y de autoayuda y similares, muy de modas). La clave para entender esto está en el dinero como ideal=estatus, en esta identidad abrumadora; atrás quedan las consideraciones morales, políticas o ideológicas para ir o no por él, y también los escrúpulos; mentir es lo de ahora, disimular, hacerse la víctima.

Dijimos que mucha gente entusiasmada con la revolución de la honestidad, de la libertad y de la responsabilidad, la revolución de Chávez, nunca imaginó que en el gobierno hubiera tanta gente repitiendo lo mismo, tal cual y lo hicieron los adecos y copeyanos en la cuarta república. Obreros, empleados, ministros, militantes, diputados, alcaldes, concejales, sindicalistas, gremialistas, profesionales, comuneros y dirigentes sociales, toda la fauna variopinta vinculada al gobierno saboteando, robando, vendiendo lo que es público, traficando, jurando para luego mentir, birlando todo la que pueda ser birlado. Y de esta modo, gente humilde y honesta captada al socialismo por Chávez entraría en conflicto directo con el gran resto de sus "compañeros políticos" (por decir algo), con los que se suponen son sus hermanos de clase, haciendo las cosas como antes, torcidas, con maña; cínicos, impúdicos, fatalistas, como sobrevivientes despiadados y desesperados.

Este individuo ahora, este que fue enamorado por el pensamiento de Chávez hoy no sabe qué hacer con esta inmensa contradicción en la cabeza. Después de la muerte de Chávez, lo extraordinario que se había hecho cotidiano volvió a ser extraordinario o desapareció, se hizo delito. Y lo que fue cotidiano en la cuarta volvió a ser cotidiano en la quinta, como el robo, la mentira, la manipulación, pero ahora lo llaman de forma infame, revolución y socialismo.

Si antes revolución era hacer las cosas bien y honradamente, hablar con la verdad y criticar al compañero que lo hacía mal, ahora revolución es hacer las cosas mal o no hacerlas, y soltar un discursito de revolución, una consigna huera, ponerse una franela roja, marchar, adular, en otras palabras: disimular. Ahora revolución es saber disimular la ineficacia y la trampa, la inteligencia, la bondad; un guiño y un guiñol.

En ésto del disimulo fue pillado una vez un ministro por Chávez, "vendiéndole" a él y a nosotros una procesadora de tomates que no tenía tomates ni los procesaba, y por eso fe despedido. Sin embargo ahora quién disimula es el mismísimo presidente de la república, ofreciendo una revolución socialista trabajando con todos los instrumentos del capitalismo, con sus mismas armas: privatizando lo expropiado y socializado por la revolución de Chávez, financiando a la empresa privada en vez de los proyectos socialista, persiguiendo a comuneros honestos, callando a los críticos, liberalizando la economía a niveles inauditos, eliminando todos los controles posible a la banca, al comercio, a los importadores, ensambladoras, compañías trasnacionales. Para aquél que creyó en Chávez la lucha de clase la libra ahora en su mente, en su consciencia: o se disocia de la realidad para soportar la vida o actúa, busca la manera de diferenciar las cosas, entenderlas mejor, definirlas correctamente para proseguir la lucha.

Esta lucha no es abstracta, como dijimos, es muy concreta, la llevamos dentro y fuera de nosotros. No es una lucha contra los ocasionales del capitalismo, porque los factores ideológicos que nos gobiernan van más allá de un simple individuo y sus mañas; ya dijimos que si no es Maduro sería otro tan pusilánime como él; se trata del capitalismo, su lógica, su espíritu; son modos y maneras de ser y pensar encarnados literalmente en nuestros cuerpos, una peste que forma parte de la psicología de masas; está en nosotros y en toda la sociedad; es la ganancia como valor, es la voluntad de ignorancia, la voluntad de mediocridad, es un cansancio del alma que solo pueden vencer el ejercicio diario, el trabajo diario, el estudio y la conciencia clara de lo que se es y se está haciendo; controlar los vicios, superar la flojera espiritual del pequeñoburgués que llevamos dentro.



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Marcos Luna


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