Ramírez y la llamada inesperada

La historia de Rafael Ramírez como ministro y vicepresidente no se explica bien sin Chávez. Es imposible juzgar a Rafael Ramírez sin juzgar a Chávez. Los más inteligentes lo hacen, la oposición lo hace, y algunos osados de la otra oposición en el gobierno de Maduro también. PDVSA, luego del golpe de Estado y el paro petrolero, cobró sentido claro para Chávez y la revolución, el comandante se dio cuenta de que sin PDVSA era imposible hacer cambios verdaderamente radicales en el país. PDVSA es el corazón del país, y lo seguirá siendo mientras Venezuela no sea un país distinto, y los venezolanos una sociedad distinta, con una cultura del trabajo productivo y creador. No se puede pretender, de la noche a la mañana, decretar la Venezuela productiva, hay que formarla, educarla, cambiarla.

El gobierno de Maduro quiso acabar con la Venezuela rentista vendiéndonos la idea de que los productores están en las empresas privadas y en el sistema de producción capitalista, pero esta experiencia dejó bien claro que nuestros empresarios y los otros que hacen negocios en el país no producen nada, no invierten en eso, porque no es un negocio rentable, competitivo, es malo para las ganancias. Los que producen ganan porque el Estado los subsidia… a través de la renta petrolera. Es así como todos estos empresarios patriotas y honestos, de manera sistemática se fueron robando cada dólar que el gobierno les otorgó para reactivar la producción. Para el negocio siempre es más rentable especular con esos dólares que invertirlos en maquinarias, tecnología, investigación, eso es un asunto para los países desarrollados, que tienen cultura para eso, que sí producen y compiten, no para la Venezuela colonial.

Por esta razón había que cambiar al país mediante una verdadera revolución, independencia de los capitalistas, poner al humano en primer plano, hacerlo un país con una cultura del trabajo creador y productivo y olvidarse o poner a un lado los intereses de los empresarios honestos y patriotas, amañados a los gobiernos genuflexos, a los susidios y al vulgar robo del dinero público en complicidad con los burócratas. Por esta razón había que tomar el control absoluto de nuestra industria reina, de PDVSA y capturar toda la renta a favor de los planes de la revolución.

Eso fue lo que hicieron Chávez y Rafael Ramírez, no nada más acrecentar la producción sino capturar la renta petrolera a favor de los más necesitados y otro país distinto, cambiando los esquemas. Esto se conoce como la política de plena soberanía petrolera. Acabar con el negocio de los contratos de servicios petroleros, descuentos, excepciones del pago de impuestos y regalías, etc. y sustituirlos por empresas mixtas y reglas claras, con el control total del Estado sobre todos los procesos del negocio y transferir de forma contractual tecnología. Se redactó una nueva Ley de petróleo, se hizo constitucional la soberanía sobre nuestras reservas y el negocio. Se hizo todo lo posible para blindar mediante la ley la soberanía sobre nuestro petróleo, la base para un cambio revolucionario.

Hoy el Estado venezolano no tiene control sobre PDVSA. La producción se ha delegado a los privados, que no producen. La producción alcanza mala mente 900 mil barriles diarios. Los técnicos y profesionales formados por PDVSA se fueron, están exiliados, están presos, muertos o a punto de morir en los calabozos, acusados de corruptos; trabajadores que producían tres millones de barriles diarios, con mística, apoyados por la industria, tratados con dignidad, hoy son vejados y perseguidos. La mezquindad de seres grises, incapaces, se impuso sobre los que se esfuerzan de verdad.

Eulogio del Pino, ex ministro de Maduro, utilizado y traicionado por Maduro, quizá tenga una mancha en su hoja de vida y esta es haberse dejado encantar por sus cuentos y darle la espalda a Rafael Ramírez, sin embargo Del Pino es un excelente profesional, un ingeniero preparado y útil para le industria y el país, hace falta para sacar adelante el rescate de la industria que está a punto de ser rematada a los rusos y demás empresas trasnacionales. Le toca a Rafael Ramírez salvar a PDVSA y convocar a su equipo de profesionales. Solo él sabe cómo hacerlo. Es un político revolucionario, tiene el liderazgo, conoce del negocio, tiene la trayectoria y los créditos necesario. Es respetado en todo el mundo. Sin él, los esfuerzos de Chávez por controlar el pilar fundamental de nuestra economía y nuestro futuro se perderán. Los planes de Maduro van en contra de Chávez y de la constitución. Perdió el control de todo, político, económico y social, solo le queda la fuerza bruta, la manipulación y el chantaje.

El país se va a pique frente a nuestros ojos, hay que permitir que el flaco Ramírez regrese al país para frenar la demolición definitiva, ya no de la revolución, del país. Si en el gobierno les queda un poco de generosidad piensen en Venezuela y en futuro de sus habitantes, traigan de nuevo a los técnicos y profesionales perseguidos y presos para salvar la industria y se rediman ustedes también de sus mezquindades. Frente al desastre de PDVSA y el deterioro moral y físico del país es urgente convocar un gobierno de emergencia nacional con el equipo político y de profesionales de PDVSA, del PSUV y de otros campos, expulsados, exiliados o presos.

No se trata de producir, se trata de desarrollar el país espiritual, crear valores para el trabajo productivo y creador. No se trata de explotar a más trabajadores, se trata de vivir viviendo, de la alimentación sana, de la salud, de la educación, de la creación, de la organización, de la protección de la naturaleza, de racionalizar el consumo y la producción. Ante todo está el ser humano, para él sirve la economía y no al revés. Solo alguien que entienda esto puede voltear la tortilla. De resto, sea Maduro o el payaso de turno impuesto por el imperio, el ritmo de destrucción será el mismo o más acelerado, la brecha de la desigualdad se irá ampliando más, regresaremos a tiempos de Gómez o peor.

El cuento es que Rafael Ramírez siempre recibió a cualquier hora una llamada de Chávez, para ver cómo andaban las cosas y qué hacer. Hoy recibe Ramírez una llamada inesperada del comandante, tiene que ocuparse de reconstruir lo deshecho, convocar a sus aliados, a los mejores, hay que comenzar de nuevo.



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Marcos Luna


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