Chávez y el mito de Sísifo

La historia es cíclica. Nietzsche lo llama el eterno retorno de lo mismo. Marx dice que la historia se repite una vez como tragedia y luego como farsa. Nos imaginamos que es un ciclo en espiral; se repite pero va dejando un sedimento de cultura en el fondo.

El mito de Sísifo nos cuenta de un hombre mortal que burla a los dioses (a Zeus) y es castigado a llevar un piedra inmensa desde el fondo del hades a la cima de una montaña, y a repetir esa acción eternamente.

La enseñanza del mito no puede ser negativa si viene de un pueblo trágico y vital (que vivía de cara a la muerte, sin creer en un más allá después de la vida) como lo fue el pueblo griego. No nos habla de un "castigo divido", el mito es una revelación del significado de nuestra existencia. Nos habla de la tragedia humana de vivir para volver a empezar. Sísifo reta a los dioses porque se rebela a su voluntad, pero en su aparente castigo se libera de su ignorancia; justo cuando carga con la piedra a la cima, ese es su momento de liberación, en ese tiempo se regocija de su libertad, piensa, carga su piedra con el júbilo de saberla suya, su elección; un mortal reta a Zeus y en respuesta encuentra el propio sentido de su vida. El mito de Sísifo es un canto a la vida y libertad humanas, al conocimiento positivo de volver a empezar cada vez que fracasamos; cada vida es un nuevo comienzo hacia la cima.

Chávez es un Sísifo y el socialismo es su montaña. Bolívar fue Sísifo y la cima de su montaña una sociedad más justa e igualitaria. En ese eterno retorno queda el sedimento de la historia, la memoria, el conocimiento acumulado, la cultura, para que podamos empezar de nuevo con más fuerzas.

Volver a empezar

El sedimento que queda al fondo de esta pérdida es conocimiento. Chávez fue una revelación de lo que somos capaces. El imperio, el capitalismo, la mala conciencia pequeñoburguesa –esa costra que no nos deja pensar ni vivir humanamente nuestros propios instintos –, frente a todo eso se plantó Chávez. Fue un acto de rebeldía contra todo eso que hoy es Dios. Una inmensa piedra. Tener que pelear consigo mismo, con los otros, con las tentaciones, con el enemigo visible e invisible, no es fácil. Y a medida que cargó con su piedra fue entendiendo la importancia de lo que hacía. Por eso decimos que hay que volver a empezar, Chávez hizo mucho por la revolución y nosotros debemos tomar el testigo.

El fracaso de Maduro y de los que lo acompañan, abona, en cierto modo, a nuestro triunfo. Se repite el dolor, cae la piedra pero queda el conocimiento, así será hasta el fin de la humanidad. Pero esto no significa que no podamos alcanzar de nuevo la cima, que no podamos ver realizado el sueño del socialismo. Y antes el de vivir en constante revolución, porque cada fracaso es conocimiento, la enseñanza del mito, aprender a pensar, a leer del hombre y de su historia, a corregir en cada vuelta, a fortalecernos, a regocijarnos de nuestra rebeldía a los dioses consagrados.

Maduro y la pérdida de la "revolución bolivariana de Chávez" no es una fatalidad. No es la pérdida o el fracaso de la revolución. Ahora nos toca a nosotros continuar con ella, relevar a Chávez: ese es nuestro deber como hombre libres y rebeldes; pensar y gozar de nuestra rebelión; vencer la muerte en la vida, conscientes; dejemos la estupidez para llorar sobre la leche derramada. Ahora hay que ver cómo saltamos a Maduro y su gobierno y llamar de nuevo a la lucha por el socialismo, cargar con la piedra y subirla a la cima.

La historia se repite. Maduro hizo lo suyo pero como farsa, un remedo, una caricatura de Chávez. Ahora nos toca a nosotros emular a Chávez, no hacer su parodia, ir a Sísifo no simularlo y quedarse con la piedra en el fondo del abismo. Volver a empezar, ese es el secreto de la vida humana. Mediante él se han levantado, una y otra vez, ciudades, civilizaciones, culturas completas; se ha vencido la muerte en el renacimiento (y esto es literal, calló Roma y nació Florencia). El capitalismo caerá, mientras salga el sol en el horizonte, y renacerá el hombre más fuerte, más sabio; por eso no hay que dejar de luchar.

Maduro es solo un accidente, representa a un impero que se desgasta, no es una revolución, es una parodia de ella para salvar al capitalismo de su caída (lo llaman reformismo, reformar al capitalismo para que no muera definitivamente). A los chavista y socialista nos toca aprender de esta experiencia de caída, para levantarnos con los pies firmes sobre la tierra; leer en el alma de Maduro, de Jorge y de Diosdado, por encima de sus ojos, o atravesando sus miradas, sus muecas, sin dejarnos engañar. El madurismo quedó atrás, sigamos con la revolución socialista y veamos dónde quedó el esfuerzo de Chávez, el sedimento de su conocimiento.

¡Volvamos a Chávez! ¡Alcancemos la cima de nuevo!



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Marcos Luna


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