Hitler y Mussolini, entre la izquierda y derecha para controlar el poder, populistas

Trotsky afirmará que "el fascismo no es solamente un sistema de represión violencia y terror policíaco. El fascismo, es un sistema particular de Estado basado en la extirpación de todos los elementos de la democracia proletaria en la sociedad burguesa (...) mantener a toda la clase en una situación de atomización forzada". ("¿Y ahora? Problemas vitales del proletariado alemán")

Ante el sectarismo del KPD, el revolucionario ruso aconsejará a éste el Frente Único Obrero, donde las organizaciones sobre las que tenían influencia los comunistas, debían proponer a los obreros socialdemócratas el compromiso de luchar juntos contra los fascistas, aun a sabiendas de las diferencias políticas que los separaban.

Esta política podía permitir defender "las trincheras del proletariado en la democracia burguesa" de los ataques del fascismo, pero a la vez aumentar exponencialmente la influencia del Partido Comunista y pasar a la ofensiva impulsando la insurrección obrera hacia la toma del poder.

Justamente acá reside una de las claves del ascenso del nazismo; éste avanzara en su influencia política por las traiciones y los errores políticos de las organizaciones que tenían influencia sobre el proletariado alemán: el SDP por oportunista, su política consistía en esperar las elecciones para elegir algún presidente que jurara fidelidad a la constitución, colocando sus esperanzas en el Estado burgués y el KPD por sectario, que se negaba a llamar al frente único argumentando que la socialdemocracia representaba los intereses de la burguesía igual que el fascismo.

El revolucionario ruso no deja de asombrar por sus predicciones, en diciembre de 1931 escribe: "Si los fascistas conquistaran efectivamente el poder, esto significaría no solo la liquidación física del PC, sino también su fracaso político total. Los millones de obreros que forman el proletariado alemán no perdonaran jamás a la IC y su sección alemana una derrota vergonzosa frente a esta pandilla de basura humana. Es por esto que la llegada de los fascistas al poder haría necesaria la creación de un nuevo partido; con toda probabilidad, también de una nueva Internacional". ("Por un frente único contra el fascismo (carta a un obrero comunista alemán")

La burguesía alemana antes de llevar al poder al nazismo, ensayó distintos gobiernos. Pero ya las consecuencias de la crisis del 29 y los choques que venían experimentado las distintas clases, hacían insostenible la situación y encuentra la única salida en la llegada al poder de Hitler.

La interpretación de León Trotsky al ascenso y llegada al poder de los nazis, contiene como pocos una lucidez teórica sofisticada y uno de los ensayos más serios que se encuentran sobre el nazismo. La traición de la Internacional Comunista, del PC alemán y del resto que apoyó con su silencio, determinaron que Trotsky llamara a crear una Nueva Internacional.

En este nuevo aniversario de su muerte, aprender de sus enseñanzas es una tarea ineludible para todo aquel que se proponga enfrentar a las derechas xenófobas que están resurgiendo en el mundo al calor de la polarización social, y promover una política para que la clase obrera se haga del poder.

La Primera Guerra Mundial había dejado a Alemania en el bando perdedor y, con el Tratado de Versalles, se la despojó de sus colonias y se le aplicó duras reparaciones económicas, además de verse obligada a desarmarse militarmente. La inestable situación que atravesaba el país desencadenó la Revolución de Noviembre en 1918.

La crisis revolucionaria que estalla en ese mes había encontrado a los obreros y soldados organizados en consejos, pero lamentablemente el partido con mayor influencia en la clase obrera, el Partido Socialdemócrata (SPD) logra ponerse a la cabeza del gobierno formado en la revolución y traiciona los objetivos de ésta, asestando un golpe sin igual al proletariado alemán. La derrota costara muy caro a la clase obrera mejor organizada y con mayor tradición política del mundo, además de la vida de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

En 1923 otra situación revolucionaria volverá a presentarse en Alemania, esta vez el Partido Comunista (KPD) por falta de una orientación revolucionaria abandona sus planes insurreccionales y nuevamente dejara al proletariado alemán sin posibilidades de hacerse del poder.

Analizando de conjunto la experiencia del proletariado alemán en este período, Trotsky dirá que "La historia de la clase obrera alemana desde 1914 constituye la página más trágica de la historia moderna. ¡Qué espantosas traiciones de su partido histórico, la socialdemocracia! ¡Qué incapacidad e impotencia de su ala revolucionaria!". ("Ante la decisión")

En este cuadro de derrotas y crisis social hace su aparición el Partido Nacional Socialista (NSDAP), movimiento cuyo programa era la atomización del proletariado alemán y el expansionismo imperialista. Las clases medias empobrecidas y desesperadas por la situación empiezan a buscar en el nazismo una salida a su impotencia e irán votando en las distintas elecciones parlamentarias por el partido que tiene a Hitler como su líder.

Trotsky ya desde 1930 advertirá a los comunistas sobre el peligro que representaba el fascismo, que estudiara a su base social, la pequeña burguesía desesperada y opusieran distintas orientaciones políticas para enfrentarlo.

Bajo la influencia de la Internacional Comunista, de su llamado tercer período y de la política de "Clase contra clase", el KPD caracterizó a la socialdemocracia como "social-fascista" y por ende, declaró su guerra a ésta antes que al nazismo. En las elecciones de 1932 el candidato de la socialdemocracia sacó el 53% de los votos, Hitler casi 37% y el KPD el 10%. Es decir, entre la SD y el KPD el 63%. Pero el PC alemán se negó hacer un Frente Único electoral con la SD y subestimó la fuerza que representaba Hitler. Trotsky partirá de defender las posiciones materiales con las que contaban los obreros alemanes; las organizaciones políticas obreras, los sindicatos, los periódicos, los clubes, etc.

Por esto, debemos dejar los odios y reagruparnos en un solo frente de lucha para controlar el poder, olvidémonos de esta derecha devastadora que nos mata con sus bachaqueros y una FANB, débil que controla los productos agroalimentarios y cárnicos.

Necesitamos, más niveles de conciencia y dejemos atrás las divisiones que quebrantan nuestra unidad de lucha.

Las consecuencias de la crisis capitalista abierta en el 2008, han provocado profundos cambios en Europa, nuevos desarrollos políticos por izquierda y por derecha, el cuestionamiento a los partidos tradicionales, la aparición de formaciones neoreformistas, y el crecimiento de organizaciones de derecha que configuran un panorama que el marxista italiano Antonio Gramsci llamó "crisis orgánica": una combinación de crisis económica, política y social.

Retomar los análisis de León Trotsky sobre el fascismo es fundamental para discutir caracterizaciones políticas y el desarrollo de una estrategia revolucionaria. Escritos hace más de 80 años, al fragor de los combates políticos en que se encontraba la clase obrera alemana, con la urgencia de dar respuestas inmediatas y orientaciones a los militantes comunistas, se revelan como imprescindibles para conocer el legado teórico y político del trotskismo.

Ediciones IPS y el CEIP "León Trotsky" los editó en su totalidad, como parte de las Obras Escogidas volumen 3, e incluyó otros escritos que no fueron publicados en las otras ediciones que se conocen.

A diferencia de fascismo, la palabra comunista no está definitivamente execrada del vocabulario político finisecular. Todavía el imaginario de algunos se aferra tercamente a la idea de bienestar, justicia y libertad que inspiraba la cosmogonía marxista en sus inicios. Están dispuestos a «mirar hacia otro lado» antes que enfrentar la incontrovertible realidad de que la negación de los derechos humanos y, en consecuencia, la injusticia, están intrínsecamente asociadas al comunismo. Para estos siempre habrá oportunidad para demostrar que la utopía se puede construir sin las lacras de la represión, la burocratización y el ahogo de las libertades personales. Fracasaron los hombres, no la idea. ¡La intención fue buena y sólo falta aprender de los errores para, ahora sí, construir el paraíso terrenal! El imaginario que evoca la consigna del «socialismo del siglo XXI», un socialismo nuevo, inédito, que no incurrirá en las equivocaciones del pasado, responde a este tipo de planteamientos. Pero los que honestamente albergan todavía está esperanza no se dan cuenta, como afirmara el filósofo polaco Leslek Kolakowski, de que todo intento de implantar una utopía, por más bella que parezca, pasa por obviar las diferencias de intereses y de opiniones de los demás y termina matando a la política para instaurar, inexorablemente, un ejercicio totalitario. Si bien el comunismo de carne y hueso, como también los postulados doctrinarios a partir de los cuales Marx quiso fundamentar su propuesta de liberación social e individual, aniquilaron toda posibilidad, teórica y práctica de que pudiese materializarse como utopía, ello no termina de ser reconocido por quienes siguen esgrimiendo los ideales que le sirvieron de motivación, para argumentar que la propuesta continúa con vida. Es menester insistir en que las aspiraciones utópicas nunca podrán trascender el hecho de ser construcciones idealizadas, meras fuentes de inspiración, a riesgo de trastocarse –en su intento de plasmarse en realidad– en trágicas negaciones de todo lo que profesan.

Pero, además, la práctica de los regímenes y/o fuerzas que en el mundo de hoy pueden denominarse comunistas o de izquierda marxista se divorcia significativamente de lo que fue el ideario del filósofo alemán, como se argumentó en este artículo. La caracterización de «socialista» de estas fuerzas resulta, por lo tanto, de su autoproclamación como tal y de los convencionalismos que se fueron anidando en el imaginario colectivo, alimentados por la apelación a ciertas categorías retóricas –de «izquierda»–, en particular su postura antiimperialista. Como lo revelan las prácticas de intimidación a la disidencia con bandas auspiciadas por el Gobierno, la restricción a las libertades individuales, el apartheid y la edificación de una falsa realidad con base en la ideología y el control total sobre los medios de comunicación en Cuba, la prédica «comunista» no es más que un ropaje «justiciero», «antiimperialista», para encubrir hoy prácticas abiertamente fascistas.

Hitler no encaja tan fácilmente en la extrema derecha del espectro político como acostumbra pensar mucha gente. Naturalmente, no era un demócrata, pero sí un populista, un hombre que basaba su poder en las masas, no en las élites; en cierto modo un tribuno popular que consiguió el poder absoluto. Su recurso más importante fue la demagogia, y su instrumento de poder no fue una jerarquía estructurada sino un caótico atajo de organizaciones de masas sin coordinación y únicamente aglutinadas por su persona. Todos ellos constituyen elementos más propios de la «izquierda» que de la «derecha».

En este orden de ideas podría argumentarse que el fascismo italiano, en la medida en que se vio obligado a buscar apoyo en los factores de poder existentes –el Rey, los militares, el poder económico– tiene un tinte conservador, a diferencia de la experiencia nazi, mucho más revolucionaria en tanto que se propuso destruir el sistema existente. No obstante, muchos pronunciamientos de Mussolini no avalan esta hipótesis: propugnaba, igualmente, hacer una revolución fascista, si bien las fuerzas que pudo aglutinar a su favor podrían no haber sido suficientes para garantizar su permanencia en el poder sin las alianzas antes referidas. Quizás fuese esa correlación de fuerzas no del todo favorable lo que llevó a que el fascismo italiano no mostrase los rasgos totalitarios del régimen nazi, pese a las pretensiones del propio Duce.



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Emiro Vera Suárez


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