Dos constituyentes

No solo cien años sino el abismo entre una revolución socialista y un movimiento civico-militar de carácter popular o populista, antiimperialista y reformista separan la Asamblea Constituyente de Rusia de la venezolana del 2017.

Tal vez las lecciones que pueden extraerse de esta comparación sirvan, dentro y fuera de Venezuela, para los pseudo-revolucionarios que aun creen que el orden jurídico burgués y sus instituciones – las elecciones, el gobierno, el Parlamento, las Asambleas Constituyentes – tienen algún valor en si mismos.

Los auténticos revolucionarios, con Lenin y Trotsky a la cabeza, demostraron en la Rusia de 1917 que si la superestructura del capitalismo no se pone al servicio de la movilización, organización y armamento de los obreros, en el marco de un estado de agitación popular que incluya a los sectores explotados no proletarios (campesinos, chacareros, arrendatarios empleados, etc.) para la toma violenta del Poder y la guerra civil revolucionaria, no sirven para otra cosa que la derrota o….el onanismo mental.

Si en lugar de subrayar las disimilitudes – como pretendo hacerlo en estas líneas -quisiera encontrar algún rasgo común en el origen de ambos procesos podría exagerar diciendo que para Hugo Chávez la vieja partidocracia de la IV República fue lo que para Lenin la autocracia zarista. Pero a diferencia de Chávez, el revolucionario ruso no se conformó con el derrocamiento del zarismo y la mejoría de las condiciones de vida de las masas sojuzgadas o excluidas, sino que lucho para liquidar la propiedad privada sobre los instrumentos de producción, ponerlos en manos de toda la sociedad y organizar una producción socialista común, dirigida por los propios obreros. Es decir que empeño su vida y obra para hacer realidad, por primera vez en la historia si no se considera la focalizada y breve experiencia de la Comuna de París, el ideario de Marx y Engels.

Sin embargo, cabe recordar que tras la caída del zarismo el Partido Obrero Socialdemocrata de Rusia (POSDR) dirigido por Lenin, comprendió que el nuevo orden correspondía al de una democracia burguesa y, por lo tanto – antes de adoptar la brillante concepción de Trotski de la realización de las tareas democráticas y socialistas en un único proceso y no por etapas (Revolución Permanente) – se planteó la necesidad de asumir el liderazgo del desarrollo capitalista en Rusia comenzando por una reforma agraria.

Pese a su atraso la Venezuela pre-Chávez no era la Rusia feudal. Sin embargo la llamada " enfermedad holandesa" (se produce cuando una mercancía ocasiona un aumento sustancial de los ingresos en un sector de la economía en detrimento del resto, como el caso de la soja en Argentina) infecto por completo el sector petrolero a lo largo de todo el siglo XX (hacia 1930 Venezuela era el principal exportador mundial). Hasta su nacionalización, iniciada en 1971 y consumada en 1976, la burguesía venezolana podía dividirse en dos sectores: la asociada con las trasnacionales extranjeras para la extracción, refinación y exportación de los hidrocarburos, y la dedicada a importar absolutamente todos los bienes de consumo – hasta más estrafalarios como el agua para diluir el whisky – que la población demandaba. No existió nada parecido a una burguesía nacional orientada al mercado interno y, por lo tanto, el país careció de un proletariado industrial, salvo el integrado por los obreros del petróleo y los sectores subsidiarios. Como la producción agropecuaria, principal fuente de acumulación capitalista hasta comienzos del siglo XX, prácticamente desapareció, tampoco el campesinado constituyó una clase social en si. La agricultura, que representaba alrededor de un tercio del PIB en la década de 1920, treinta años más tarde aportaba una décima parte.

¿Puede considerarse entonces qué la burguesía venezolana, como en en el resto de casi todo el mundo desde la Revolución Francesa, impulsó una revolución de carácter democrático-capitalista? Por supuesto que no.

Esa fue, muy tardíamente, la Revolución de Chávez aunque la llamó "socialista", no porque hubiese hecho suya la "Revolución Permanente" de Trotski, sino porque para desarrollarla se apoyó en el Ejército (no en los soldados que podían designar a sus oficiales y removerlos, como en la Revolución soviética) y en los sectores más humildes (implementó una serie de programas sociales conocidos como Misiones Bolivarianas para ampliar el acceso de la población a la alimentación, la vivienda, la sanidad y la educación). Su propósito fundamental frustrado: romper con la dependencia de la renta petrolera diversificando la estructura productiva del país.

El "Comandante" tuvo in mente un ambicioso proyecto para poner los cuantiosos recursos del Estado (no olvidemos que el petróleo ya había sido nacionalizado) al servicio de un sistema integrado y complementario de pequeñas y medianas unidades productivas destinadas especialmente al mercado interno, que abarcara todo el país en función de las características geográficas y los recursos naturales de cada región, provincia y localidad y de la infraestructura existente o por construir en cada una de ellas. Así, con tecnología nacional o producto de convenios de transferencia, impulso la creación de decenas de empresas de todo tipo, Si estas resultaron insuficientes e ineficientes como para alterar la matriz petrolera se debió, fundamentalmente, a la incapacidad y el burocratismo de los altos funcionarios que lo rodearon (el mandatario hizo publicas las críticas a estos en el histórico Consejo de Ministros del 20 de octubre del 2012, difundido por televisión).

No se podían pedir peras al olmo. Una clase dirigente de nuevo cuño no se puede improvisar en unos pocos años, sobre todo si se pretende que conozca, comprenda y aplique algunas categorías marxistas, por distorsionadas que fuesen. La IV República necesitó de demagogos, funcionarios corruptos e importadores con dólares subsidiados que garantizaran la dependencia del Imperio, y no de profesionales capacitados, intelectuales y tecnócratas (salvo los del sector petrolero) para gobernar a una población integrada por una vieja oligarquía liberal o conservadora, una clase media absolutamente cipaya y los sectores populares mayoritarios viviendo al margen de una vivienda digna, alimentación, educación, salubridad y acceso a los bienes culturales mínimos.

Por eso con Chávez estos sectores, al mejorar objetivamente sus condiciones de vida y el poder adquisitivo de sus miserables salarios, se sintieron por primera vez reivindicados y reconocidos como ciudadanos con plenos derechos. No es de extrañarse entonces que en agradecimiento lo hayan apoyado electoralmente en cuatro oportunidades y que hayan hecho suyos incondicionalmente el ideario y los consignas de la Revolución Bolivariana, careciendo de la capacidad y los instrumentos intelectuales para procesarlas y someterlas a una crítica dialéctica.

En cuanto al socialismo hizo de él una interpretación absolutamente heterodoxa – no nacionalizó la banca ni expropió a la burguesía de sus medios de producción y tampoco traspasó el poder a los obreros, manteniendo un férreo control del Estado por si mismo o por medio de sus más allegados, su propio partido, el Socialista Unificado de Venezuela, las Fuerzas Armadas, los responsables de las empresas estatales y la burocracia sindical – combinándolo con el pensamiento de Simón Bolívar, su maestro Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora.

Ademas, en lugar del poder del proletariado y el control de este sobre la producción, algunas veces exaltó el "poder popular" y otras el "poder comunal" (¿inspirándose en las comunas de Mao?). No dejó de referirse a este híbrido ("El Socialismo del siglo XXI") como ¨transicional¨ pero su enfermedad y muerte convirtieron la meta, si es que existía, en un misterio irresoluble.

Tras la toma de posesión de Nicolas Maduro, su sucesor desde el 2013, algunos analistas advirtieron un giro a la derecha con respecto a la estrategia fundante. La destitución de Jorge Giordani, un intelectual de izquierda que con Chávez se desempeño como Ministro de Planificación en cuatro oportunidades, fue interpretada como una señal de ello. En los hechos Maduro dio muestras de carecer de iniciativa propia y debió enfrentar una serie de factores adversos que restaron espacio al terreno ganado por "el comandante". Efectivamente los precios del crudo, de los cuales como queda dicho la economía venezolana no logró independizarse, se derrumbaron en el ultimo trimestre del 2014. Sin embargo, países más dependientes de las exportaciones petrolera como Angola y Kuwait no sufrieron consecuencias tan severas como las registradas en este país sudamericano. Entre los 15 mayores exportadores del mundo ninguno tuvo un retroceso de su PIB de la magnitud de Venezuela: entre un -6% y un – 10 % entre el 2015 y el 2016, según el Fondo Monetario Internacional. Por lo tanto, el origen de la crisis económica en esta nación debe atribuirse a otros factores heredados por Maduro como, por ejemplo, devaluación monetaria, descontrol de las finanzas públicas, fuga de capitales, corrupción, deterioro de la productividad y competitividad, etc. Si a esto se suma el comienzo de una ofensiva económica de la burguesía contra el Estado las consecuencias para la población fueron la escasez de los productos básicos, hiperinflación y desempleo.

Con el consecuente malestar de los sectores populares, especialmente las capas medias, por una parte, y la radicalización de la oposición política y económica respaldada y estimulada por Washington y sus acólitos europeos y latinoamericanos, por el otro, desde entonces hasta la actualidad, incluyendo el establecimiento de la Asamblea Constituyente, el comportamiento del gobierno de Maduro puede considerarse claramente defensivo, por no llamarlo claudicante.

La comparación con lo ocurrido hace cien años en Rusia es la que mejor permite poner de manifiesto esa actitud al tiempo que demuestra como dos organismos de la misma naturaleza pueden tener propósitos diametralmente opuestos dependiendo de su papel histórico.

La Asamblea Constituyente en Rusia

Aún antes de la derrota de 1905 el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) dirigido por Lenin se pronunció en favor de la convocatoria, mediante el sufragio universal, directo y secreto de todo el pueblo ruso, de un organismo (la Asamblea Constituyente) que asumiera todo el poder, derrocara a la autocracia y la reemplazara por "un gobierno provisional revolucionario".

¿A que tipo de gobierno se refería? A un gobierno democrático que garantizara "la libertad más completa posible" tanto desde el punto de vista de los intereses inmediatos del proletariado (jornada laboral de 8 hs., libertad de reunión y asociación de huelga, reconocimiento de las diferentes nacionalidades, etc.) como de los objetivos finales del socialismo.

¿Pretendía el POSDR que esa Constituyente y el gobierno surgido de ella posibilitaran la toma del poder por parte del proletariado? Absolutamente no.

La resolución del III Congreso del POSDR aclaró que en ese momento "la conquista del poder no estaba a la orden del día. "El grado económico de Rusia (condición objetiva) y el grado de conciencia y organización de las grandes masas del proletariado (condiciones subjetivas) hacen imposible la liberación completa inmediata de la clase obrera", sostuvo en contra de la opinión de los anarquistas que se negaban a esperar que esas condiciones maduraran.

Y entonces ¿para qué un gobierno democrático revolucionario?

Para que mediante el régimen de libertad "mas completa posible" que se le exigía, el partido de la revolución pudiese hacer avanzar las condiciones a las que se refería mediante la ocupación de las tierras por parte de los campesinos, el armamento, adiestramiento y organización de los obreros. Es decir su preparación ("y empleo activo, no solo defensivo, sino también ofensivo") para la lucha armada contra sus enemigos de clase, ineludible e inevitable llegado el momento. Ese momento – Lenin no tenia ninguna duda – sería el de "la guerra civil directa".

Estas últimas eran las tareas revolucionarias fundamentales. La Asamblea el marco propicio para su desarrollo. Sin ellas lo jurídico-institucional era una cáscara vacía.

Derrotada la Revolución de 1905 Lenin orientó a los Comités Campesinos a "apoderarse de las tierras y disponer de ellas hasta que la Asamblea Constituyente fuese una realidad".

El gobierno provisional (democrático-burgués, aliado con la derecha y con sectores del antiguo régimen) surgido de la revolución de febrero de 1917, pese a los insistentes reclamos del POSDR, nunca convocó a esa Asamblea. Pero, en lugar de ella del seno de las masas proletarias y de soldados los bolcheviques organizaron los famosos "Soviets", comenzando por el de Petrogrado, que más tarde se unificarían en Consejo de los Soviets de toda Rusia.El "Poder Dual" había quedado establecido.

En "Pravda" del 7 de abril Lenin escribió: "sin los soviets de diputados obreros y soldados la convocatoria de la Asamblea no está garantizada ni su éxito es posible".Y más adelante: "hay una sola forma de garantizar la convocatoria dela Constituyente y su éxito: aumentando el número y consolidando la fuerza de los soviets de diputados obreros, soldados y campesinos; organizando y armando a las masas obreras".

Como se sabe con el triunfo de la Revolución de Octubre (la resolución del "Poder Dual en favor del proletariado) todo el poder fue entregado a los Soviets, más concretamente al Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero Lenin estaba comprometido con la convocatoria de la Asamblea y tras ilegalizar a los partidos de la contrarrevolución (los partidarios del general Kornilov y kadetes) cumplió su palabra.

Como lo que estaba en juego era nada menos que la consolidación y el futuro de la Revolución, se trataba de asegurarse una mayoría del POSDR en la Asamblea y que el organismo se limitara a sancionar lo que los soviets aprobaran.

Sin embargo, el resultado de las elecciones, salvo en Petrogrado, le fue desfavorable a los bolcheviques que quedaron en franca minoría (38%).

¿Podía hipotecarse la primera Revolución Proletaria mundial a una votación en la que había terminado por imponerse la conciencia permeada por la reacción en las regiones más alejadas y atrasadas de Rusia? Por supuesto que no. No se trataba de elegir entre candidatos a la Presidencia de una República o de decidir la suerte de un proyecto de ley.

A través de los años la gran burguesía ha logrado convencer a las capas medias y a la mayoría de los trabajadores – inclusive a no pocas organizaciones políticas de izquierda que se dicen revolucionarias- que todo se resuelve mediante los votos ("al que le quepa el sayo…"). Seguramente, si los grandes cambios en la historia de Occidente- esclavitud, feudalismo, mercantilismo, capitalismo industrial, dictadura global del capital financiero – hubiesen dependido no de la violencia más cruda sino del pacífico, pulcro y "civilizado" sufragio universal, aún estaríamos con cadenas en los tobillos y arrodillados bajo el látigo del amo. Los más sometidos -la mayoría – son los menos conscientes de su condición. Por eso será una nueva violencia, de magnitud y características por ahora inimaginables, la que acabará con esa última fase del capitalismo. O el mundo será inhabitable como producto de sus propias contradicciones.

Lenin dispuso la disolución de la Asamblea Constituyente dos días después de su instalación.

A modo de conclusión se puede afirmar que los bolcheviques concibieron la Asamblea Constituyente como el organismo que podía proporcionar el marco jurídico-institucional para la lucha revolucionaria. Una vez que el Consejo de los Soviets de obreros, soldados y campesinos de toda Rusia asumió ese papel la nueva Rusia pudo prescindir de una Asamblea Constitucional peligrosamente contrarrevolucionaria.


La Asamblea Constituyente en Venezuela

No fue la revolución burguesa impulsada en Venezuela por el "Socialismo del Siglo XXI" la que puso a este país en la mira de Washington. Tampoco, como muchos analistas piensan, sus reservas de petróleo, las mayores del mundo, a las que de todas maneras Estados Unidos tiene acceso garantizado. (La única medida antiimperialista que los "revolucionarios" venezolanos no pueden tan siquiera considerar es interrumpir el suministro de crudo a su principal comprador. Significaría hacerse el harakiri).

Si el Imperio decidió sabotear (paro petróleo e intento de golpe de Estado militar del 2002), obstaculizar y, eventualmente, acabar con la "Revolución Bolivariana", se debe a su carácter de financista de todos los gobiernos y movimientos progresistas y antimperialistas de América, primero, y a sus diferentes tipos de alianzas con los grandes competidores de Estados Unidos en el tablero geopolítico y económico global, después. (James Petras: "Venezuela es un blanco de agresión no tanto por el petróleo, sino por el papel que encabeza para la integración latinoamericana").

No está claro cuando el Poder estadounidense decidió elaborar una estrategia de confrontación (no necesariamente de guerra) en contra del régimen venezolano. Pero es evidente que esta estrategia existe y que los encargados de ponerla en practica inicialmente fueron los viejos partidos tradicionales, la Socialdemocracia y la Democracia Cristiana (esta última precisamente creada como una de las principales fuerzas contrarrevolucionarias a nivel mundial después de la II Guerra), los pseudo-partidos minoritarios de derecha y los dos últimos gobiernos colombianos. Últimamente dentro del país se han sumado activamente las capas medias, algunos sectores populares otrora chavistas, el lumpenproletariado y toda clase de delincuentes incluidos mercenarios colombianos. En el exterior se ha consolidado un bloque de los gobiernos más antipopulares de América Latina y en Europa los Estados-gobiernos lacayos de Estados Unidos demuestran, una vez más, su ausencia de poder soberano y su sometimiento.Todo esto en el marco de una feroz campaña mediática sin precedentes.
Primero aprovecharon la corrupción y la ineficiencia del gobierno, su partido, el Socialista Unificado de Venezuela, y las empresas estatales para profundizar la crisis económica que llevó el desabastecimiento, la inflación, la devaluación monetaria, el mercado negro, la fuga de capitales, la desinversión y el desempleo a niveles insoportables para el pueblo. Con ello lograron generar malestar y restarle apoyo de masas al chavismo.

La llamada "guerra económica"se convirtió en "guerra política" cuando lograron ganar las elecciones legislativas del 2015 con 7,7millones de votos y obtener la mayoría en la Asamblea Nacional. Ante esta derrota la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de atribuirse a si mismo las funciones de la AN fue considerada dentro y fuera del país como un "auto-golpe de Estado".

El siguiente objetivo estratégico de la oposición, envalentonada por la victoria parlamentaria, fue exigir la caída de Maduro mediante un referendo revocatorio o el adelantamiento de las elecciones presidenciales previstas para finales del 2018.

Para imponer estas consignas se lanzó a las calles y con una capacidad de movilización, nivel de combatividad e instrumental defensivo y ofensivo que solo se logra mediante una planificación y entrenamiento previos (probablemente a cargo de agentes extranjeros) pudo desafiar y enfrentar todo el aparato de seguridad del Estado, atentando cada vez que se lo propuso contra el orden público. Pero, el gran triunfo de esta guerra callejera consistió en su manejo propagandístico y mediático gracias al cual pudo presentarse ante la opinión pública nacional e internacional más despolitizada e ingenua como víctimas de la represión policial y no como agresores utilizando métodos y medios de carácter terrorista, como en realidad ocurrió.

Los para nada ingenuos – cómplices en esa estrategia – observadores y organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y "Américas Watch", entre muchos otros, y gobiernos a las ordenes de Washington, no dudaron en convalidar el engaño, calificando al gobierno de Maduro como una "dictadura sangrienta".

Mientras tanto el "madurismo", en lugar de asumir la lucha frontal y recurrir a las grandes masas aún fieles al chavismo y sus organizaciones para librar esa lucha callejera e imponérse en ella, insistió una y otra vez en el dialogo y la negociación de "la paz" con sus enemigos. Estos intentos fueron interpretados por los responsables de la ofensiva como una muestra de debilidad y pérdida de toda iniciativa de combate e invariablemente concluyeron con vergonzosas derrotas del oficialismo: la oposición no retrocedió un ápice en sus exigencias de que Maduro abandone su cargo y se levantó de las mesas de negociación dejando al gobierno con la mano extendida.

Finalmente el gobierno, vaya uno a saber por iniciativa de quien, se sacó de la manga la convocatoria a elecciones para la integración de una Asamblea Constituyente formalmente encargada de reemplazar la Constitución chavista vigente desde 1999. ¿Con que orientación?
Esto depende de los propósitos políticos concretos e inmediatos de tal Asamblea.

El propio Maduro se ha encargado de aclarar que por medio de ella pretende lograr lo no obtenido hasta ahora, es decir la paz y la reconciliación entre los venezolanos. Por lo tanto, en vez de un organismo destinado a garantizar las condiciones para la preparación de la lucha de clases frontal, como lo concibieron los bolcheviques, uno destinado a la negociación con la burguesía y el imperialismo.

Así quedan planteados dos grandes interrogantes:
a) ¿Con quien discutirá y negociará el gobierno en la Asamblea Constituyente si la oposición se negó a participar en las elecciones para su conformación? ¿Acaso entre los propios chavistas, divididos entre "maduristas" y no "maduristas"? Si este fuese el caso, por las dudas el gobierno se ha asegurado que la cúpula de la Asamblea pertenezca al grupo más incondicional dentro del PSUV,

b) En caso de que algún tipo de negociación quedara planteada entre la Constituyente y sus enemigos (nacionales e internacionales) de afuera ¿qué concesiones estaría dispuesto a hacer el gobierno a cambio de la paz?

El contrato que acaba de firmar con la petrolera estadounidense Horizontal Well Drillings podría ser la primera señal de la reprivatización del sector de hidrocarburos y de la intervención de empresas extranjeras en la explotación de las extraordinarias riquezas mineras de la franja de Orinoco. Y estos, a su vez, pruebas de la intención del gobierno de cambiar el modelo económico estatista seguido hasta ahora por uno de "economía mixta" o de "socialismo capitalista" o de mercado, tipo China.

En conclusión, independientemente de la legalidad o no de la convocatoria a la Asamblea Constituyente y de la cantidad real de votos obtenidos por los asambleístas (nunca se sabrá), cuestiones de menor importancia, lo fundamental consiste en confirmar o no que la Asamblea y la Constitución de ella surgida apuntan a obtener la paz desandando el camino seguido por Chávez y negociando con los eternos enemigos de la clase obrera. Tal sería el resultado final del "Socialismo del Siglo XXI", en las antípodas del marxismo-leninismo,



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