El gobierno publicitario y el mismo “cliente” de siempre

¿Cuánto dinero gasta el gobierno en publicidad? Muchísimo. El gobierno tiene publicidad pagada en todos los canales privados de señal abierta, incluyendo Globovisión. Esta publicidad en cierta forma sustituye al ejercicio de la política. Cuando no se maneja un discurso político coherente resulta más provechoso para adquirir una popularidad positiva la publicidad efectista, apelar a sentimientos, imágenes de un presidente que abraza a una niña, que baila salsa y usa liqui liqui; hablar del futuro sin tener que explicar el cómo se alcanza. Cuando no se tienen argumentos políticos o científicos, se apela a las emociones, a los sentimientos. Eso es lo que hace el gobierno en sustitución de la política. Instala Slogans en la psiquis de las masas, en sustitución de consignas políticas en la consciencia: "Venezuela indestructible" por "Venezuela socialista", por ejemplo.

Esa palabra de "indestructible" es tan vaga como preciso es el "socialismo". Se puede decir del capitalismo que es indestructible pero no se puede decir del socialismo que es capitalista (o viceversa). Algunas de las "frases slogan" vacías de consignas, de política: "Cuando digo soy, digo somos"; "estamos unidos y defendemos a Nicolás Maduro"; "Paz no quiero guerra, yo quiero paz" (el estribillo de una salsa ahorra al presidente dar una verdadera "explicación" política acerca de la paz); "Cuatro años con Maduro van sembrando el Futuro" (pero nadie sabe cómo es eso). Se trata de apelar a una emoción y un sentimiento y nada más.

El otro aspecto de suma importancia, el cual ha sido sustituido por el slogan publicitario y la campaña publicitaria es la elaboración de teoría. La discusión de teoría política, socialista revolucionaria (inclusive de la otra, de la que no es revolucionaria, la teoría reformista, el liberalismo, lo que sea que requiera hacer pensar a las personas) se ha relegado a especialistas; nuestros líderes no lo son. Cuando uno ve tanta publicidad "revolucionaria" en la televisión deduce inmediatamente que no hay nadie en el equipo del gobierno preocupado por la teoría y la práctica revolucionarias. En los programas de televisión de "resistencia política y mediática" solamente gobierna el pensamiento el Slogan, el hashtag, los tuiters, las "tendencias", y cuanta técnica de mercadeo moderno para vender simpatías, o la imagen de un Presidente y de un gobierno que trabajan mucho, pero nadie explica detalles, habla de las dificultades, de qué es lo que se ha corregido y qué se tiene que corregir, y cómo se tiene que hacer.

Ahora el gobierno, el presidente y algunos gobernadores se venden como una mercancía electoral, venden popularidad y cero política. El deber de un revolucionario es convencer, dar buenos ejemplos, no venderse como un jabón, no ponerse de moda, o tratar de convencer sin conviccionesclaras, sin dar claros y buenos ejemplos; sin eso es casi imposible persuadir a alguien políticamente de que tenemos la razón (El presidente no puede seguir regalando taxis en la calle y publicitarlocomo una gran conquista social, porque no lo es. Todo lo contrario, significa todo lo contrario, abuso de poder, demagogia, populismo barato)

Crear consciencia es distinto que emocionar a la gente fundando falsas expectativas hablando de "futuro", de "victoria", sin explicar cómo se llega a ello. O entusiasmándola para librar una lucha contra un enemigo sin rostro. Hay que explicar bien las cosas: qué tipo de guerra libramos, contra quién luchamos, cuáles son nuestras armas. La revolución socialista no se agota en unas elecciones ni es un discurso vacío. La revolución es cambiar por dentro y por fuera. Para eso debemos saber dónde, cómo y con qué hacerlo. Crear consciencia también responde a estas interrogantes. Y para poder hacerlo hay que estudiar, debatir mucho, discutir, criticar y criticarnos duro, ver los descuidos y errores; forjar valores revolucionarios, algo que es más complicado y penoso que hacer una campaña publicitaria. Lamentablemente el trabajo político hoy se ha reducido a campañas publicitarias, a vender liqui liques, a bailar salsa, y a resaltar valores que no existen o que no se practican. Y distraer a la gente en la Plaza Diego Ibarra de sus frustraciones.

¿Dónde están los cambios de hábitos? Al contrario, más bien se amañan los malos, el logro fácil, el consumismo, el derroche (hablamos de nuestra burocracia llena de camionetas nuevas y cementerios de chatarras, de caravanas de guardaespaldas, de nepotismo, etc. y de funcionarios indiferentes con mentalidad nuevo rica).

¿Quién va defender una revolución que no es revolución, sino que es más de lo mismo? El mismo cliente de siempre. Sepan amigos lectores que luchar por lo mismo de siempre no vale la pena. Nosotros decimos junto a Chávez ¡Socialismo o nada!

 



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Marcos Luna


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