El gobierno de Maduro y el eterno presente de la publicidad

Cuando se lucha por una causa heredada del pasado, la historia nos sirve para rectificar los errores cometidos, no para persistir en ellos. El pasado es nuestra memoria. Si en aquel tiempo las reformas no sirvieron contra el capitalismo no podemos insistir en reformar el sistema capitalista. El sistema capitalista es muy viejo como para ser reformado, solo una revolución verdadera puede arrancar de raíz el orden establecido las cosas, como la mala yerba.

El gobierno está muy implicado con las reformas y no con verdaderos cambios, a causa de su pensamiento pequeñoburgués, hegemónico dentro de su composición; tiene miedo al cambio por razones ideológicas, asumidas por cada uno como razones muy personales. El estilo de gobernar y la práctica de vida de la mayoría de sus elementos es el mismo de la cuarta república, ¡idéntico!

Un ministro "menor" se mueve por la ciudad con tres camionetas nuevas llenas de guardaespaldas y motociclistas que trancan el tráfico. Ese mismo ministro ostenta de su "aspereza", por supuesto.

Nadie con esos hábitos de gobierno y de vida puede pensar en la solidaridad, en la conciencia de clases y en el deber social; no hay en su norte ningún tipo de revolución. Su pensamiento se satisface en el poder y en la ostentación, primero. Y segundo, con ese "espíritu" no se puede hacer la revolución socialista.

Por otra parte, bastaría que algún miembro distinguido del mismo gobierno diera ejemplos de austeridad y humildad para que algunas cosas cambiaran. Bastaría que el Presidente hablara con más sensatez, de forma reflexiva, sin alharacas y sin tanta prepotencia para que las cosas fueran diferentes. Él, siendo el máximo líder, debería dar el ejemplo de lo que debemos ser como sociedad ¿Por qué no empezamos con la honestidad?

Pero no es así. Su presencia en público es como la presencia de un salvador, que todo lo puede, que todo lo sabe, que hasta sus propios defectos los toma como virtudes, sin reflexión, sin pudor, y en "cadena nacionale", de cara al país.

Siendo esto así, es difícil esperar alguna rectificación concienzuda en el presente de la dirigencia nacional, respecto a errores cometidos en el pasado, en otras experiencias, en otras revoluciones. La lectura de la historia para ellos tiene el mismo sentido que la geología petrolera. El pasado es útil, pero como un producto geológico el cual es sirve para ganar dinero, no conocimientos de historia. El pasado, en rigor, está alienado del presente, convertido en estatuas (piedra); en homenajes (rituales); imágenes fantasmagóricas, casi que mitológicas. Así conocimos a Bolívar, Sucre, Marx, Lenin, Fidel, el Che y ahora Chávez. Hasta se nos cuentan sus zagas heroicas en formas de historietas, y con ellas nos sentimos satisfechos.

A Fabricio lo acaban de "congelar" en el Panteón Nacional. Nadie leyó la carta de renuncia al Congreso Nacional, nadie la comentó o hizo de ese documento una lección histórica para reflexionar sobre el presente, una "herencia política". Ni siquiera aquellos que estuvieron con él y que todavía se dicen hoy revolucionarios les interesa (…pero se sienten "revolucionarios puros", sin herencia, sin sentido histórico; aquellos mismos que "persiguieron" a los "reformistas y socialdemócratas" del pasado (ahora se hacen los pendejos)…Gracias, además, por reflexiones políticas, como las hechas por Fabricio Ojeda, las cuales motivaron su "Carta de renuncia" y su conducta y conciencia revolucionarias en la guerrilla).

Descripción: https://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gifHoy, otra vez, la revolución cubana se desprende de la línea de vida de la herencia, fosilizándose como el modelo "inimitable", como lo "inalcanzable", en la "publicidad" de los socialdemócratas revolucionarios. Ni se diga de la revolución Rusa: ella vale para justificar casi todo entre el bien y el mal. Estamos conmemorando 100 años de aquel año donde fue posible aquella heroica gesta revolucionaria y ahora nadie la estudia, la examina para entender un proceso humano tan complejo y "revolucionario"; para ver qué hay en él que nos dé luz, a fin de corregir nuestros errores presentes: ¿Por qué los pequeños propietarios del campo y los pequeños propietarios en general son tan reaccionarios? ¿Por qué el líder debe multiplicarse en la conciencia del pueblo trabajador? …

Para tales cuestiones esta sería una buena respuesta hecha pregunta ¿Por qué nuestra prioridad no puede serpagar a los pobres por la lealtad a sus líderes? ¿Por qué ahora no nos proponemos convencer a los chavistas, antes de comprar sus lealtades, de que el esfuerzo liberador tiene que ser de todos y para todos por igual? Todas estas interrogantes vienen de errores y aciertos que surgen desde el pasado.

Crear "conciencia del deber social" no es cosa de discursos vacuos, acompañados de prácticas opuestas a su significado moral; no es cosa de ejercicios publicitarios, y nada más. El discurso revolucionario tiene que ser un compromiso práctico con la sociedad, si es revolucionario de verdad; la palabra para los revolucionarios es casi un apostolado, ¡una profecía! de la voluntad, como lo fue para Fidel, el Che, o Lenin.

Con este compromiso político se puede sustituir al capitalismo, al egoísmo, al individualismo a ultranza. No se puede ser una persona, un verdadero individuo sin satisfacer las necesidades colectivas, de toda la sociedad, sin asumir un compromiso ¡Por la salud de toda la sociedad, de toda la humanidad! Bajo ese compromiso sagrado es como se activa la "lucha de clases" interna, justo en el corazón de "conciencia pequeñoburguesa" que arrastramos, descansada en nuestra cotidianidad. Hasta el momento del martillazo de las razones de la revolución, del conocimiento, del espíritu de estudio, de la comprensión, de la conciencia revolucionaria, por lo menos.

Algo distinto es hacer como "si se es", falsificando los símbolos, debilitando la fuerza semántica de las palabras, en la alocución del publicista, límpida, simple, maniquea, pequeñoburguesa, gregaria.

Distintas fueron las lecciones del Che Guevara vividas y escritas, fraguadas en el pasado pensando en el futuro. Pero ahora el Che es una "marca" más, otro candidato para ser "adorado" en un Panteón Nacional y a la vez ser un símbolo vintage, que no llega ni siquiera emblema del joven rebelde. ¡Nadie lo lee!, ¡nadie lo estudia!, pero muchos lo exhiben en el pecho.

El último guevarista en el gobierno fue Chávez. El último gobernante de este país con verdadero sentido histórico del presente, con sentido histórico de su contemporaneidad, fue Chávez. Y ya está en el trámite de llegar a ser una "marca registrada" de la revolución bolivariana, sin heredad, sin legado histórico, es decir, sin moral, sin vida revolucionaria ejemplar, sin inteligencia y discurso revolucionarios; un Chávez en proceso de ser deshumanizado, disecado ¡Falsificado! o "interpretado", transformado en algo tan útil como la harina de papa.

¡Viva la historia! ¡Viva el conocimiento! ¡Viva el estudio! ¡Viva la conciencia del deber social!

marcos.luna@gmail.com



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Marcos Luna


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