Maduro y el caos

Mi “Carta abierta a los disidentes del chavismo” concitó varias respuestas. Algunas inteligentes y argumentadas, por más que tenga yo diferencias con ellas. Esas se agradecen, porque enaltecen el debate y tienden a hacerlo fructífero. Otras, propias de idiotas, apuntan a declarar que soy una especie de “enchufado” que estoy ganando mucho dinero y cuidando un puesto, y otras bajezas que intentan liquidar el mensaje matando al mensajero. A esos ni los menciono, pues no bajaré a tales pantanos. Que se queden ladrándole a la luna desde su lamentable pequeñez.

Bien, volvamos a lo nuestro. Comencemos diciendo que este mundo en el que transcurren nuestros días se encuentra sumido en un magnífico caos, como consecuencia de la época de la decadencia del sistema capitalista y de su expresión superior, el imperialismo. Por doquier crisis económica y política, guerras, intervenciones militares, revoluciones, conflictos étnicos y religiosos, desplazados, refugiados, terrorismo de Estado y terrorismo creado por la opresión, el odio y la injerencia imperial, violencia gratuita como la que aparentemente sin razones políticas, se evidencia con masacres en escuelas, universidades, centros comerciales y otras localidades.   

Ese caos tiene nombre y apellido: imperialismo, capitalismo. Ya adelantaban Marx y Engels de dónde proviene el caos, en el Manifiesto Comunista: “Las condiciones burguesas de producción y de cambio, el régimen burgués de la propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, semeja al mago que no sabe dominar las potencias infernales que ha evocado”. Pero además el caos es una característica mundial que se extiende a todas las regiones y países, por la sencilla razón de que la dominación capitalista es universal, omnipresente. Esto también fue previsto por Marx y Engels en el Manifiesto: “En lugar del antiguo aislamiento de las naciones que se bastaban a sí mismas, se desenvuelve un tráfico universa1, una interdependencia de las naciones”. Esto lo escribieron los dos grandes pensadores en 1848. Han transcurrido 168 años desde entonces, y ese proceso no ha hecho sino profundizarse hasta nuestros días, cuando se ha consolidado con el advenimiento de la dictadura mundial del imperialismo.

El caos que se trata de imponer a Venezuela, y que se ha logrado en buena parte, con los fenómenos del desabastecimiento, la especulación, la inflación y la conflictividad política no puede ser deslindado del caos universal, del caos del imperialismo-capitalismo. Es el mismo caos en versión nacional. Y no es su peor manifestación en el mundo, sin querer restarle gravedad a nuestra situación.
El caos no es culpa de Chávez, ni de Maduro ni de la Revolución. La responsabilidad real es del imperialismo y del sistema mundial del capitalismo, que nos somete a su tiranía en todos los órdenes, a sus injustas relaciones de producción (que siguen siendo dominantes en nuestro país, en tanto somos un país capitalista), a su cultura egoísta deleznable, a sus vicios heredados de siglos de opresión que han culminado en la eclosión de la sociedad burguesa ¿Acaso alguien pretendía que estas plagas se acabaran en 17 años de gobiernos populares?

Ahora bien ¿significa lo anterior que no se haya cometido errores? Por supuesto que no. Pasa también que hay quienes pretenden tener el monopolio de la crítica y en ese camino confunden actitud crítica con oposición al Gobierno de Maduro, desde una perspectiva de “izquierda”. Y hay quienes desde esos sectores atribuyen nuestras ideas a lo que perciben como una personalidad aduladora y acrítica. Será que nunca nos han leído. Véase algunas cosas que decíamos en una serie de artículos muy recientes, publicados en julio pasado en Aporrea.org y en Rebelión.org:

“Es preocupante para nosotros que en tiempos recientes, al menos en Venezuela, hay síntomas de que la presión de las urgencias tiende a un peligroso cercenamiento del debate, que incluye desprecio por las discusiones teóricas, por los llamados ‘intelectuales’, por la crítica (la cual se menciona mucho y se ejerce poco)”`

“En Venezuela, las organizaciones populares más desarrolladas detentan cuando mucho cierto poder administrativo o alguna capacidad gestora, pero no así algún poder político efectivo. Un ejemplo de ello son las elecciones a cuerpos legislativos, en las que la decisión sobre las candidaturas se la reservan los partidos políticos (fundamentalmente el PSUV, principal partido de Gobierno, en el caso del movimiento revolucionario). Esos candidatos terminan siendo candidatos de tales partidos y no de las comunidades que después los eligen, si es que los eligen”

“… es obligatorio introducir cambios importantes en los modos de resistencia de las fuerzas populares. La Guerra No Convencional no puede ser enfrentada con partidos convencionales, lenguajes convencionales y herramientas convencionales. Las fuerzas progresistas latinoamericanas han contribuido con sus errores a facilitar la acción erosiva de sus enemigos, cayendo en las trampas de la institucionalidad burguesa que no han logrado transformar y mostrando poca capacidad de adaptación a las nuevas realidades surgidas tras sus victorias de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI”.

“En el caso venezolano, hay además síntomas de una concepción utilitaria y/o clientelar de las organizaciones populares, una burocratización evidente de los partidos revolucionarios, señaladamente del partido fundado por Chávez, el PSUV, una separación física de los problemas del pueblo”.

“Algunas políticas esporádicas vinculadas supuestamente a la transferencia de poder político al pueblo organizado han terminado siendo actividades más propagandísticas que otra cosa, sin continuidad, espasmódicas y, sobre todo, sin trascendencia más allá de ciertas decisiones administrativas, algunas de ellas importantes, sin duda, que han culminado con logros concretos. Pero no han servido para que se le dé tal continuidad a la participación política duradera y al protagonismo permanente del pueblo. Ejemplo de ello son el “parlamentarismo de calle”, el “gobierno de calle” y el “parlamento comunal”.

“… el PSUV ha terminado siendo una eficiente maquinaria de movilización política militante, pero alejada de la inmensa mayoría del pueblo, en buena parte por su carácter sectario y excluyente”.

“… parece llegado el momento de profundizar el debate sobre la izquierda latinoamericana, su destino, sus ideas, sus métodos, sus ejecutorias políticas y las de los gobiernos que ha podido asumir. Y de asuntos más estratégicos, por ejemplo sobre lo que hasta ahora se asemeja más a una entelequia que a una concreción: el socialismo”

Creemos que de esta manera vamos torpedeando dos mitos: uno, el de que soy un simple adulador que ando cuidando supuestos privilegios y cargos. Otro, el de que los disidentes del chavismo (insisto en llamarlos así) tienen el monopolio de la crítica. Yo soy crítico y apoyo al gobierno de Maduro, por razones ya expuestas. Ellos no son simples críticos ni solo opositores a nuestro Gobierno, sino que además se alinean con los planes intervencionistas contra Venezuela, repito, sépanlo o no, quiéranlo o no.

Ya para ir acercándome al final de este artículo, voy a citar al compatriota Juan García Viloria, quien en una réplica a mi “Carta abierta…”, expone lo siguiente:

“La política antiimperialista que es una categoría económica de independencia nacional frente a las corporaciones financieras y empresas trasnacionales se ha abandonado y casi hay puerta franca a los capitales imperiales que se expresan principalmente en el Decreto Inconstitucional del Arco Minero, la Ley de las Zonas Económicas Especiales con violaciones constitucionales de carácter laboral, tributario y ambiental de todo tipo y donde se encuentran insertos la mayoría de los 15 motores, en toda la línea de ‘atraer’ capitales extranjeros”.

Más allá del dogmatismo generalizador de este párrafo, me interesa la declaración de que el de Maduro no es un gobierno antiimperialista. Suponemos entonces que toda la agresión y los planes del imperialismo contra Venezuela tienen otras razones: que Maduro les cae gordo, que Estados Unidos está sinceramente preocupado por la democracia y los Derechos Humanos, que los gringos adoran la Constitución Bolivariana y quieren defenderla, que están molestos porque Maduro traicionó el legado de su amigo (de ellos) Hugo Chávez ¿Será por eso que John Kerry, Almagro, Macri, el grupo IDEA y compañía están tan entusiasmados con el Revocatorio de la MUD, que tiene en Venezuela viejos y nuevos defensores? Sí, hablamos del Revocatorio que está incluido en la Constitución para reafirmar la soberanía del pueblo y que ahora pretende ser usado oportunistamente para conculcar la soberanía de la Patria.

El caos que se genera en Venezuela, además de tener su origen en el dominio capitalista del mundo, es además un método ya utilizado en otras latitudes para acabar con gobiernos “incómodos” al imperialismo. En América Latina tiene también la intención de apagar una luz, de extirpar un “mal ejemplo”, y de acabar después con los gobiernos populares de Ecuador, Bolivia, Nicaragua. El Salvador y, si se les permite, terminar aislando totalmente a Cuba con el sueño de poder torcer su camino finalmente. Venezuela, y señaladamente Nicolás Maduro y nuestro Gobierno antiimperialista, son un pesado obstáculo para los planes de dominación imperialista y hasta un ciego, si así lo quisiera, podría ver algo tan claro como eso. Y allí está el corazón, el meollo, la nuez, la más sagrada razón de esta lucha. Es por ello que existe el dicho de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.



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Néstor Francia


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