Hace falta un líder revolucionario, moral y de carácter, un modelo positivo

Hace falta un buen ejemplo. Una persona valiente que no se deje robar ni matar antes de maldecir, insultar y retar a la pelea a sus captores y asesinos. Una mujer que no se deje violar viva, un hombre que no deje de cantar o gritar antes de que le corten la garganta o la lengua. Hace falta un buen ejemplo que no le tema a defender sus principios de cualquier manera y en cualquier lugar y circunstancia. Venezuela necesita un buen ejemplo que pueda sujetar y sostener a una sociedad que ahora es capaz de entregar su voluntad a manos de los más horribles y desquiciados de todas las carencias y ausencias morales.

En el momento que se escribe esta nota habla Julio Escalona en el homenaje a Jorge Rodríguez padre, tratando de moralizar a una audiencia joven que ignora casi que lo fundamental de una revolución socialista: vivir dignamente, vivir sin miedo.

No es fácil. Uno conoce la dignidad cuando nuestro padre, el modelo de nuestro porvenir, fue, vive o vivió dignamente. Y a veces ese padre no valió de nada porque no lo conocimos jamás, por más digno que hubiera sido…. Pero siempre será un padre digno, quien todavía nos hace (o nos hizo) dignos.

Mi padre Fidel. Y el padre Bolívar. Jorge Rodríguez (padre), o Fabricio, o Lovera pudieron haber sido mis padres si los hubiera conocido más de cerca. Chávez, fue mi hermano mayor. Estuvo conmigo tantos años... Buenos ejemplos, ¡máximos ejemplos!

Mientras han estado cerca de nosotros no ha habido espacio para la maldad y los siete pecados capitúlales. Todo nos obligó a pensar y a fortalecer los nervios y la memoria; a ejercitar la voluntad. Con sus enseñanzas no queda tiempo para adular al pendejo y atender al mentiroso y a la mentira… Porque de tanto tiempo que los tuvimos cerca nos habituamos a esas correcciones. Nos hemos acostumbrado a emerger, desde lo más hondo de la inconciencia, con algo fresco dentro de las manos.

Conscientemente nos hemos enlodados en el pecado. Hemos sido crapulosos alguna vez. Pero solo para que el vicio y la maldad no nos tomaran por sorpresa alguna vez. Para saber reírnos y apiadarnos a la vez de la miseria espiritual de los cobardes, que se dicen poderosos y que nos quieren gobernar.

Nuestros padres nos enseñaron a burlarnos de la maldad del verdugo y del torturador. Y a no darle oportunidad al goce de sus vicios, a satisfacer el desenfreno del homicidio con ventaja.

Necesitamos un líder que nos de buenos ejemplos revolucionarios: dignidad y valor. Creo que es suficiente un solo tronco robusto y unas raíces profundas para sostener a toda una comunidad de vida, diversa, distinta en su naturaleza. Pero una hecha una sola de compromisos vitales, de vida y muerte. Así de robusto debe ser y mostrarse el líder que necesitamos. Nadie debe estar por encima de él mientras sea él el intérprete de nuestros más nobles deseos y mejores sueños.

Que la palabra se haga necesaria en sus arengas y discursos. Que no le sobre, como al poeta. Que no aturda, que sea como un pequeño duende invisible que obliga, o un ángel, que nos lleva de la mano, para hacer nuestros deberes y levantarnos en las mañanas temprano de la cama, cuando la muerte parsimoniosa busca encantarnos con la apatía, la flojera, el tedio.

Necesitamos un modelo de entusiasmo moral, un ejemplo que nos ilumine de verdad. Que conjure al hastío en nosotros. Un ángel de la guarda, serio. Como Chávez lo ha sido ahora para nosotros desde hace muchos años en vida, como un líder que emergió de un pozo oscuro y turbio, con algo fresco dentro de sus manos. Como Fidel lo ha sido siempre, cada vez que lo oigo pensar y la veo escribir sus maravillosos ensayos, sus discursos, que son iguales; sus libros, con los cuales vuela mi imaginación más física, que se encarna dulcemente en mi memoria. Como Bolívar, más distante, un padre tardío, pero tan honrado y valiente, tan importante, tan grande y sobresaliente que lo llevaba en la memoria y no lo sabía. Pero ahora lo sé y debo dominar mis nervios.

Algunos extraviamos a nuestro padre padre en medio de cuentos y resentimientos. Lo perdimos de verdaderas ausencias. Pero la vida nos recompensó con padres que son como ángeles, o sea, que han sido ángeles. Algunos, maestros. Otros nos hablan por su propia cuenta. Pero todos han guiado nuestros quehaceres de más y mucha voluntad, a los más comprometidos. Y eso es lo que somos ahora, hijos llenos de pensamientos, escrúpulos, vergüenza,… y dignidad.

Si no hubiera sido así jamás hubiésemos tenido necesidad de invocar al líder, que sabemos dentro de nuestro espíritu y que nos reclama que lo invoquemos, que él vendrá. Porque él no se agota ni siquiera en nosotros. Dónde el amor a los más necesitados, incluyéndonos, se siembra con alma, los ángeles que hemos creído que nos salvan, deben ser los ángeles de todos.

Y el líder los reencarnan, a esos ángeles, a esos duendes invisibles que nos empujan a nos desmayar. Y hacen de ellos estímulos morales modelos en ellos, se hacen seres admirables, grandes capitanes, grandes seres.

A nosotros solo nos queda invocarlos, además de seguir sus pasos, para andar en lo alto, para que no nos estalle una mina escondida de vicio mercenario, de degradación mercantil, escepticismo, odio, indiferencia.

 

 



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Héctor Baiz

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