Valores de la Revolución Venezolana

Venezuela y  toda América han tenido reconocidos hombres de accionar ejemplarizante y  pensadores que son asideros para la construcción de nuestra moral socialista. El pensamiento bolivariano es uno de los principales asidero de la moral venezolana,  su propuesta de república, el papel que juega el hombre, su compromiso con las grandes mayorías, el sentido de la justicia es nuestro bastión histórico para la construcción del socialismo venezolano.

Bolívar en su célebre discurso ante el congreso de Angostura, en 1819, reconoce Bolívar los sueños de libertad, igualdad, soberanía nacional, democracia, el deseo de proscripción de las monarquías, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios, la lucha por los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir, pero que estos sueños chocaban con la ignorancia generalizada tanto de los gobernantes que igualmente desconocían “el curso de los negocios públicos” y que el pueblo estaba atado, “...al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio...[1]

La inexistencia  de un verdadero ciudadano culto y responsable debía ser altamente considerada por los constituyentistas:

No seamos presuntuosos, legisladores; seamos modestos en nuestras pretensiones. No es probable conseguir lo que no ha logrado el género humano: lo que no han alcanzado las más grandes y sabias naciones: la libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos a donde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas”(…) “para formar un gobierno estable se requiere la base de un espíritu nacional, que tenga por objeto una inclinación uniforme hacia dos puntos capitales, moderar la voluntad general y limitar la autoridad pública...”(…) “dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral...”[2]

Pero el Libertador es enfático en la necesidad de las elecciones como mecanismo de participación y cambio político, tanto así que en la propuesta de Constitución para Bolivia en 1825, propuso un poder adicional al legislativo, judicial y ejecutivo: el poder electoral: “las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecer y él se acostumbra a mandarlos...” (…). Sin embargo, en el propio Discurso de Angostura y consciente que la democracia absoluta era peligrosa en las naciones incultas, recomienda la Senaduría Hereditaria constituida por hombres obligados a formarse académicamente en la administración pública, puesto que para él: “Todo no se debe dejar al acato y a la aventura de las elecciones: “el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte...”.

Concretamente sobre la educación y la moral señala: “La educación popular debe ser el candidato  primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una república, Moral y Luces son nuestras primeras necesidades” [3]

Para el maestro Simón Rodríguez, pionero de la filosofía propiamente americana: : “El jénero humano―escribió― no es malo, sino ignorante, porque así viene al mundo, i no halla escuela donde se enseñe el arte de vivir (...) No hai hombre malo cuando está solo,, lo es cuando  se cree solo estando en Sociedad.”[4]

En otro momento recomienda las estrategias para enseñar al pueblo a no ser sumisos, acostumbrarse a opinar y razonar:

Enseñen los Niños a ser PREGUNTONES!

Para que, pidiendo el POr QUE, de lo que se le mande hacer,

Se acostumbren a obedecer...a la RAZON

Nó a la AUTORIDAD, como los LIMITADOS Ni a la COSTUMBRE, como los ESTUPIDOS!

 “El fundamento del sistema republicano está en la opinión del pueblo, y ésta no se forma sino instruyéndolo. Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente, nunca se hará República con gente ignorante.”[5]

En una clara demostración de su humanismo socialista escribe en Luces y Virtudes Sociales, 1834: “Todos huyen de los pobres, los desprecian o los maltratan; alguien ha de pedir por ellos” [6]

En cuanto a las supuestas libertades y derechos de propiedad señala:

“Libertad personal y derecho de propiedad se oyen alegar, con frecuencia, por hombres de talento. La primera, para eximirse de toda especie de cooperación al bien general- para exigir servicios sin retribución y trabajos sin recompensa, para justificar su inacción con la costumbre, y sus procedimientos con las leyes-todo junto…para vivir independientes en medio de la sociedad. El segundo, para convertir la usurpación en posesión (natural o civil) –la posesión en propiedad –y, de cualquier modo, Gozar con perjuicio de tercero, a título de legitimidad.” [7]

El Poder Moral al que hiciera alusión Bolívar en Angostura en 1819 y el Poder Electoral mejor plasmado por el Libertador en Bolivia en 1825, han sido plasmados en la Constitución de 1999, pero más aún en la no aprobada Propuesta de Reforma Constitucional del 2007, donde a estos dos poderes se le profundiza la sustancia material cuando se incorpora la propiedad comunal y el poder popular  como elementos constitutivos de la nueva estructura  y geografía del poder en Venezuela.

Ya la democracia en Venezuela no es sinónimo de elecciones cada 5 años, como lo establecía la Constitución de 1961, ni el pueblo es sólo instrumento para la manipulación de las decisiones emanadas por los supuestos líderes de la democracia representativa. Nadie, absolutamente nadie puede negar que ese pueblo adormecido por la magnitud y la limosna de la renta petrolera  llegó a su fin, ese pueblo desorganizado, aunque no por ello ignorante, manifestó históricamente su aversión, pero que sin embargo por no existir canales democráticos no fue sino a partir de los estallidos sociales de 1989 y más aún de los intentos del golpe de estado de 1992, cuando comienza a tomar conciencia plena de su realidad y fundamentalmente de su capacidad de transformación.

Si bien no es hasta  el año 2005 cuando el presidente anuncia al país  su intención de encaminarnos hacia el Socialismo Bolivariano, ya desde la campaña electoral su posición es firme en conquistar la democracia participativa, de abolir los pactos y los supuestos consensos con  los  que el país había sido gobernado, desde El Pacto de Punto Fijo en 1958, que al final fue el pacto entre Acción Democrática y COPEI, que excluía a los sectores políticos, entonces minoritarios, y que en realidad fue el modelo de democracia impuesto en todos los procesos y sectores del país: desde la elección de una reina de carnaval, la junta de vecino del barrio, las autoridades universitarias, los gremios y sindicatos hasta en la elección de la presidencia de la república, fueron impuestos hombres y proyectos al resto de la sociedad, para que con su voto lo legitimará y legalizará.

Esta farsa llego a su fin, primero por la desarticulación de estos sectores políticos, que no pudieron contener la avalancha del pueblo, que giro mayoritariamente a favor del nuevo proyecto político que representaba el Bolivarianismo. Estos seudos representante que desde hace muchos años se habían alegado del pueblo y por el contrario decidían en su contra, sólo pudieron refugiarse en los medios de comunicación. Pero ya era imposible seguir engañando  al pueblo, este tomo conciencia definitiva de su condición de clase, de que la igualdad de la que siempre se nos enseñaba en la escuela era una farsa, era la igualad de unos pocos, los dueños de todo el país, los mismos que luego  salieron a protestar por supuesta violación a sus derechos y clamaron por  justicia.

La reversión de este proceso de alienación fue asumida en 1998 por Hugo Chávez Frías quien formuló una propuesta para transformar a Venezuela. En materia educativa consideró que: “La misión principal de nuestra gestión en el ámbito educativo se dirigirá a impulsar el desarrollo humano y con ello el progreso social” siempre y cuando se recupere la credibilidad en la educación como el mecanismo idóneo para desarrollar al país y corregir las desigualdades sociales.

Desarrollo humano y progreso social constituyeron desde entonces las dos variables fundamentales del proceso constituyente generador de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela –CRBV- y su equivalente, el Proyecto Educativo Nacional –PEN-. En la primera se  consagra en su artículo 3, título I, como principio fundamental del Estado,…”la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad”, mediante la educación y el trabajo.  Y en el segundo, se declara  que la educación debe responder a los requerimientos de la producción material en una perspectiva humanista y cooperativa en un proceso de construcción permanente de la sociedad, del ser humano con valores consustanciados con su integridad.  Continuará…



[1] Bolívar, Siete Documentos Esenciales, 1973, 69

[2] Idem,98

[3] Ídem, 91

[4] Rodríguez, Obras Completas. Tomo I, 1975, 223

[5] Ídem, 212

[6] Ídem, 214

[7] Ídem, 114

 



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Pedro Rodríguez Rojas


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