A 3 años del gran mensaje de Chávez

¿Liquidación o Golpe de Timón?

Este 20 de Octubre de 2015 se cumplen tres años del Golpe de Timón del Comandante Chávez.

Golpe de Timón es el nombre que le dio Chávez al contenido de su exposición y mensaje a los ministros y al pueblo venezolano en su primera reunión gabinete ejecutivo, luego de obtener la victoria electoral del 7 de octubre de 2012.   

Allí, Hugo Chávez planteó los ejes de un “nuevo ciclo” de la revolución bolivariana, para guiar su gestión de gobierno de 2013 a 2019, junto con los objetivos y contenidos programáticos del Plan de la Patria. Lo podríamos considerar como el principal planteamiento de Chávez sobre el rumbo de la revolución bolivariana.

Empezó por el reconocimiento y valoración de la necesidad de la crítica y la autocrítica, a la que siguen siendo reticentes muchos de los dirigentes del chavismo que proclaman su apego al Legado. Y partir de esa actitud autocrítica hizo una revisión de algunos de los principales problemas y errores del proceso, planteando unas líneas correctivas.

Anoche, algunos “anclas” de la televisión gubernamental hicieron mención muy superficial del Golpe de Timón y animaron una etiqueta para hacer campaña en Twitter. Apareció una noticia del Ministerio de Cultura, llamando a discutir el texto en las plazas. Está muy bien recordarlo; pero el Golpe de Timón, en concreto, sigue siendo ignorado y su mención está muy lejos de ese ejercicio crítico y autocrítico que el propio Golpe de Timón promueve, porque quienes desde el gobierno lo ensalzan, como si fuese un acto de cortesía, no se molestan en evaluar su aplicación o no aplicación desde que está en la presidencia Nicolás Maduro y Diosdado al frente del PSUV.

Palabras son palabras y a menudo se las lleva el viento, aunque algunas de sus semillas siembren luces y esperanzas; los hechos son los hechos, que son los que definitivamente cuentan. Y los hechos nos muestran que no hay Golpe de Timón en la práctica política del gobierno y que el barco va a la deriva, hacia un rumbo equivocado.

Veamos algunos puntos clave del Golpe de Timón y examinemos nuestra realidad actual:

El Golpe de Timón refuerza la idea de la Democracia Socialista del Siglo XXI

Diferenciada del viejo esquema burocrático, pseudo-socialista y no democrático que se derivó de la degeneración de la ex URSS. Apunta hacia las acciones necesarias para ir dejando atrás de manera progresiva y firme el modelo de explotación capitalista y creando un nuevo modelo: el socialismo venezolano, bolivariano, del siglo XXI.

En la actualidad y en los hechos:

Se refuerza el capitalismo de Estado y el burocratismo en su faceta más perversa: la corrupción. Ni siquiera se muestra la elemental voluntad de investigar y corregir los abusos: silencio y negligencia frente a las exigencias de Auditoría Pública y Ciudadana.

La “democracia socialista del siglo XXI” ha sido convertida en una democracia simulada, una democracia aparente, una democracia del show, que no permite la participación real en la discusión de las alternativas ni en la toma de decisiones.

En vez de “dejar atrás de manera progresiva y firme el modelo de explotación capitalista” se cae en la queja y la excusa plañidera de la “guerra económica”, pero se deja que el afán de lucro capitalista y burocrático y la lógica del mercado, regido por mafias, se imponga sobre el ejercicio del gobierno: desgobierno, impotencia frente a la imposición del programa burgués por la vía de los hechos, miedo a adoptar medidas anticapitalistas, mantenimiento del modelo capitalista-rentístico-importador y destrucción de la producción nacional, de la participación obrera y comunal en el manejo de la producción y de la economía.

La propiedad social queda como una curiosidad decorativa de la “revolución bonita” mientras se le abre paso a las llamadas “Zonas Económicas Especiales” (bolsones territoriales donde impera el neoliberalismo) y se aumenta, en vez de disminuir, la participación accionaria de los inversionistas extranjeros en las empresas mixtas con el Estado. También aumenta la Deuda Externa y sus obligaciones (con visos de ilicitud), en desmedro del gasto social y productivo planificado y estratégico: la “soberanía  alimentaria” y el “desarrollo endógeno”.

El Golpe de Timón define el “Nuevo Ciclo de la Transición”:

La construcción del socialismo, de nuestro modelo, con el injerto de los elementos nuevos del modelo (básicamente poder comunal y medios de producción de propiedad social), como una red o gigantesca telaraña sobre el territorio, para que no pueda ser tragada por el mar de capitalismo que la rodea. Dice: “Debemos injertar la propiedad social, el espíritu socialista”, con cada obra que se realice.

En la actualidad y en los hechos:

Con cada obra, lo que parece es injertarse alguna comisión o algún guiso. No se ve ningún proyecto serio de alcance estratégico basado en la propiedad social. La poca que hay se la aísla y abandona. El “mar de capitalismo” incorpora cada vez nuevas expresiones: los capos del contrabando de extracción y la especulación cambiaria y los peones del bachaqueo. La bomba extractiva de la renta petrolera sigue funcionando a todo dar para la banca, las transnacionales, los grandes grupos económicos y la neo-burguesía surgida de la acumulación de capital por sectores de la burocracia gracias al manejo de las transacciones del Estado.

Chávez en el Golpe de Timón insiste en la idea de que “el socialismo no se decreta”:

 No es “socialismo” sólo por llamarlo así. Se muestra en contra de llamar socialista a lo que aún no lo es. Habla de que las fábricas construidas con fines capitalistas llevan las marcas indelebles de su “sistema operativo”, la división social jerárquica del trabajo en conjunción con la cual fueron construidas, y afirma que un sistema productivo que quiere activar la participación plena de los productores asociados, los trabajadores, requiere de una multiplicidad de procesadores “paralelos”, coordinados de la manera adecuada, así como de un correspondiente sistema operativo que sea radicalmente diferente a la alternativa operada de manera central, trátese de la economía dirigida capitalista o de sus bien conocidas variedades postcapitalistas presentadas engañosamente como “planificación”. Con cada obra que se realiza, se pregunta de qué manera se está contribuyendo a la construcción del socialismo y si el beneficiario, el objetivo, es el pueblo.

En la actualidad y en los hechos:

Se abusa para todo del “hecho en socialismo” sin que en realidad proceda de esas relaciones de propiedad ni de esas relaciones sociales de producción. Se le llama socialismo a la mera práctica socialdemócrata y reformista. Se confunde “socialismo” con reparto de cuotas de la renta nacional, con “populismo”, con clientelismo, con manipulación electoral, con paliativos para la contención de los impactos sociales de la crisis. Porque “hecho en socialismo” no es todo lo que hace el gobierno si no tiene ese ingrediente de propiedad y participación social, de ejercicio real del poder popular, de democracia revolucionaria.

El Golpe de Timón le da gran importancia al tema del Cambio Cultural y de la Comunicación;  hace un llamado a la Crítica y a la Autocrítica:

Chávez afirma que por ser el modelo del socialismo bolivariano de carácter democrático, requiere de una nueva hegemonía democrática que nos obliga a convencer y no a imponer. He ahí el papel del pensamiento crítico y del debate de ideas.

Plantea la autocrítica para rectificar realmente y de manera inmediata. Reconoce que su gobierno, aunque gobierno revolucionario de Venezuela, ratificado por un pueblo, también estaba siendo muy criticado por el pueblo y con razones, entre ellas la falta de eficiencia. Se autocritica de que si bien la revolución ha generado todo un nuevo andamiaje legal, “…tenemos unos nuevos códigos… una nueva arquitectura legal, jurídica, empezando por la Constitución; tenemos leyes de consejos comunales, leyes de comunas, economía comunal, leyes de los distritos motores de desarrollo; pero no le hacemos caso a ninguna de esas leyes; nosotros, que somos los primeros responsables de su cumplimiento”. Y agrega: “Yo espero ver respuestas a estas reflexiones y a esta autocrítica pública que estoy haciendo”.

En la actualidad y en los hechos:

¿Dónde está la evaluación autocrítica posterior al Golpe de Timón? ¿Dónde están los planes para rectificar en cada uno de los puntos expuestos por Chávez? No hay autocrítica; hay descalificación de la crítica, exclusión de la diversidad de vertientes del pensamiento chavista. No hay debate: la consigna del gobierno y de la dirigencia del PSUV es: ¡Unidad y Disciplina irracional con las Líneas de la Burocracia! No hay discusión, hay un discurso unidireccional y se busca aplastar a quien diverge, mediante métodos antidemocráticos. La gente ve que las cosas van mal y no funcionan, que lo que se hace no se parece al Programa de la Patria, que la conducta de la dirigencia bolivariana se “adequiza”, pero siempre hay alguna amenaza que sirve de excusa para clausurar el debate. Las denuncias son ignoradas o tapadas. Las propuestas alternativas van al cesto de los papeles. La “autocrítica” es sólo una palabra hueca, para mencionarla de pasada en los aniversarios.

La anti-cultura de los “pranes”, el “¿cuánto hay pa’ eso?”, el aprovechamiento individual de los recursos públicos, el caso omiso frente a los grandes hechos de desfalco y corrupción sin inmutarse, el reforzamiento de la cultura capitalista del lucro fácil y la violencia criminal para imponerse en el control y los negocios, el doble discurso y la doble moral, son parte de un deterioro de ideas, sentimientos y actitudes, que resquebraja los principios y pilares sobre los que se levantó nuestra revolución. Dos “culturas” compiten descarnadamente: la del proceso constituyente movilizador y transformador que se inició con Chávez y la que busca reinstaurar la hegemonía de los viejos valores capitalistas, destruyendo los reflejos solidarios y la esperanza del “otro mundo posible”.

Y en cuanto a la comunicación: tenemos hoy, no uno, sino dos cercos mediáticos:

1.-  El de siempre; el cerco mediático capitalista de los medios privados, como herramienta contrarrevolucionaria, cuyo espacio sólo se cede interesadamente y de manera manipulativa, al servicio de los negocios y de la reproducción de la hegemonía cultural del capital.

2.-  El nuevo cerco mediático corporativo estatal-burocrático-gubernamental, ya no instrumento de consolidación de la conciencia en la revolución, sino como maquinaria de propaganda para seguidores acríticos y sumisos a las líneas burocráticas, donde pululan también las taras del capitalismo barnizadas de rojo pero están cerrados los espacios a los protagonistas y sujetos espontáneos del proceso revolucionarios, donde toda participación debe ajustarse a la línea de gobierno y son bloqueadas o censuradas las expresiones de voces alternas dentro del proceso revolucionario. En tiempos de Chávez, los críticos íbamos de vez en cuando a entrevistas en VTV; ahora ya no: es más fácil ver allí a opositores arrepentidos y reconvertidos, a eso que tanto alientan y denominan como  “derecha seria”. Ya no es la construcción del Sistema Publico Nacional de Comunicación del Poder Popular, como lo formula Chávez en el objetivo 2.5.7.3 del Programa de la Patria original, interpretando muy bien el punto de vista de los comunicadores y comunicadoras populares. Un ejemplo es la Televisora Venezolana Social, que nunca llegó a ser social, nunca llegó a ser como nos lo planteamos desde el movimiento popular al arrancársela a RCTV, para que fuese el espacio de las comunas, de los movimientos sociales del proceso: ¡No nos pertenece! Ahora tenemos una combinación de estatismo mediático-burocrático con aparición de una nueva hegemonía mediática privada vinculada a una combinación de sectores de capitalistas cercanos al gobierno y a sectores la burocracia. No les interesa el proyecto de la comunicación del Poder Popular.

Continuando con el tema de la autocrítica, que incluye la incorporación y aprovechamiento de la crítica, ésta reviste una enorme importancia, y así lo reconoce Chávez, a pesar de que con su talante de líder a veces respondió con maneras fuertes, sin llegar nunca a aplastar a las opiniones divergentes dentro de la revolución. Chávez respondió incómodo, por ejemplo, en un primer momento, a las críticas que se hicieron en el evento de intelectuales realizado en el Centro Internacional Miranda, donde Juan Carlos Monedero hizo su advertencia sobre el “hiper-liderazgo”, pero nunca  se atrevió a cerrar las puertas de este espacio del pensamiento crítico venezolano e internacional e incluso, en posterior oportunidad, llamó a Monedero a un  programa de televisión, para reconocerle que había acertado con aquellas palabras y manifestarle su agradecimiento. En otro escrito comenté, hace un par de años, refiriéndome al contenido del Golpe de Timón que, si Chávez, con su estatura revolucionaria, fue capaz de autocriticarse, no puede esperarse menos de quienes hoy toman en sus manos la batuta.

Por supuesto que, donde no hay promoción y respeto por la crítica, donde no hay autocrítica, tampoco hay eso que Chávez llamanueva hegemonía democrática que nos obliga a convencer y no a imponer”. 

Entonces; si queremos hacer honor al Golpe de Timón, contentivo de una parte del legado de Chávez: ¡convoquemos a jornadas autocríticas de evaluación del curso de la revolución y para la elaboración de un plan correctivo, con amplia participación de todas las corrientes del chavismo! Eso pasaría hoy por el reconocimiento y diagnóstico de nuestros principales problemas y la formulación de un Plan de Emergencia para enfrentar la crisis y recuperar el rumbo socialista perdido.

El Golpe de Timón llama a multiplicar la eficiencia y dice: ¡Independencia o Nada! ¡Comuna o Nada!

Ese llamado a la multiplicación de la eficiencia es para mejores resultados, y en ese sentido, Chávez también insiste en fortalecer el poder comunal y desarrollar el Sistema Nacional de Medios Públicos, entre otros temas de la construcción del socialismo. Allí, una de las frases de mayor resonancia en los últimos momentos del presidente Chávez, contenida en el texto de esa alocución presidencial del 20 de octubre y titulada Golpe de Timón: “La autocrítica, independencia o nada, comuna o nada…”

En la actualidad y en los hechos:

¡Independencia o nada! Aquí vale un llamado de atención. Evaluemos si la manera de entender y promover la “multipolaridad” no se estará convirtiendo en un reparto del sometimiento o en el trueque de una dependencia por otra. Queremos escapar de los gringos, pero… ¿Y si caemos en otras manos? Veamos, por ejemplo, si la enorme deuda con China, aparte de lo que pueda entrar en la inversión social, está realmente redundando en proyectos productivos y para la soberanía tecnológica. ¿Se está invirtiendo en proyectos orientados hacia las nuevas relaciones sociales de producción y está apuntalando el levantamiento de un área económica basada en la propiedad social? ¿Está sirviendo para reemplazar el modelo rentista? ¿Es con claves no capitalistas? ¿Y sí no es así, para qué lo hacemos?  

¡Comuna o Nada!

Una de las consignas más repetidas los días de fiesta.

Si hay algo que la burocracia de Estado no está dispuesta a aflojar es el manejo y control de los asuntos públicos que le permiten lucrarse y medrar. Ni transferencia de poderes, ni proyectos estratégicos serios y de envergadura para levantar una economía comunal. Ni control obrero que dure en las empresas del Estado, porque es saboteado por los burócratas, que según ellos sí que saben manejar los asuntos económicos mientras que la clase trabajadora no está preparada o no está madura para manejar la economía, según dijo alguien por allí un 1ro de Mayo. La gente del pueblo, los trabajadores, los campesinos, pujan por hacerlo, pero se atraviesa el sabotaje interno, en alianza con el auto-sabotaje de la vieja “cultura capitalista”, el chanchullo, el clientelismo, la disputa de influencias…

Se le tiene miedo a ceder el poder real al pueblo. Se le tiene miedo al autogobierno comunal, a las constituyentes municipales, a todo lo que conspire contra el “pónganme donde haiga”…

En medio de todas estas desviaciones, de todas estas prácticas que reproducen el viejo modelo, que son un cáncer contrarrevolucionario dentro de la revolución, la dinámica del sistema capitalista y el consecuente secuestro de la democracia se imponen con un gobierno o desgobierno paralelo, desde la “mano invisible del mercado”:  No hay precios “regulados” porque no hay quien verdaderamente controle; el dólar paralelo rige las operaciones de cambio porque el gobierno no asume su papel de manera revolucionaria; los productos básicos no aparecen por la “guerra económica”, por el contrabando, por lo que sea… pero el gobierno no pone orden ni siquiera en la producción estatal, porque los productos de las empresas del Estado tampoco son abastecidos como corresponde. Hay alguien aquí que se deja porque no se decide a tomar medidas no capitalistas, porque no consulta y no moviliza al pueblo más allá de lo electoral o de los propósitos oportunistas.

Chávez nos llamó a un Golpe de Timón y nadie se atreve a aplicarlo. No es la posesión del gobierno o de la Asamblea Nacional lo que determina la revolución bolivariana sino lo que se hace desde el poder y lo que se hace o no para que sea ejercido realmente por el pueblo. Entonces; le toca el turno al pueblo bolivariano que debe hacer brotar sus fuerzas internas para forzar el cambio y recuperar sus sueños y esperanzas.

¡Cuidado!

Chávez a lo largo del Golpe de Timón insiste en el desarrollo de las comunas y de la economía comunal, de la cultura comunal, de las comunas en torno a las empresas y obras del Estado, porque afirma que las obras de infraestructura sin desarrollo social en su entorno sólo sirven al capitalismo. Y se pregunta siempre: ¿En cada proyecto que se ejecuta qué hay de socialismo? ¿En qué le sirve al socialismo? ¿Qué tiene de socialismo? Pone como actor y protagonista de las soluciones a las comunas y al poder popular, que abarca a los movimientos sociales y asegura que realmente es desde ahí y no desde Mirafloresni desde la sede de tal o cual ministerio que vamos a solucionar los problemas. Y en ese sentido, es muy importante la advertencia que hace al respecto de todas estas consideraciones:

“Cuidado, si no nos damos cuenta de esto, estamos liquidados y no sólo estamos liquidados, seríamos nosotros los liquidadores de este proyecto. Nos cabe una gran responsabilidad ante la historia a los que aquí estamos. Véanse las caras, véanse los ojos en el espejo cada vez que vayan al baño o a donde haya un espejo. Yo de primero.”

¿Dejaremos que siga la liquidación? ¿Seguiremos por cuántos aniversarios mencionando o comentando de pasada el Golpe de Timón para decir que cumplimos con el Legado de Chávez, mientras la realidad pasa por otro lado?

¡Camaradas chavistas, hagamos fuerza para impulsarlo!



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Gonzalo Gómez Freire

Psicólogo y comunicador popular, co-fundador de Aporrea. Miembro de la Coordinación Nacional de Marea Socialista y de la Plataforma para la Auditoría Pública y Ciudadana.

 gonzalo@aporrea.org      @GonzaloAporrea

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