Nicolás al frente de un monstruo

Un amigo de muchos años, acostumbrado a valorar a las personas por su valentía, más, no, por su preparación, se me acercó para hacerme algunos comentarios sobre la situación del país; a medida que iba hablando de los problemas, resaltaba la personalidad del presidente Nicolás, con tanta idolatría, que por momentos se podía comparar a un fanático del futbol, después de la final del mundial con alguno de sus ídolos levantando la copa en plan estelar; no sé, si, exageraba en los elogios hacía -el chofer del autobús- palabras utilizadas por la oposición para descalificar a este humilde trabajador, quien se siente orgulloso de haber desempeñado ese trabajo, cuando ni siquiera soñaba ser recomendado por el fallecido Comandante Chávez, cuando presagiaba su cercanía hacia la inmortalidad.

Después de despedirnos con un saludo fraternal, caminé hacía una carnicería sin poder olvidar las palabras del compañero, quien termino por convencerme de un pensamiento del escritor Mexicano Doménico Estrada, cuando dice: “No hay éxito sin valentía” y precisamente valentía es lo que está demostrando el amigo Nicolás, desde el mismo momento de haber recibido esa enorme responsabilidad de ser Presidente, por mandato del pueblo soberano. En el desfile del pasado 24 junio, fecha para recordar la batalla de Carabobo, demostró el temple del cual está formado, como diciéndole a su maestro y guía Hugo Chávez Frías: “aquí estoy en el campo de batalla levantando las banderas de la dignidad” pero además fue muy claro en reconocer el laberinto, donde se encuentra metido: la grave situación del país.

El discurso fue pronunciado con la fuerza y el valor de un hombre curtido al calor de la lucha, comprometido con la patria, y un proyecto político con grandes obstáculos, muchos de ellos creados por el mismo sistema capitalista, como verdaderos anticuerpos para defenderse. Le escuchamos una expresión con mucha firmeza: “Exijo máxima lealtad a los revolucionarios de esta patria”; ahí está parte del meollo de nuestro país; con solamente echar una mirada al pasado, nos encontramos una triste realidad difícil de ocultar: una cadena de traiciones, que por momentos han levantado una ola de comentarios, para luego caer en el pozo del olvido; esto ha servido para purificar el proceso bolivariano en medio de peligrosas tempestades políticas, atizada por los graves problemas económicos , sin apartar los de orden social, el cual parecen llevar a la sociedad a una anarquía total por la falta de conciencia.

Por donde usted se asome encuentra problemas, que hace 20 años no existían, la gran mayoría nacidos al calor de las grandes contradicciones del capitalismo, regándose a lo largo y ancho del país, como una verdadera epidemia, el cual para erradicarlos se necesita la mayor suma de voluntades posible; es tan fuerte la corriente de la descomposición, que nadie puede entender la grave situación económica del país, cuando por el otro lado las grandes ciudades se encuentren inundadas de automóviles y motocicletas haciendo imposible la tranquilidad de la ciudadana; se dan casos de algunos pueblos, entre ellos Calderas del Estado Barinas, hasta hace poco apacible con hermosos paisajes naturales, apropiados para el turismo, ahora invadido de motos por donde usted extienda la mirada, convirtiéndose en un verdadero problema para sus moradores; se ha creado una inesperada confrontación entre los habitantes, llegando al extremo de regar tachuelas, para tratar de frenar la alocada carreras de jóvenes, quienes sin ningún grado de conciencia le quitan los silenciadores a las máquinas para emprender desenfrenadas carreras en las madrugadas, entorpeciendo el reparador sueño de sus coterráneos.

Nadie puede culpar al gobierno de este delicado problema, como se lo quieren achacar, cuando escuchamos decir: “Eso fue lo que dejo Chávez, en su alianza con los chinos”. Antes esta tergiversación de la realidad, tenemos el compromiso ineludible de aclarar la situación, no, para defender al gobierno, sino por el bien de la verdad; sabemos que la falta de responsabilidad del ser humano ha venido creando y acelerando muchas dificultades; la complicación no llega con la proliferación de motos, es el conductor al hacer uso de ella; nadie puede negar lo útil de este medio de transporte en cualquier parte del mundo.

Es tan grave el problema, que en el Hospital central de Barinas, el servicio de traumatología ubicado en el tercer piso se conoce como “sitio bera”; esto ha venido agudizando el hacinamientos en los centros de salud, formando parte del monstruo de mil cabezas, el cual enfrenta el Presidente Nicolás Maduro con tanto coraje y valentía, que muchas personas empiezan a reconocerle el esfuerzo, como escuchando al sabio Platón, cuando decía : “La razón y el valor siempre se impondrán a la traición y a la ingratitud”.



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Narciso Torrealba


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