Entrevistando imaginariamente a Marx sobre lo tratado en: El capítulo V del Tomo II de “El Capital” (II)

¿Cuál es la tendencia de la producción capitalista?

La parte del capital productivo latente que existe disponible simplemente como condición para el proceso de producción, tal como el algodón, el carbón, etc., en las fábricas de hilados de algodón, no actúa como factor creador de producto, ni como agente creador de valor. Es capital inactivo, aunque esta inactividad sea condición indispensable para el curso ininterrumpido del proceso de producción. Los edificios, aparatos, etc., necesarios como receptáculos de la reserva productiva (del capital latente) son, asimismo, condiciones del proceso de producción y forman, por tanto, partes del capital productivo desembolsado. Cumplen su función de conservar las partes productivas durante la fase preparatoria. Los procesos de trabajo que pueden ser necesarios en esta fase encarecen las materias primas, etc., pero son trabajos productivos y crean plusvalía, puesto que una parte de ellos, al igual que todo trabajo asalariado, queda sin retribuir. Las interrupciones normales de todo el proceso de producción y, por tanto, los intervalos en que el capital productivo no funciona, no producen valor ni plusvalía. De aquí la tendencia a que la jornada de trabajo se extienda también durante la noche (libro I, cap. XVIII, [pp. 455 ss). Los intervalos en el tiempo de trabajo a que debe someterse el objeto de trabajo durante el mismo proceso de producción, no crean valor ni plusvalía; pero fomentan el producto, constituyen una parte de su vida, un proceso por el que necesariamente tiene que pasar. El valor de los aparatos, etc., se transfiere al producto en proporción al tiempo total durante el cual funciona; el producto es situado en esta fase por el trabajo mismo, y el empleo de estos aparatos constituye una condición tan necesaria de la producción como limpiar de polvo una parte del algodón, operación que, aún no incorporando nada al producto, le transfiere, sin embargo, un valor. La otra parte del capital latente, la formada por los edificios, las máquinas, etc., es decir, por los medios del trabajo cuyo funcionamiento sólo se interrumpe en las pausas regulares del proceso de producción, las interrupciones irregulares nacidas de entorpecimientos de la producción, crisis, etc., representan puras pérdidas, añaden valor sin entrar en la formación del producto; el valor total que añaden a éste se determina por su duración media; por ser un valor de uso, pierde valor tanto en el tiempo durante el cual funciona como en el tiempo que permanece inactivo.

Finalmente, el valor del capital constante, que permanece en el proceso de producción aunque se interrumpa el proceso de trabajo, reaparece en el resultado del primero. A través del mismo trabajo, los medios de producción se ven puestos aquí en condiciones dentro de las cuales recorren por sí mismos ciertos procesos naturales, cuyo resultado es un determinado efecto útil o una forma distinta de su valor de uso. El trabajo transfiere siempre el valor de los medios de producción al producto, a condición de que los consuma de un modo realmente eficaz, como tales medios de producción. Tanto da, para estos efectos, que el trabajo haya de actuar de un modo continuo sobre su objeto, a través de los medios de trabajo, para obtener ese resultado, o que sólo necesite darle impulso poniendo los medios de producción en condiciones que les permitan provocar por sí mismos el resultado apetecido, por virtud de ciertos procesos naturales y sin la acción ulterior del trabajo.

Cualquiera que sea la razón que explique el que el proceso de producción sea más largo que el proceso de trabajo —bien porque haya .medios de producción que sólo representan un capital productivo y se hallen, por tanto, en una fase previa del verdadero proceso de producción, bien porque su función se interrumpa dentro de este proceso, por sus pausas, o bien, finalmente, porque el mismo proceso de producción imponga ciertas interrupciones del proceso de trabajo—, los medios de producción no absorben trabajo, en ninguno de estos casos. Y, no absorbiendo trabajo, no absorben tampoco, como es natural, trabajo sobrante. No se produce, por tanto, ninguna valorización del capital productivo, mientras éste permanece en la parte de su tiempo de producción que rebasa el tiempo de trabajo, por muy inseparable que pueda ser de estas pausas el proceso de valorización, en su plena efectividad. Es evidente que cuanto más coincidan el tiempo de producción y el tiempo de trabajo, mayores serán la productividad y la valorización de un determinado capital productivo dentro de un plazo dado. De aquí la tendencia de la producción capitalista a acortar lo más posible el exceso del tiempo de producción sobre el tiempo de trabajo. Sin embargo, aunque el tiempo de producción del capital puede diferir de su tiempo de trabajo, éste se halla siempre contenido en aquél y el propio exceso es condición del mismo proceso de producción. El tiempo de producción es siempre, por tanto, el tiempo durante el cual el capital produce valores de uso y se valoriza a sí mismo, funcionando, por consiguiente, como capital productivo, aunque durante una parte de ese tiempo permanezca latente o produzca sin valorizarse.


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Nicolás Urdaneta Núñez


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