Entrevistando imaginariamente a Marx sobre lo tratado en: El capítulo VIII de “El Capital” (XI)

¿Qué ocurre, en la industria alfarera, con la salud de los obreros?

He aquí  ahora algunos datos tomados del informe de los comisarios de 1863: El Dr. J. T. Arledge, médico-director del Hospital de North Staffordshire, declara: “Como clase, los alfareros, hombres y mujeres, representan…. un sector de población física y moralmente degenerado. Son, por regla general, raquíticos, mal formados y muchas veces estrechos de pecho. Envejecen prematuramente y viven poco; flemáticos y anémicos, su débil constitución se revela en tenaces ataques de dispepsia, perturbaciones del hígado y los riñones y reumatismo. Pero, las enfermedades a que se hallan más expuestos son las del pecho: neumonía, tuberculosis, bronquitis y asma. Hay, incluso, una forma de asma peculiar en ellos y que se conoce con el nombre de asma del alfarero o tisis del alfarero. La escrofulosis de las amígdalas, de los huesos y de otras partes del cuerpo es enfermedad que padecen más de las dos terceras partes de los alfareros. Y si la degeneración de los habitantes de este distrito no es todavía mayor se debe a que sus pobladores se reclutan en las aldeas del contorno y a los enlaces matrimoniales con razas sanas.” Mr. Charles Pearson, que era hasta hace poco médico del establecimiento del mismo hospital escribe, en carta dirigida al comisario Longe y otros: “Sólo puedo hablar por observación personal y no sobre datos estadísticos, pero no puedo por menos de decir que mi indignación estallaba cada vez que tenía que contemplar aquellas pobres criaturas cuya salud servía de pasto a la codicia de sus padres y de sus patronos.” El declarante enumera las causas de las enfermedades de los alfareros y hace culminar la enumeración de las largas horas de trabajo. El informe de los comisarios confía en que “una manufactura tan destacada ante los ojos del mundo no siga llevando por mucho tiempo la mácula de que sus grandes avances vayan aparejados con la degeneración física, toda suerte de sufrimientos corporales y la muerte prematura de la población obrera a cuyo trabajo y a cuya pericia debe esa industria resultados tan magníficos.” Y otro tanto puede decirse de la industria alfarera escocesa.

¿Qué ocurre, en la manufactura de cerillas, con la salud de los obreros?

La manufactura de cerillas data de 1833, en que se inventó  la aplicación del fósforo a la cerilla. A partir de 1845, esta industria comienza a propagarse rápidamente por Inglaterra, difundiéndose por los sectores más densos de la población de Londres y por Manchester, Birmingham, Liverpool, Bristol, Norwich, Newcastle, Glasgow, etc., y con ella el trismo, enfermedad que un médico vienés descubre ya en 1845 como característica de los cerilleros. La mitad de los obreros de esta industria son niños menores de 13 años y jóvenes de menos de 18. La manufactura cerillera tiene tal fama de malsana y repugnante, de la que sólo resultan niños, “niños andrajosos, hambrientos, abandonados y sin educar”, la parte más desamparada de la clase obrera, viudas medio muertas de hambre, etc. De los testigos de esta industria examinados por el comisario White (1863), 250 tenían menos de 18 años, 50 menos de 10, 10 menos de 8, y 5 no habían cumplido aún los 6 años. Jornadas de trabajo de 12 a 14 y 15 horas, trabajo nocturno, comidas sin horas fijas y casi siempre en los mismos lugares de trabajo, apestando a fósforo. En esta manufactura, el Dante encontraría superadas sus fantasías infernales más crueles.


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Nicolás Urdaneta Núñez


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