Entrevistando imaginariamente a Marx sobre lo tratado en: El capítulo VIII de “El Capital” (VII)

¿Qué nos puede decir sobre las leyes fabriles capitalistas?

Y si la Ordenanza orgánica de los principados del Danubio es una expresión positiva del hambre insaciable de trabajo excedente, sancionada en cada uno de sus artículos, los Factory-Acts ingleses son una expresión negativa del mismo fenómeno. Estas leyes fabriles vienen a poner un freno a la avidez del capital, a su codicia de explotar sin medida la fuerza de trabajo, limitando coactivamente la jornada de trabajo por imperio del Estado, por imperio de un Estado gobernado por capitalistas y terratenientes. Prescindiendo del movimiento obrero, cada día más fuerte y amenazador, esta traba puesta al trabajo fabril fue dictada por la misma necesidad que trajo el guano a las tierras inglesas. La misma codicia ciega que en un caso agotó la sustancia de la tierra, atentó en el otro contra las raíces de la fuerza vital de la nación. De ello son síntomas tan elocuentes las epidemias periódicas como el descenso de la talla de los soldados en Alemania y en Francia.

El Factory-Acts de 1850, vigente en la actualidad (1867), autoriza como media diaria de trabajo, en los días de semana, 10 horas: durante los primeros cinco días de la semana 12 horas, de las 6 de la mañana a las 6 de la tarde, de las que la ley descuenta media hora el almuerzo y una hora para la comida, quedando, por tanto, 10,5 horas, y los sábados 8 horas, desde las 6 de la mañana a las 2 de la tarde, menos media hora para el almuerzo. Quedan, pues, 60 horas de trabajo, 10,5 por cada uno de los 5 primeros días y 7,5 el último día de la semana. La ley nombra vigilantes especiales, que dependen directamente del ministerio de la Gobernación: los inspectores de fábrica, cuyos informes publica semestralmente el Parlamento. Estos informes constituyen, pues, una estadística permanente y oficial para documentar el hambre de trabajo excedente de los capitalistas.

Detengámonos un momento a escuchar a los inspectores de fábrica.

“El fabricante tramposo abre el trabajo un cuarto de hora, a veces más, a veces menos, antes de las seis de la mañana y lo cierra un cuarto de hora, a veces más, a veces menos, después de las seis de la tarde. Recorta a la media hora nominalmente concedida para el almuerzo, 5 minutos del comienzo y 5 minutos del final y escamotea 10 minutos al comienzo y al final de la hora prevista para la comida. Los sábados pone fin al trabajo un cuarto de hora más tarde de las 2, a veces más, a veces menos. Por todos esos procedimientos logra reunir:

Antes de las seis de la mañana ---- 15 minutos

Después de las seis de la tarde----- 15 minutos

Del almuerzo------------------------------ 10 minutos

De la comida------------------------------ 20 minutos

60 minutos

Total en 5 días: 300 minutos.

Los sábados

Antes de las seis de la mañana ---- 15 minutos

Del almuerzo------------------------------ 10 minutos

Después de las dos de la tarde----- 15 minutos

40 minutos

Ganancia al cabo de la semana: 340 minutos

O sea, 5 horas 40 minutos semanales, que, multiplicados por 50 semanas de trabajo y deduciendo 2 semanas de días de fiesta y demás interrupciones, hacen un total de 27 días de trabajo.”

“Alargando la jornada de trabajo 5 minutos al día sobre su duración normal, se ganan dos días y medio de producción al cabo del año.” “Una hora de más todos los días, conseguida a fuerza de hurtar un pedacito de tiempo aquí y allá, convierte los 12 meses del año en 13.”


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Nicolás Urdaneta Núñez


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