Esequibo: convertir la disputa territorial en proyecto de integración

La visión estratégica bolivariana para resolver el diferendo territorial histórico con Guayana, conocido como Zona en Reclamación del Esequibo deberá estar inspirado en transformar la "disputa territorial" con la creación de la zona de integración binacional Esequibo. Proyecto integral de desarrollo que facilite la resolución del problema creado en el siglo XIX por intereses coloniales que sirva hoy de disuasivo a los que aspiran pescar en río revuelto.

En el ámbito bilateral está la mejor opción que tienen los pueblos para resolver diferencias. Estamos en el siglo XXI herederos de los conflictos que dejaron las posesiones coloniales que intentan hasta hoy enrarecer las relaciones de cooperación y buena vecindad que deben caracterizar las relaciones entre Venezuela y Guyana.

Hay que convencer en ambas orillas los sectores conservadores y antinacionales que sirven a los poderes transnacionales, sobre todo aislar a los que atizan el conflicto utilizando recursos discursivos que desdibujan la realidad y no plantean una solución sino todo lo contrario. Unos para favorecer el statu quo y otros para cambiarlo a favor de intereses particulares, oscuros ignorando la necesidad de integrar esta zona en reclamación al desarrollo de los pueblos venezolanos, guyanés, caribeños y la preservación de los recursos que allí están siendo explotados sin control.

El Esequibo y la sensación de "territorio de nadie".

Hasta ahora el Esequibo es ese gran territorio de nadie, invadido por fuerzas oscuras y mafiosas que desde ambos lados lo utilizan a su antojo. El contrabando, el tráfico de materias primas, la explotación sin control: la minería ilegal, entre otras, son los negociados más conocidos. Pero donde no hay control territorial la lógica es que afloren las anarquías y las típicas confabulaciones para mantener la situación de impunidad de estos grupos que nada tienen que ver con las patrias, ni la venezolana ni la guyanesa.

Mantener el estatus actual conviene a las transnacionales interesadas en la explotación de los recursos minerales y energéticos. Nada de proyectos encaminados a resolver los problemas de fondo de la economía y la sociedad guyanesa. Tanto que sectores informativos han denunciado la financiación de la campaña electoral del actual presidente de Guyana, David Granger. Personaje proclive a la injerencia internacional, bajo el convencimiento y la falsa promesa de convertir a la República Cooperativa de Guyana, en la Dubái de América por la baja densidad poblacional y los recursos que atesora sin explotar.

Ahora nos preguntamos, ¿cómo se beneficia el pueblo guyanés de la explotación ilegal que realizan las empresas transnacionales como la Exxon Mobil, Repsol, Shell y otras? Cuando estudios realizados han determinado que la población de esa nación está en un proceso de disminución, emigrando masivamente y uno de los países al que más emigran es hacia los estados fronterizos de Venezuela.

Venezuela y el proyecto integral de desarrollo binacional en el Esequibo.

Hoy expertos consideran que la polarización política en Venezuela no permite establecer un debate objetivo que unifique la estrategia a seguir para solucionar el diferendo entre Venezuela y Guyana. Pero la diplomacia bolivariana está sustentada en resolver las diferencias a través iniciativas de integración de la Patria Grande, inspirada en la complementación económica que ayuden a mitigar la pobreza y posibilitar el desarrollo de las pequeñas naciones que no disponen de recursos suficientes que las hacen dependientes y frágiles ante la globalización neoliberal.

Con el nacimiento de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP, se concretan PetroCaribe, la misión Milagro, la campaña de alfabetización Yo sí puedo, entre otras, que han sido diseñados como políticas de abordaje de los grandes problemas y desafíos que enfrentan las naciones caribeñas, donde Guyana forma parte de esa estrategia que apuesta a crear formas de integración que superen la realidad nacional y minimicen los efectos de los conflictos heredados. Es una necesidad de ganar-ganar que alejen el ambiente agresivo que alimentan los falsos nacionalismos y favorecen intereses subalternos.

Definir los aspectos de esa estrategia o plan de desarrollo pertenece bilateralmente a Venezuela y Guyana. El ámbito caribeño de amistad y cooperación que hoy existen nunca antes existió. Cuba una nación líder en el Caribe articula de conjunto con Venezuela modos y maneras efectivas e inteligentes de cambiar esas relaciones de desconfianza alentadas y precarizadas por las partes interesadas en no resolver definitivamente la histórica situación.

A partir de la llegada de Chávez al gobierno, cambia la relación de Venezuela en el acontecer internacional, latinoamericano y del Caribe. Junto a los cubanos, los venezolanos son los hermanos mayores que ponen el pecho a los grandes problemas de Haití y de las pequeñas islas caribeñas prestando ayuda humanitaria, resolviendo el suministro de agua, combustibles, mitigando desastres, enfrentando enfermedades y epidemias.

Políticas que han pasado de ser gestos solidarios a esquemas de complementariedad económica que garantizan un intercambio de productos que da autonomía a las autoridades gubernamentales locales para mejorar los servicios públicos y poner fin a los monopolios en los suministros controlados por empresas particulares con altos precios para los ciudadanos.

Los aspectos sociales, económicos, territorial, fronterizos, de seguridad, gobierno, entre otros, deben formar parte de ese acuerdo bilateral entre naciones vecinas hermanas que juntas podrán complementar sus economías y su desarrollo social, acordando políticas que garanticen una soberanía total sobre esta zona en la que perdura el limbo legal que no favorece sino a los enemigos de Guyana y Venezuela.

La integración de los centros de investigación, lo aportes académicos y el desarrollo de soluciones conjuntas a la diversidad de problemas comunes están como materia pendiente. Es necesario acordar diseñar desde la CELAC, el ALBA-TCP y la Comunidad de Naciones del Caribe formas prácticas de integración que garanticen la paz en nuestra región acompañada del desarrollo económico y social de la región eliminando las diferencias comparativas que frenan a las naciones más pequeñas.

Son muchos los pueblos que tienen afectada su integridad territorial en disputas territoriales, demarcaciones fronterizas y en posesiones indebidas en Latinoamérica: las principales son la situación de Puerto Rico; la Zona en reclamación Esequibo; el territorio que ocupa la Base Naval de Guantánamo, en Cuba; las diferencias entre Chile y Bolivia por recuperar el litoral; el dominio neocolonial que perdura sobre pequeños territorios caribeños, que están todos ligados a la manera conservadora de dominar las oligarquías criollas en su dependencia de las potencias imperialistas y neocoloniales.

Hay que diseñar desde nuestros países proyectos de integración acordes a los desafíos que compartimos como región Caribeña-Latinoamericana. En el caso de la zona del Esequibo, se trata de la salida atlántica a Venezuela y compromete más del 70% del territorio aspira Guyana forme parte de jurisdicción, que también tiene otra reclamación territorial de su vecino Surinam por aproximadamente otro 7% del territorio.

Estos tiempos presentes están cambiando para bien de la humanidad y de los pueblos que merecen protagonizar sus gentilicios con plena dignidad. Pero dependen que todos los factores de esas naciones piensen qué resulta mejor, si la dependencia, la soberanía que implica integrar nuevas maneras de convivencias pacíficas, la buena vecindad, basadas en la confianza, es decir, compartir lo que tenemos como contribución al presente y al futuro del desarrollo de nuestros pueblos.

sixtovallente2@gmail.com



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