Agricultura y gasolina

El aumento de la gasolina es el refrito más antiguo de la revolución Bolivariana en materia económica. Desde muy temprano, dos corrientes en el chavismo presentaron sus ideas, sobre el tema, los primeros, consideraban al petróleo una especie de maná, caído del cielo para uniformizar las bondades económicas de toda la población, pero percibido desde la posibilidad de acceso a los combustibles y derivados a precios módicos, y evitar se constituyera  una   barrera para que los humildes tuvieran que hacer grandes esfuerzos, bien para pagar sus costos de trasportación personal y familiar, o  para cubrir los efectos que un aumento puede tener en los productos  de primera necesidad, que en nuestro país se trasportan  primordialmente por carreteras. Un aumento en la gasolina en esta primera imagen implica el traslado de costos sobre toda la economía nacional, eso se dijo y se dice.  La segunda visión sobre el aumento del precio de la gasolina se ubicó en frenar el despilfarro energético, evitar la fuga  energética,  disminuir las pérdidas que ocasiona el  precio de los combustibles por debajo de los costos de producción, e invertir los ingresos  adicionales en planes que mejoren los programas de transformación de la sociedad integralmente. En esta visión he militado, por cuanto la  sensatez debe privar en cualquiera de las decisiones que finalmente  y necesariamente se adopte, sin resquebrajar la unidad de pensamiento y acción política, pareciera entonces que una opción tercera, integrada y mejorada, es la vía para que el incremento en el precio de los combustibles no sea un trauma que alimente un nuevo espacio para la guerra económica.
 
En materia de extracción de combustible no hay precio que la detenga. Los buques pesqueros, los taxistas, los empleados públicos de bajos salarios, los transportistas, los militares y un sálvese quien pueda  le suma a sus ingresos un plus  que proviene de la reventa de la gasolina. Esa cultura extractiva  se ha desplazado a espacios relativamente  lejanos de las fronteras. De manera que, el precio es el tema crucial de los posibles efectos sobre la economía interna, y no  sobre la extracción, la cual debe ser tratada con leyes rigurosas, y penalizada severamente.
 
En tanto,  todo hace pensar que los precios de los combustibles deben ser producto de una Ley que lo vincule a programas de inversión estratégica, entre los cuales, por citar algunos, estaría la agricultura, el transporte público terrestre y acuático, el desarrollo de de un sistema de cabotaje nacional (propuesto en Aporrea por un camarada  desde hace tiempo), el respaldo a un nuevo modelo productivo, y a la Gran Misión Vivienda Venezuela, entre otros. Pero no serían asignaciones de boquilla, sino ajustadas a programas de inversión  calculados y vigilados  con apoyo del Poder Popular. Rescatar casi 10.000 millones de dólares del despilfarro y de las mafias, bien vale la pena  pensar que hacer con esos ingresos.
 
En la agricultura,  cuando  comenzó a repuntar el precio del  petróleo, en el Instituto de Investigaciones Agrícolas (INIA) se escribió un documento sobre la necesidad de apuntalar la investigación  e innovación en la agricultura pertinente, en infraestructuras para el desarrollo sustentable, y para la producción de insumos estratégicos. Entonces, parece simple retomar esas ideas como parte de la Ley que en efecto se promulgue en el marco de la  Ley Habilitante,  que todavía puede utilizar el presidente Maduro.
 
Con el cambio de prioridades y de disponibilidad de recursos, la LOCTI es el mejor camino para apuntalar la investigación e innovación, mediante proyectos con jerarquía de necesidad de Estado. Las otras inversiones provenientes de dos circunstancias concurrentes,  mejor precio del petróleo al conseguido  en el año 1999, y la mejora en el ingreso por combustibles puede apuntalar el relanzamiento del Plan Nacional de Semillas para anticiparnos a un “paro semillero”,  Plan Nacional de Insumos biológicos con énfasis en controladores y biofertilizantes para mejorar el cambio de modelo hacia la producción sustentable agroecológica, Plan Nacional de Producción de Cereales y su concatenación  con almacenamiento y procesamiento para salir del acoso de un posible paro maicero y arrocero, refuerzo de la vialidad rural, y  de subsidios directos a productores de rubros estratégicos, y un Plan Nacional de la  Ganadería Emergente, que supere el predominio de la oligarquía  enquistada en el sector ganadero nacional,  entre otros.
 
La discusión sobre el tema del precio de los combustibles es excelente, sí solo sí, el resultado va atado a una Ley que permita que  los ingresos  no se  difuminen en la pesada, parasitaria e ineficiente burocracia, sobre la cual el Comandante Eterno y el Comandante Maduro  han señalado sus dudas, en el replanteo de la revolución.


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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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