Parte III

La universidad y la LOE

En buena parte de las instituciones universitarias, la degeneración es tal que estudiantes y profesores honestos, dedicados y capacitados, son acallados a través de amenazas, persecuciones y la agresión física, por bandas delictivas constituidas luego de la desaparición de los partidos políticos en las instituciones tradicionales y por aquéllas, de más reciente creación, organizadas por rectores supuestamente revolucionarios. Nada diferencia unas universidades de otras, como no sea el hecho de que las universidades autónomas tienen mayores reservas de académicos verdaderos y, por lo tanto, mayores posibilidades de recuperación, si la acción gubernamental cambia positivamente.

Hasta ahora, el Gobierno Nacional no ha prestado atención a las perversidades existentes y ha permitido que las universidades vayan cayendo en manos de las mafias señaladas. Parece que deseara la pudrición universitaria. La LOE recientemente aprobada no corrige ninguna de las causas de las perversiones señaladas, por lo que éstas no se revertirán. Se piensa que, extendiendo el voto a los trabajadores y haciendo paritario el de los estudiantes, el gobierno alcanzará a controlar las instituciones, sobre todo las autónomas. No interesa el destino de la academia, ni de la investigación, ni siquiera el problema de la iniquidad en el ingreso y prosecución estudiantil. Sólo se quiere ganar elecciones. Las nuevas disposiciones electorales hundirán, aún más, a las universidades en el pantano en que ya muchas se encontraban y llevarán al pantano a las que aún no lo han alcanzado.

Se ha potenciado la tendencia iniciada en los 70 con la Reforma de la Ley de Universidades de Caldera. La reforma tuvo como excusa al “subversivo” movimiento de renovación académica, el cual estuvo lejos de ser mayoritario en la UCV y mucho menos en el sistema universitario. Los protagonistas que ayer, con sus acciones, crearon las condiciones para la intervención y la reforma de la Ley , 40 años después completan su trabajo continuando la obra de Caldera: Hacer de las universidades pequeñas repúblicas. Trampa macabra de la historia.

Las jerarquías universitarias deben basarse en el autoritas académico. El tutor de un estudiante no es su jefe ni gobernante; es su guía. Lo mismo que el profesor en el aula, el director de una escuela y así hasta llegar al rector, máximo guía de la institución por su sabiduría. Eso dejó de ser en la universidad venezolana, lo que la hizo vulnerable. La reforma sepulta para siempre esa posibilidad, completando la labor de los sepultureros que comenzaron el trabajo hace 40 años.

Correo del Caroní, 17-12-2009, Ciudad Guayana

lft3003@yahoo.com


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Luis Fuenmayor Toro


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