La ULA, Nº 1º como universidad pirata del mundo

Otro insólito fraude arqueológico: ¡Encontraron un mastodonte!

El arqueólogo don J. E. Ruiz Guevara (maestro del Comandante Chávez y de una larga generación de venezolanos) fue quien le descubrió a la señora Jacqueline  Clarac de Briceño dos espantosos fraudes arqueológicos, el de Joyo Caliente en la Pedregosa Alta donde ella decía que había descubierto el Ombligo de la civilización Chibcha y un vulgar rosetón que se compró en Perú (y que ella misma enterró en el cerro de Las Flores) con el que según ella se iba a descifrar el origen de la civilización americana. Ahora ha encontrado en los Andes un mastodonte con el que echará por tierra todas las investigaciones, teorías y análisis sobre la formación del planeta. Hoy, lamentablemente nuestro amigo y maestro Ruiz Guevara no está físicamente con nosotros, porque ve ella el terreno libre para inventar a diestro y siniestro. Además se ve a las claras que la señora Clarac busca desesperadamente financiamiento para sus locuras que requieren muchísima plata, y sobre todo ahora cuando su queridísimo amigo el Vicerrector Humberto Ruíz está lanzado en campaña electoral por el rectorado.

Pero la ULA ha sido prolífica en esta clase de inventos. El 8 de marzo de 1993 hubo un horrible forcejeo entre Monseñor Baltazar Porras y el rector Michel Rodríguez por la posesión de los "restos de Fray Juan Ramos de Lora", que habían sido “encontrados” en el Rectorado. El primero amenazaba con usar todo su poder para llevárselos a la catedral.

El viejo diario católico “El Vigilante” para no perder terreno se adelantó y encartó toda una sección especial con el título Estilo Universitario, dedicada al fenomenal descubrimiento de los restos de Fray Juan Ramos de Lora. Media cuadra había abierto en pleno centro buscando los referidos restos. Una gran excavadora estuvo semanas interrumpiendo el tránsito. Docenas de obreros como topos hendían sus picos por entre la maraña de bases del viejo Auditorio. Grandes camiones atravesados en el pequeño boulevard, promontorios de tierra, electricistas, plomeros y carpinteros. Ni el equipo rectoral ni Baltazar Porras podían conciliar el sueño desde que se habían comenzado a enumerar los huesos, y por ello con frecuencia se veían cargamentos de víveres y alimentos, a la espera de la gran celebración.

Un grupo de hombres que parecen choferes de la lujosa flota de vehículos de nuestros decanos y el equipo rectoral, reían escandalosamente. Me he acercado para preguntarles sobre los adelantos que se hacen en la búsqueda de los restos de Fray Ramos de Lora; me responden jocosamente que eso ya fue paralizado; que echaron cemento al inmenso hueco y que "no seguirán sacando huesos de gallina y de vaca" que era cuanto allí había. Pues, ese lugar fue cocina de un potrero, propiedad de un cura, y que allí no se encontró un solo hueso humano. Me retiré, y al alejarme escuché que en son de broma, uno decía que en su casa guardaba una clavícula de Fray Ramos de Lora y otro un fémur. La chanza generalizada era contra el equipo rectoral.

Muchos restos que iban sacando los llevaban a la catedral para colocarle agua bendita y volverlo empacar.

En el encartado de “El Vigilante”, aparecía una descomunal fotografía con la estatua del primer obispo de Mérida y un título que era como un grito: "Fray Ramos de Lora quería que lo sacaran". Estampó el autor de este trabajo, el señor Oswaldo Acosta Sanabria: "La noticia ha dado la vuelta al mundo. Un ingeniero merideño, Rosendo Carmargo, especialista en estructuras,... se empeñó con criterios lógicos de ingeniería y documentación existente en diagnosticar el lugar donde pudiera encontrarse la tumba del prelado..." Pero a los pocos días: ¡Tremendo fiasco! El equipo rectoral y Porras han quedado estupefactos. No eran los huesos de Fray Juan Ramos de Lora. Si antes habían beatificados restos de vacas, tendrán que hacer un acto de desbeatificación. Lo que sí no podremos quitarle a esta gente es lo bailado, es decir los vinos y ricos condumios que en nombre de esa huesera de un mercado público (que era lo que allí había), trasegaron y castigaron.  Veamos el siguiente remitido:UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. A LA OPINION PUBLICA. En relación a la búsqueda de los restos del Obispo Fray Juan Ramos de Lora, quienes suscribimos, creemos oportuno informar a la opinión pública lo siguiente.. 2) En las excavaciones efectuadas en fecha 6 de marzo de 1993, se hallaron restos óseos que en un primer momento se creyó correspondían a restos humanos, sin embargo, una vez efectuados los análisis y experticias sobre los mismos, se llegó a la conclusión que no son los de Fray Juan Ramos de Lora.

El profesor Jaime Perfau, investigador de la Facultad de Ciencias refirió que a él le mostraron lo que se suponía era el cráneo de Fray Juan Ramos de Lora: ¡la pelvis de una vaca!

Pero todo esto es apenas un triste botón con la denuncia que el 15 de agosto de 1988 hizo el profesor J. E. Ruiz Guevara, quien publica un artículo contra Jacqueline Clarac de Briceño criticándola por el brutal y desmedido abuso de hacer públicas unas fotografías de una revista tan conocida como GEOMUNDO para procurar impresionar a incautos; es entonces cuando la señora Jacqueline corre al CORREO DE LOS ANDES y entrega una aclaratoria sobre este bochornoso plagio, pero para el momento ya había pasado más de un mes y la evidencia del estropicio era demasiado elocuente para venir ahora con una disculpa.

Ante esta temeridad, el doctor J. E. Ruiz-Guevara se ve en la necesidad de enviar una carta a la directora de GEOMUNDO, donde le dice lo siguiente: Me es grato enviar copias fotostáticas de dos recortes de prensa de los diarios CORREO DE LOS ANDES y FRONTERA, que circulan en esta ciudad.

En el CORREO DE LOS ANDES aparece un informe de la Sra. Jacqueline Clarac de Briceño en el que incluye unas fotografías publicadas en GEOMUNDO ilustrando un artículo titulado "Explorando las ruinas de la ciudad perdida en Colombia", pp. 362 a 383, vol. 4 N? 4/abril de 1980, sin citar la procedencia de las fotos tomadas, cosa que constituye a todas luces un flagrante plagio.

En FRONTERA aparece un artículo mío titulado "UN CUESTIONABLE HALLAZGO ARQUEOLÓGICO, en el que denuncio la indebida utilización de las fotografías mencionadas. Al permitirme hacer de conocimiento suyo tal anomalía, me suscribo de usted.

Atentamente Hist. J. E. Ruiz-Guevara  Mérida -Venezuela.

GEOMUNDO responde al señor Ruiz Guevara:

Mil gracias por su carta-denuncia, tal vez tanto el CORREO de los Andes como la autora del artículo ignoran que está prohibida la reproducción de estas fotografías, aun dándoles el crédito correspondiente. Vamos a ponernos en contacto con ellos.

 

La eterna directora del Museo Arquelógico de la Universidad de Los Andes debería estar presa por esta y muchas otras estafas, pero no, vive más bien en la gloria. El día domingo 24 de julio de 1988 en la última página del diario FRONTERA, aparece el titular: "MENTIRA DEL SIGLO SE HA INSTRUMENTADO EN LA PEDREGOSA" - Según arqueólogos y antropólogos -.Pero ya a la mentira se le había sacado el jugo en el II Congreso Mundial de Arqueología en 1990 y resultaría injustificable la desaparición de un sitio de importancia tan próximo a la ciudad de Mérida.

Muchas barbaridades llegaban juntas, como la de haber enviado al diario Correo de Los Andes un grupo de fotografía de la revista GEOMUNDO, para ilustrar toda una página sobre: DESCUBRIMIENTO DE UN SITIO ARQUEOLÓGICO DE GRAN IMPORTANCIA EN LA CORDILLERA DE MÉRIDA, cuyo reportaje apareció el día domingo 10 de julio de 1988.

Eran fotografías a las cuales no se les colocaron leyendas, las mismas que fueron enviadas junto con un informe que elaboró la señora Jacqueline para justificar el “fabuloso hallazgo”.

A muchas eminencias científicas tercermundistas mostró la señora Jacqueline aquellas fotos y diapositivas sobre la "espantosa destrucción". Como en Río Caribe estaba reunido un grupo de arqueólogos del Comité asesor de la Fundación de Arqueología del Caribe, inmediatamente ella les hizo llegar este material, que fue recibido por los doctores Betty Meggers (de Washington), Marcio Veloz Maggiolo (de Washington), Oscar Fonseca (de Costa Rica), Agamenón Gus Pantel (de Puerto Rico), Carlos Augusto Valdés (de Colombia) y otra vez a Mario Sanoja e Iraida Vargas de la UCV. Los más sorprendidos eran estos últimos que habían conocido aquellas ruinas en todo su esplendor.

Doña Jacqueline y su equipo de precolombineros no perdían oportunidad para ir preparando los elementos jurídicos que condujeran con la expropiación de El Maciegal. Casualmente, una comisión técnica se reunió en aquellos días para proponer la creación de las reservas arqueológicas en Venezuela. Un tal Carlos Schubert de Centro de Ecología del IVIC, Lilian Arvelo del Departamento de Antropología de este mismo centro, Luis Molina de la Dirección Cultural de CONAC, el paleontólogo Omar Linares de la Universidad Simón Bolívar junto con Eduardo Szeplaki (asesor científico de la Comisión de Ordenación Territorial y Ambiente de la Cámara de Diputados) constituían ese frente que presentaría “un gran proyecto de protección de áreas con riquezas arqueológicas para su estudio, recolección de material y preservación.[1]

Poco después esta misma doctora iba a ser protagonista de otro invento mil veces peor que el relatado sobre el fulano ombligo chibcha. Con toda la tranquilidad del mundo nuestra investigadora habría de catalogar como EL DESCUBRIMIENTO ARQUEOLÓGICO MÁS IMPORTANTE DE VENEZUELA al de un souvenir que venden en los mercados peruanos y que sería “descubierto” en el cerro de Las Flores por los mismos que lo enterraron, sus subalternos del Museo Arqueológico.

El bachiller José Luis Quintero Moreno a quien la señora Clarac había utlizado en su equipo para montar el fraude es quien la denuncia: con el remordimiento que representa tener que tragarse las inmensas falacias que día a día se urden para afirmar que se "investiga", que se "progresa", que se "avanza en el conocimiento", José Luis se lo plantearía muchas veces: "No puedo aguantar más mentiras. No soporto ya tanta inmundicia. Ayer fue un ombligo de la civilización chibcha en La Pedregosa Alta; hoy es el invento de esa placa lítica comprada en un mercado público de Perú. Tantos inventos en esos informes y excavaciones arqueológicas. Más pudo el pudor, más pudo la dignidad y apenas comenzando el año, José Luis el 9 de enero de 1992, entregó la siguiente carta a la doctora Jacqueline Clarac de Briceño: Muy estimada Dra.

El motivo de la presente es con la finalidad de expresarle el más profundo pesar ante la obligación moral de tener que renunciar a seguir prestando mis servicios como investigador en esta institución; pesar que se manifiesta por la permanente indolencia suya, ante la grave crisis que azota al Museo, así como por la falta de receptividad respecto a las constantes denuncias mías sobre los fraudes de un "investigador" como Antonio Niño. Acusaciones que Usted siempre ha calificado como de "celos profesionales", "envidia", "mentalidad subdesarrollada", "resentimiento", etc., etc., etc., de parte de quienes hemos denunciado a este señor, cuando hubiese bastado apenas una sencilla investigación - en cada caso - para determinar la veracidad de estos múltiples hechos.

 Paso a recordarle parte de las denuncias que yo personalmente o conjuntamente con otros investigadores he hecho a lo largo de varios años, tanto de manera verbal como escrita:

- En 1987, en reunión con Elvira Ramos y Andrés Puig, demostramos la falta de seriedad y metodología por parte de A. Niño en la excavación de cámara funeraria en el sector Loma de la Virgen en La Pedregosa.

 - En 1989, como consecuencia de la novedad de la aparición de vestigios arqueológicos encontrados en el cerro Las Flores, Bella Vista, reunidos en la dirección del Museo en presencia de Andrés Puig, Belkis Rojas, Ud. y mi persona; A. Niño, ante la falta de seriedad de su investigación, presumía muy asustado que a lo mejor la placa de Wiracocha habría sido puesta por un amigo suyo (Ruiz Guevara) para "hacerle una broma". Ante la pregunta de nosotros sobre los pormenores del hallazgo no hizo más que contradecirse, demostrando con ello un fraude en la investigación. No dudamos de la autenticidad que pudiera tener tal placa, pero, ¿realmente estaba dentro de esa cámara funeraria?

LA PLACA DE WIRACOCHA. ESE GRAN DESCUBRIMIENTO ARQUEOLÓGICO" NO ES MÁS QUE UNA DE LAS TANTAS COPIAS DE ARCILLA (CON MOLDE) QUE LOS CAMPESINOS Y ARTESANOS PERUANOS HACEN PARA VENDER COMO SOUVENIR A LOS TURISTAS QUE VISITAN ESA REGIÓN. Ello explica por qué el experto arqueólogo Lumbreras jamás se comunicó con el Museo Arqueológico, pues sin duda debió darse cuenta de tan descabellada patraña.

Todo esto puede leerse con lujo de detalles en el libro de Sant Roz, “Capos de Toga y Birrete”. Ahora viene la madre de todos los hallazgos, la señora Jacqueline ha encontrado un mastodonte, es decir LA MADRE QUE PARIÓ UN BARCO.

jrodri@ula.ve

[1] Aparecido en el “Correo de Los Andes”, domingo, 17 de julio de 1988.



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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