Estudiantes violentos favorecen a los amos de sus padres

¡Insólito! ¿Hasta dónde han llevado a la clase media? Me quedo perplejo cuando veo por la televisión trasnacional a muchachos de la clase media arrojando piedras sobre los jóvenes policías que fueron excluidos de la educación superior. Jóvenes a quienes se les arrebataron casi todos los derechos humanos durante la dictadura económica y que ahora defienden con esperanza a un líder mundial indiscutible que invierte los recursos del petróleo para educar a sus hijos.

Ahora estudian los hijos e hijas de los policías, de los soldados, de las barrenderas, de las enfermeras, de las cocineras, de los mesoneros, de las señoras de servicio, de los choferes y de los guardaespaldas. Me pregunto: ¿Es esto lo que les molesta? ¿Será que sus padres ya les han hablado sobre la competencia en las empresas privadas? ¿Será que les han comentado que si muchos venezolanos estudian una carrera profesional, los ricos les bajarán el sueldo a todos los profesionales? ¿Les habrán dicho que si les bajan el sueldo no podrán cambiar de carro todos los años como lo hace papá? ¿O será más bien que no tienen ni la más mínima idea de por qué carajo están agrediendo a los policías para defender a los ricos?

Estudiantes de clase media: la violencia fomentada por los dueños de los medios está al servicio del capital. Y el capital no es sólo local, es internacional. Y ustedes no representan al capital. Ustedes cuando se gradúen sólo contarán con su fuerza de trabajo manual e intelectual, al igual que lo han hecho sus padres. Los hijos de los amos de sus padres, que ahora pudieran ser sus compañeros de aula, serán sus futuros amos cuando se gradúen. Si hoy el hijo de un rico comparte con ustedes en el campo de futbol de la universidad, mañana los explotará en sus empresas con cara de culo.

Eso es así, simplemente porque no hay capitalismo sin violencia. La violencia depredadora asegura la acumulación de la clase alta. La lucha de clases, ni la comenzaron los pobres, ni la promueven los líderes de los pueblos. La lucha de clases siempre está presente, y la comenzaron los primeros vivos que acumularon riquezas. Lo que sucede es que algunas veces la lucha de clases no se ve, está oculta. Pero otras veces se ve muy claro, como eso mismo que están haciendo ustedes en las calles cuando agreden a los policías y vigilantes que decidieron por el socialismo. Cada vez que se arremete contra la clase baja, se fortalece la alta. La clase media históricamente simpre ha cumplido un rol de muro de contención complaciente y sumisa ante los empresarios. Y si ahora vienen ustedes y se convierten en agentes armados de los empresarios, ¿cuándo carajo vamos a acabar con la grosería de esta misma sociedad?

Estudiantes, por favor, ¡más bibliotecas y menos Globovisión!. En las bibliotecas de sus universidades van encontrar suficiente material que demuestra que la violencia legitima las relaciones de producción. A ustedes la televisión les habla con un pensamiento desfragmentado, con clichés. Frases como: “siempre ha habido ricos y pobres”. O esta como: “no vas a cambiar el mundo”. Todas esa frases se convierten en el “sentido común”. Si embargo, como dice el pensador y político italiano Antonio Gramsci, se trata de un sentido común previamente moldeado por la hegemonía de la clase dominante. Este sentido común hace del capitalismo algo natural, eterno, ahistórico. También como si fuera producto de un convenio entre patronos y asalariados, o como si fuera producto exclusivo de las relaciones económicas. Pero no amigos estudiantes. Estamos en el plano de la apariencia, de lo que se ve, de lo accesible a los sentidos y a la conciencia inmediata y precrítica.

Los ricos nunca les van a contar la verdad. Ellos no son tan gafos como parecen. La verdad la tienen que buscar ustedes mismos en los archivos históricos, en las bibliotecas, y después confirmarla con sus propias experiencias. ¿Nunca se han preguntado por qué el ejército de los Estados Unidos destruyó las bibliotecas de Irak, a pesar de que la UNESCO les había entregado los planos de ubicación justamente para que no lo hicieran? ¿Han leído ustedes sobre la historia de la destrucción de las bibliotecas? Eso no lo van a ver por Globovisión, ni en CNN, ni en las películas de Hollywood.

Tienen que investigar para sobrepasar el plano de la apariencia, de la intuición, de la inmediatez. Tienen que esforzarse por “ir más allá” de lo directamente observable. Cuando ustedes, estudiantes, ven que sus padres pacíficamente van con su currículo a buscar trabajo, y se sonríen en la entrevista, y luego que son aceptados firman un contrato con el empresario, esto a “simple vista” les parece que fuera de mutua conveniencia entre las partes. Sin embargo, la “paz” contractual ha sido hija legítima del castigo y la violencia que ustedes mismos hoy están provocando al servicio de los ricos. No es casualidad que el capitalismo la más de las veces haya imperado en la historia en forma de dictadura. Fue sólo cuando llegó la televisión que las transnacionales pudieron dominarnos en democracia representativa porque se les hacía muy fácil manipular a las mayorías para que votaran por las minorías.

Ahora, amigos estudiantes, veamos más allá de las apariencias. Antes de que emergiera el capitalismo, nuestros ancestros vivían del cultivo de la tierra con sus propios instrumentos de trabajo. Luego vinieron unos vivos y les robaron las tierras con violencia, y se produjo una ruptura entre el labriego y la naturaleza que era su medio de producción. Ahora los medios de producción están en manos del capitalista, y lamentablemente, a los asalariados sólo les quedó su fuerza de trabajo como propiedad privada. Pero esta propiedad privada nos es expropiada todos los días en forma de plusvalía que nos roba el empresario y la convierte en capital. Y para que el empresario pueda seguir robando plusvalía, es necesario que los estudiantes manipulados por Globovisión agredan a la clase baja.

Karl Marx nos los explica:

«(...) después de ser violentamente expropiados y expulsados de sus tierras y convertidos en vagabundos, se encajaba a los antiguos campesinos, mediante “leyes grotescamente terroristas”, a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exigía el sistema asalariado» [1]

Sí compañeros. Humillaron a nuestros ancestros, los vejaron, los torturaron. Y más que eso. Según el propio Marx nos cuenta, los primeros capitalistas emplearon “la horca, la picota y el látigo” para impulsar a los campesinos por la vía estrecha que conduce al mercado de trabajo [2]

También explica el autor de El Capital lo siguiente:

«La organización del proceso capitalista de producción ya desarrollado vence todas las resistencias; la existencia constante de una superpoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo a tono con las necesidades de explotación del capital, y la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Todavía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconómica» [3]

Esto último quiere decir que el empleo de la violencia de las fuerzas de la derecha, es condición esencial no sólo para la acumulación originaria de los capitalistas sino también para que el capital cada vez se concentre en menos manos. De hecho hoy, quinientos malandros disponen de la mitad de las riquezas del mundo. Mañana serán sólo doscientos de ellos con las tres cuartas partes de los bienes, y pasado mañana serán sólo diez malandros atragantados con la casi totalidad de los medios de subsistencia.

Finalmente Marx, con ironía, deconstruye la supuesta eternidad de las leyes que describe la economía política, las cuales, por cierto, no considera la violencia en el proceso de expropiación.

«”Tantos esfuerzos se requirieron” para dar rienda suelta a las “leyes naturales y eternas” del régimen de producción capitalista, para consumar el proceso de divorcio entre los obreros y las condiciones de trabajo, para transformar en uno de los polos, los medios sociales de producción y de vida en capital, y en el polo contrario la masa del pueblo en obreros asalariados, en pobres trabajadores y libres, este producto artificial de la historia moderna» [4]

Pues bien compañeros estudiantes. Cuando ustedes se gradúen y se encuentren en el espacio social del mercado, ustedes van a percibir una "aparente" igualdad de condiciones cuando firman un contrato laboral. Van a pensar que ambos son poseedores de mercancía. El empresario posee capital, y ustedes conocimientos. Pareciera que lo que se hace es un simple intercambio de mercancía entre “iguales”. Sin embargo, cuando ustedes se presentan en una entrevista de trabajo, como lo hacen hoy sus padres, ya están derrotados antes de que empiencen a trabajar. Ustedes ya han sido previamente despojados de su propiedad, de sus medios de subsistencia y de su vida. Esta ruptura de la propiedad no se ha realizado en el espacio mercantil ni contractual, sino en otro ámbito, como ya traté de explicarlo en este corto espacio.

Bueno, aquí termino el sermón. Mañana lunes no vayan a poner la cagada otra vez. Reflexionen e identifiquen a sus enemigos locales e internacionales.

¡Ustedes sí pueden!

[1] El Capital, Karl Marx. Fondo de Cultura Económica, 1981, Bogotá. Tomo I, p.627.

[2] Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundrisse), Karl Marx. Primera mitad, Editorial Crítica, 1977, Barcelona, p.461.

[3] El Capital, Karl Marx. Fondo de Cultura Económica, 1981, Bogotá. Tomo I, p.627.

[4] Ibídem, p. 646.

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Fernando Saldivia Najul

Lector de la realidad social y defensor de la sociedad sin clases y sin fronteras.

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