¿A quién le sirve el actual sistema educativo venezolano?

Es indiscutible que la educación de un país tiene que ver con la direccionalidad del Estado, es parte del engranaje social para formar a las generaciones que van a tener responsabilidades en el futuro. Pero esto no quiere decir que la educación sea un instrumento ideológico de los que gobiernan cercenando la libertad de pensamiento y contraviniendo los derechos humanos y democráticos.

El sistema educativo debe estar delineado para formar ciudadanos libres, con espíritu crítico, para ser útiles a la sociedad y vivir en un ambiente social democrático. Esas premisas básicas están en cualquier manual educativo, es lo primario, lo esencial y reconocible como función de la educación.

El Estado de una nación implanta la educación que considera pertinente para el desarrollo económico y social, establece la directriz de una sociedad organizada, en consonancia con los planes de innovación y creación de tecnologías y el avance de la ciencia, la producción y modernización de las ciudades y el bienestar familiar, colectivo e individual. De otra manera la educación pierde sentido práctico y filosófico y su espiritualidad estará muy lejos de las necesidades humanas.

El entramado educativo cuando se diseña para para sostener una estructura política militarizada, caudillista y déspota, está en contra del desarrollo social, nacional y conduce a cualquier país hacia un retroceso histórico, propiciando la ignorancia. Hablar de una educación liberadora, significa desde todo punto de vista, incentivar en las nuevas generaciones la creatividad, generar la movilidad social, incentivar a los profesionales, motivar a la innovación tecnológica y la investigación científica para la independencia, junto a la educación en valores de respeto y cumplimiento de los deberes y derechos ciudadanos. Esas razones permiten mejorar la calidad de vida en una sociedad.

La realidad venezolana hay que examinarla a luz de los acontecimientos actuales, el acto pedagógico lo convirtieron al igual que el área cultural, en herramientas exclusivas para la propaganda política a favor de los que ostentan el poder. Hay que revertir esa situación, los educadores tienen el deber de exigir volver a la didáctica de un aprendizaje consustanciado con el intelecto humanista para la convivencia y no para la confrontación.

Cuando los gobernantes someten a la población a una constante lucha ideológica y manipulan el nacionalismo como arma de dominio político, están condenando al país a una constante conmoción y caos producto del enfrentamiento entre naciones, no es una lucha popular es un juego de intereses donde al pueblo se le utiliza como carne de cañón para el beneficio de la crema y nata del Estado.

Hoy más que nunca, en Venezuela se necesita una transformación política y económica.



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Orlando Balbás

Prof. en Ciencias Sociales. Magister en gerencia educativa. Jubilado del MPPE.

 orlandobalbas27@gmail.com      @orlandobalbas

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