¡La educación es solo para la niñez!

Lamentablemente en mucha gente joven, y también mayor, existe en su mente el proceder con maldad para hacerse de algún bien que desee o necesite, sin tomar en consideración que su actuar perjudica a una persona, familia o comunidad. Al buscarse el origen de ese mal comportamiento se confirma que aquella gente está impulsada a portarse así por no haber recibido en la niñez una buena educación y esto permite aflore los malos instintos: Envidia. Rencor. Odio. Violencia, etc., etc.

La falta de una buena educación hace que algunas personas manifiesten una absoluta inestabilidad mental y espiritual, y el tratar de obtener un cambio en su mala conducta después de haber cumplido cierta edad es muy exigente, complicado y prácticamente imposible de lograrlo, en cambio un buen desempeño habría sido fácil de conseguir si a esas personas en la niñez se les hubiera educado de forma adecuada, ya que definitivamente es en la niñez cuando en realidad se puede moldear a un buen ciudadano.

Tenemos que meternos en la cabeza que la educación es aquellos preceptos que solo se enseña en los hogares y en las instituciones que se dedican a las primeras enseñanzas, hogar, pre-escolar y escuela, pudiéndose complementar con las prácticas deportiva cotidianas y/o la realización de actividades culturales, por cuanto ello significa que en algunas horas al día, en el tiempo libre que tenga los niños, se evitará se vean comprometidos en situaciones de riesgo social cuando en las calles personas perversas puedan abordarlos y persuadirlos para que cometan actos degradantes. De manera que la educación impartida en el hogar, la que se ofrece en el pre-escolar y la escuela, junto con la práctica cotidiana del deporte y/o actividades culturales, harán formar en los niños y niñas una concepción moral bien cimentada, lo que influirá durante su crecimiento hasta llegar a la adultez.

El deporte y la cultura infantil es vital para impedir que los niños y niñas, si vagan por las calles, sean corrompidos por malandros, y si se evita esta desgracia habrá mayor garantía para que en el futuro el país tenga mayor número de buenos ciudadanos; razón por lo que el gobierno debe aplicar pronto unos nuevos parámetros en la materia.

El pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar expresado en el discurso del 15 de febrero de 1.819 ante el Congreso de Angostura, MORAL Y LUCES SON NUESTRAS PRIMERAS NECESIDADES, está sumamente claro. Hoy hay que reconocer que en este país, en cuanto a las luces, se ha adelantado una enormidad pues ahora existe un buen número de instituciones que instruyen en cuanto a lo técnico y profesional, en artes, en saber científico y en filosofía, por consiguiente, la instrucción en esas ramas del conocimiento hoy es masiva debido a que el actual gobierno solucionó el mal endémico que se sufría por la falta de cupos en los institutos de estudios superiores correspondientes.

Ésto está muy bien, pero, estimado lector, fíjense como el Libertador antepuso la palabra Moral a la palabra luces ¿Será que el Libertador no pensó en el alcance de tal palabra? No, no, hay que estar plenamente seguro que aquel asombroso ser, Simón Bolívar, estaba convencido de que sin moral no podía existir instrucción alguna que llevara adelante la felicidad duradera a un pueblo.

Un segundo pensamiento del Libertador nos permite observar en profundidad su frase citada anteriormente, cuando en carta dirigida al general Francisco Carabaño el 13 de Octubre de 1.828 le dice: EL TALENTO SIN PROBIDAD ES UN AZOTE. Aquí se nota claramente que el Libertador se refiere a que cuando un individuo, por muy instruido que sea, si no actúa conforme a los principios morales sus acciones pueden ocasionar mucho daño; es por tal circunstancia que el calificativo de azote que le da Bolívar a una persona deshonesta es rigurosamente cierto.

Es menester que el gobierno nacional implemente pronto una Misión de Educación dedicada a la moral y dirigida a los niños, para con ésta se incentive a los padres a que transmitan con perseverancia la enseñanza a sus niños sobre las normas de honestidad, respecto, buen trato familiar, cordialidad, afectos, etc., etc., encargándose el mismo gobierno de supervisar los institutos de primera enseñanza y/o cualquier otro lugar en donde se encuentren reunidos niños, con la finalidad de evaluarlos y estar seguro de que se les ha impartido correctamente una buena educación y así tener la certeza que en el futuro este niño, convertido ya en mujer u hombre, sentirá la necesidad de anteponer lo moral a cualquier prebenda indigna cuando desempeñe un trabajo físico, técnico o profesional en los organismos del Estado, empresas privadas, o en el desarrollo de alguna actividad de su libre elección.


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José M. Ameliach N.


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