Desde el año 2007 hemos venido escuchando declaraciones sobre la creación de una escuela de cine en el país, estas declaraciones vienen desde el mismo presidente comandante, hasta el más vario pinto grupo de voceros institucionales, sin embargo, mientras el estado articula, planifica y piensa, como será, lo que se ha denominado gran escuela de cine nacional, la iniciativa privada cuenta ya con al menos tres escuelas que dan talleres y cursos de hasta cuatro años para formar lo que sería más o menos un técnico medio, en el mejor de los casos.
De los precios ni hablar; pues estos son tan elevados y excluyentes, que nos permiten darnos cuenta, de que estudiar cine, no es un derecho para quienes sueñan, sino una posibilidad de quienes pueden y tienen el dinero necesario, es sin duda, una carrera de clases y castas o al menos hasta la fecha se ha manejado de esa manera.
Por otra parte, en el país también existen dos facultades de artes audiovisuales, que se encuentran formando profesionales, para el área de la televisión como lo son; la facultad de medios de la ULA en Mérida y la escuela de artes audiovisuales de la universidad Cecilio Acosta en Maracaibo estado Zulia.
Hay quienes creen que en el país no hace falta una escuela de cine, pues según dicen; palabras mas palabras menos, en Venezuela, hay ya suficientes cineastas, con los niveles técnicos y artísticos necesarios, por lo cual, formar una escuela que de pie a una nueva generación de cineastas no tendría mayor sentido y es que según su discurso; para hacer veinte películas al año, ya hay suficientes directores de cine, fotografía, arte etc… que por de más son de lo mejor que hay en el continente.
Hace algún tiempo un profesor, me enseñó, que una buena película es aquella que somos capaces de ver una y otra vez, sin que nos cansemos, es aquella que somos, capaces de disfrutar tal y como la primera vez, a pesar de que conozcamos como se desarrollará minuto a minuto, de principio a fin.
En este sentido, yo les preguntaría, a quienes lean estas breves líneas, cuantas películas venezolanas han visto por mero placer, más de una vez, si esta lista llega a igualar la cantidad de películas extrajeras, que son capaces de repetir, en incontables oportunidades, paren su lectura pues estas líneas carecen de sentido.
Seguramente muchos dirán que comparar nuestro cine con el cine universal es injusto, pues en nuestro país, no hay recursos para invertir, lo que se invierte en Hollywood, en cada proyecto cinematográfico, sin embargo, a estas personas les recordaría, que los grandes maestros del cine universal, no lograron serlo, a realazo, sino, a pulso de historias buenas y de puntos de vista distintos, de retratar con una cámara la realidad y superarla, si acaso mis palabras suenan huecas, les recuerdo a tarkovski, solamente por nombrar uno de tantos, éste, sin efectos especiales, ni grandes presupuestos o recursos técnicos, hizo películas de ciencia ficción, que lograron llegar a ser películas de culto, para los cinéfilos en todo el mundo, he allí la magia del cine y la grandeza de un cineasta, que fue capaz de ver desde un punto de vista desde el cual nadie había visto antes.
Sin embargo, no olvidemos que este maestro del cine universal fue formado en la aclamada escuela VGIK (Instituto Estatal de Cinematografía de todas las Rusias), que formó a toda una generación de cineastas reconocidos y aclamados universalmente.
De todas formas y a pesar de estos o de mil argumentos válidos o no, habrá quienes aseguren que la comparación es injusta pues el complejo de cenicienta que tenemos parece en ocasiones insoslayable.
Viviendo el momento de cambios que vive nuestra patria, es tiempo ya de madurar y de comprender, que como en otras disciplinas, para alcanzar la excelencia, es necesario masificar la formación en materia cinematográfica y a las pruebas me remito; desde que en Venezuela se ha venido formando masivamente a los deportistas, hemos visto como los niveles de estos han aumentado, logrando así alcanzar metas que en el pasado eran sólo una ilusión, la posibilidad de que en Venezuela exista una facultad que forme nuevos cineastas, capaces de generar una vanguardia de relevo, de quienes hasta la fecha han logrado sortear las dificultades de este oficio, permitirán sin dudas, una mejora en cuanto a la producción, sin importar que el tema de los recursos, continúe pesando sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles.
El cine es fundamental y más aun en una revolución, pues los cineastas dan forma, en gran medida a las ideologías y a las transformaciones, de allí que en países que han vivido procesos parecidos al nuestro, se le haya dado gran importancia al hecho de creación y formación cinematográfica.
Es indiscutible que el comandante presidente, posee la sensibilidad y nuestro estado los recursos y la infraestructura, para realizar este proyecto mencionado infinidad de veces, que a todas, debería ser una meta de la revolución, sólo resta saber, si existe la voluntad política, por parte de los funcionarios de estado, a los cuales este tema les atañe y por parte de nuestros muy respetados maestros del cine nacional, para quienes este momento de transformación, les impone un reto, que va, más allá de la realización del hecho cinematográfico, pues son ellos, quienes deberán formar esta generación de relevo, a través de una facultad de cine que de a luz, nuevos talentos, capaces de llevar a nuestra cinematografía a alturas nunca antes logradas, con un cine que esté, en sintonía con el momento histórico que vivimos, un cine que a pesar de las restricciones materiales y económicas que implica hacer cine en América Latina, se sobreponga de una manera inteligente, haciendo de sus debilidades, fortalezas, por eso es, que sin lugar a dudas, una facultad nacional de cine es posible y más que posible necesaria.
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DILANCI MAY SIERRA
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