Censurar la calle San Antonio y el hotel Brunno

La Conferencia Episcopal decidió

“Ningún hombre es intocable”

Mi amigo Pedro era homosexual. E igualmente era un gran caballero. Amigo de mi familia, de mi padre y de mi madre Era un maestro de la literatura. Hoy está bajo la tierra. Un día, por la estúpida curiosidad que a veces nos envuelve, le pregunté el por qué era así

Tuve otro amigo que siendo chofer de gandola, cuando se echaba unos tragos “se le mojaba el cable de la distribución”, era un pargo escondido. Pedro no; no ocultaba su homosexualidad y así vivió toda su existencia, soportando las ofensas, las burlas y la segregación de una sociedad donde quien se sale de sus cánones es un pérfido. Pedro me contó parte de su historia tomando café en la arepera Alaska de El Conde.

Nació en un lugar de la provincia venezolana. A su padre jamás lo conoció. Su madre tuvo que salir a trabajar para mantenerlo a él y al otro hermano. Este hermano era dos años mayor que él. Para poder salir a trabajar la mujer tenía que buscar quien cuidara a sus hijos. A una mujer vecina le pagaba porque tuviera en su casa al hermano mayor y a Pedro lo cuidaba EL CURA DE LA IGLESIA CERCANA quien se ofreció con gran espontaneidad. Pedro tenía 7 años.

El cura lo ponía barrer. A limpiar, a asear los santos de porcelana y yeso y ¿saben cómo lo vestía? ¡De niña! Le pintaba los labios le colocaba unos zapatos altos y le metía entre los senos unos algodones en la parte de las tetillas. Pedro se fue acostumbrando a eso, porque en su inocencia creía lo que le decía el cura; “Eres una bella niña que sabe hacer los oficios de una buena mujer”. Después lo tomaba por las axilas y lo izaba mientras lo besaba.

¿Fantasía? ¿Verdad o mentira? Pedro se llevó su drama a la arcilla de cálido cuerpo. Estoy seguro que estará con Dios. Mas no sé si ese Dios sabrá de las maldades que hacen sus ministros en la tierra. No hace muchos años el propio Papa de la iglesia católica fue a Estados Unidos a quitar de esa iglesia a 300 curas pederastas, e igualmente esa iglesia se vio en la necesidad de indemnizar a un grupo de hombres viejos que en su niñez habían sido abusados por curas.

En estos días se reunió la flor y nata de la iglesia católica en Venezuela para gritar que ellos no estaban de acuerdo con los gay, ni con las lesbianas que deseaban ser protegidos por una ley que les permitiera la igualdad social. Una ley que ni siquiera está todavía en la agenda de la AN a ese respecto. Los curas dicen que darle libertad a esa comunidad para hacer con su vida lo que quiera “es contra natura” y yo me pregunto, ¿no fue contra natura lo que le pasó a Pedro y toda esa gente, la Inquisición que quemó a Juana de Arcos y a miles de inocentes, ¿no fue contra natura la perversidad del Vaticano cuando los Nazis mataban sin piedad y ellos callaban?

¿No es perversidad utilizar la iglesia para la práctica política en detrimento de los humildes? ¿No fue perversidad que el 12 de abril de 2002 la iglesia apoyara una dictadura contra esos pobres? ¿No fue perversidad de la iglesia católica en Venezuela observar sin decir nada como, desde Miraflores, Carlos Andrés y Jaime Lusinchi practicaban el adulterio que es uno de los “pecados capitales de la Biblia” ¿Quién debe dar el ejemplo?

aenpelota@hotmail.es


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Ángel Rivas

Limpiabota, ayudante de pintura, articulista, Productor Nacional Independiente, editor de El Irreverente. Animador del programa Gigantes del Romance, autor del libro Pacto Satánico y poeta en estado de frustración.

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