Todos somos prisioneros

El cautiverio sea de quien sea es algo abominable. Pero, la guerra, tiene prisioneros de guerra y en Colombia lo que hay es guerra compatriotas. Ahora bien, estas quince personas que estaban en poder de la guerrilla de la FARC y que aun costo de 20 millones de dólares (aparentemente) fueron “liberados sin un tiro” y tres coñazos, por la milicia del Gobierno neogranadino, eran prisioneros de guerra.

A través de esta “liberación” pudimos comprobar la mala calidad de la cámara que tomó aquellas célebres imágenes de Ingrid Betancourt, famélica y derruida que mostraron a principios de año y que preocuparon a su familia y a la opinión pública, porque llegó gordita, de buen talante y con una lengua uribista endemoniada. Es decir, se puede apreciar que estaba cuidadita físicamente y le dieron una “enjuagadita mental” con anticipación a su espectacular liberación. Y no es que ella deba estar alegre con sus captores y ser una malagradecida con Uribe, pero en esta guerra, ni la guerrilla es el diablo ni el cachaco presidente es el niño Jesús. Los otros prisioneros, que eran los flequillos del deslumbrante trofeo mediático que es Ingrid, eran funcionarios formados para el combate, tanto los policías como los militares y su trabajo son las operaciones militares y en ellas fueron capturados. Y si no hubo una liberación antes, es porque las partes en conflicto no se pusieron de acuerdo para un intercambio humanitario, máxime cuando una de los actores de esta reyerta guerrera, no reconoce el estatus de beligerancia del otro, sino cuando obtiene un triunfo militar (entonces es guerra o no).

La guerras, dentro de la barbarie que representa el tratar de aniquilar físicamente al oponente de la manera mas brutal y ejemplarizante para que “agarren miedo” y en este caso, que va acompañada en acabar con el componente ideológico y social como logro de lucha, tiene sus “reglas humanitarias” y estas reglas es el bienestar físico y psicológico de los prisioneros hasta llegar a un acuerdo que permita el retorno de los mismos al sector que representan en el conflicto. Asimismo, las partes en disputa trataran de alguna manera rescatar sus pares a punta de plomo o a punta de plata, según sea el caso.

En la guerra colombiana el factor imperialista esta presente. El gobierno colombiano no permite injerencia de los países que son limites perimetrales de este país y que diariamente sufren las consecuencias directas de esta guerra fraticida, pero si busca “ayudita” de las fuerzas gringas para que maten colombianos, con los asesinos asesores como los tres gringos llorones, que no tuvieron esa “calidad humana” para torturar y matar hermanos colombianos con la venia del “gobierno democrático” de ese país. ¿Es que acaso la guerrilla de la FARC , ELN u otros ejércitos rebeldes están compuestos por rusos, chinos, iraníes o naturales de otros países con los que los norteamericanos mantienen una permanente diatriba por la supremacía nuclear? No, son colombianos y nuestros países alrededor de este conflicto si tenemos derechos a intervenir porque si nos afecta. Y sin ningún asomo de xenofobia o chauvinismo ¿Cuántos colombianos conviven con nosotros, consumiendo gran parte de nuestros servicios, alimentos, espacios y creando áreas de miseria? ¿Cuándo el estado colombiano se ha preocupado por esto? Para ellos es un aliviadero de la miseria que exportan a los países de su entorno, creando caos social en los vecinos y las condiciones de fomentar violencia en tierras allende de sus fronteras.

Yo, como todo venezolano, colombiano, peruano, ecuatoriano, brasileño, boliviano y en general, americano desde el ártico al antártico, deseo que las conflagraciones se acaben, que las disputas sean en palabras y se concreten en los hechos. Que no existan prisioneros de guerra en la selva, en las cárceles, prisioneros del emperio en Guantánamo. Que no existan pueblos y países prisioneros como Haití, Irak y Palestina Y sobre todo, que no existan niños, niñas, mujeres y hombres prisioneros de la miseria de los gobiernos corruptos, gente que día a día sufren en los barrios, en los ranchos, en las favelas, en las villas miseria o como quieran denominar a estos subhumanos espacios. Esa es la guerra que los gobiernos deben emprender y que la gente viva en su tierra y no tenga que desplazarse porque el terrateniente lo mate a el y a su familia por la parcelita que tiene. Que los niños sean niños y disfruten de serlo. Que en la escuela se preocupen por aprender y no vean en el pizarrón en vez de letras y números, la arepita que no comieron en la mañana porque ese “día no les tocaba” y después digan los “elegidos” que los pobres son brutos y no saldrán de la pobreza sino estudian. Pero como dice mi padre, el que no come no piensa.

El enemigo verdadero es uno: la miseria A ella hay que vencer, pero ¿a quien le conviene derrotarla o mantenerla?. La miseria es una mercancía que produce dividendos. Se exporta y se reparte. Por eso, nuestra querida Colombia, con Ingrid promocionando globalmente a Uribe como el Salvador y que merece un tercer mandato por designio divino, el TLC es más miseria de exportación que va entrar y nosotros como países vecinos, recibiremos mas desplazados de esta encadenada miseria. Así son las cosas, diría el histérico bigotudo.


cajucont@yahoo.com.mx


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Carlos J. Contreras C.


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