Rastros del tiempo (CLXXXV)

El Manifiesto de Carúpano y el Decreto de Liberación de los Esclavos

El Manifiesto de Carúpano, redactado por Simón Bolívar el 7 de septiembre de 1814, representa uno de los documentos políticos más reflexivos y precisos de la gesta emancipadora sudamericana. Escrito en un momento de profunda crisis, tras la caída de la Segunda República de Venezuela, este texto no solo busca explicar el fracaso militar frente a las fuerzas realistas, sino que también sienta las bases de una transformación social radical, fundamentalmente, la abolición de la esclavitud. Revisemos cómo Bolívar transitó, de una visión puramente política de la independencia a una concepción de justicia social integral, utilizando el decreto de libertad de los esclavos como una herramienta tanto ética como estratégica, para la supervivencia de la causa republicana.

El año 1814, Bolívar vivió en carne propia, las rudas consecuencias de la Segunda República venezolana, bajo el avance implacable de las tropas realistas, lideradas por sanguinario José Tomás Boves y sus legiones de llaneros. Tras la pérdida de Caracas y la emigración a oriente, Bolívar se refugió en Carúpano, enfrentando no solo la derrota militar sino también el cuestionamiento de su liderazgo, por parte de sus propios oficiales y la desconfianza de una población civil agotada por la guerra. En este clima de hostilidad y fragmentación, el Libertador redactó el Manifiesto de Carúpano, para eximirse de la responsabilidad personal por el desastre, atribuyéndolo a la falta de unidad y a la inmadurez política de sus compatriotas.

El documento surge como una respuesta a la "injusticia de los hombres" y a la complejidad de una sociedad que, en gran medida, se había volcado a favor de la Corona española, seducida por las promesas de los caudillos realistas. Bolívar comprendió que la República no podría sostenerse si seguía siendo un proyecto exclusivo de las élites criollas, mientras las grandes masas de esclavos y pardos, veían en el bando patriota a sus antiguos opresores. Este contexto de aislamiento político y militar fue lo que obligó a Bolívar, a replantear los fundamentos sociales de la revolución.

Aunque el Manifiesto de Carúpano de 1814, es fundamentalmente, un documento de análisis político, sentó el precedente para los decretos de abolición de la esclavitud, que Bolívar formalizaría posteriormente, el del 2 de junio de 1816, en Carúpano tras recibir apoyo de Alejandro Petión desde Haití. Bolívar ordenó la libertad absoluta a cambio de que los hombres de 14 a 60 años se unieran al ejército, incluyendo a sus familias en la libertad. En estos textos, el Libertador vinculó firmemente la libertad política de la nación, con la libertad civil de los habitantes oprimidos. La intención estratégica era clara: restar base social al ejército realista y sumar a las filas patriotas, a miles de hombres cuya fuerza física y conocimiento del terreno eran vitales para la victoria.

Entre las citas y conceptos más relevantes que emanan de este proceso de pensamiento bolivariano, destacan, al referirse a la distinción entre libertad y servidumbre, Bolívar confronta a sus ciudadanos con la realidad de su condición, señalando en el Manifiesto: "Vosotros sois hombres, ellos son bestias, vosotros sois libres, ellos esclavos. Combatid, pues, y venceréis" y para elevar la moral de sus soldados y compatriotas, reconociendo el sacrificio de quienes lucharon en la Segunda República y motivándolos a no desistir en la causa independentista, a pesar de la derrota, Bolívar los arenga: "Vuestros hermanos y amigos que os han precedido en el camino de la virtud, de la gloria, ya han coronado la obra y os esperan para recibir las bendiciones de la paz", y resalta la importancia de la justicia, como pilar fundamental de la República, enfatizando, que sin un sistema justo, la libertad y la igualdad, que son el fundamento de los principios republicanos, no pueden sostenerse y, lanza la emblemática consigna: "La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ella se sostienen la igualdad y la libertad".

En una demostración de determinación y compromiso inquebrantable, a pesar de la caída, Bolívar promete mantener y continuar la lucha contra la opresión, reafirmando su liderazgo y dedicación a la causa, ante la pérdida de la Republica cuando insiste: "Yo os prometo, amados compatriotas, que de mi parte, volveré a libertar a Venezuela", y a la vez lanza una severa crítica a la debilidad del sistema anterior y a la tolerancia excesiva hacia los enemigos de la República, y argumenta que la clemencia inoportuna permitió la caída del gobierno expresando: "A cada conspiración le sigue un perdón, y a cada perdón le sigue una conspiración". Entonces reflexiona sobre la inmadurez política y social del pueblo de la época, argumentando que el ejercicio de la libertad, requería una preparación que aún no se tenía, lo que dificultó la estabilización de la república y escribe en el Manifiesto: "Los ciudadanos venezolanos no estaban listos para la libertad y la justicia"

Sobre la condición del servicio militar en el decreto de 1816, establece la libertad absoluta para aquellos esclavos que se unieran al Ejército Patriota, una medida que, aunque condicionada, rompía con siglos de estructura colonial; Bolívar impone su ejemplo personal, pues, no solo legisló sobre esta materia, sino que liberó a sus propios esclavos heredados, otorgando legitimidad moral a su discurso abolicionista. Así lo documentó el historiador y militar bolivariano O'Leary.

El tenor del Manifiesto de Carúpano es a la vez defensivo y visionario. Bolívar utiliza una argumentación cargada de principios ilustrados, apelando a la razón y a la justicia natural para justificar la causa republicana. El texto refleja una lucha interna entre la decepción por el fracaso presente y la fe inquebrantable, en el destino de América. Bolívar argumenta que la libertad no es un regalo, sino un derecho que debe ser defendido con constancia, un valor que resalta repetidamente como la clave para la victoria final.

Filosóficamente, el documento marca el inicio de la transición de Bolívar, hacia un pensamiento más inclusivo y profundo, al reconocer que la esclavitud era una contradicción insalvable, en una república que aspiraba a la libertad, allí el Libertador comenzó a integrar la justicia social, como un pilar de la construcción nacional. Esta visión se profundizaría años después, en el Congreso de Angostura y el Congreso de Cúcuta, donde abogó por leyes de "libertad de vientres" y la manumisión gradual, entendiendo que la estabilidad de la nueva nación dependía de la cohesión de todas sus clases sociales.

La recepción del Manifiesto de Carúpano y los decretos de libertad fue compleja. Para las poblaciones esclavizadas, representó una esperanza real de cambio, aunque muchos permanecieron escépticos debido a la naturaleza condicionada de la libertad (unida al servicio militar visto con ciertos prejuicios). Por otro lado, la aristocracia criolla, recibió estas medidas con resistencia, temiendo la pérdida de su capital económico y el colapso del sistema productivo, basado en la mano de obra esclavizada. Esta oposición interna fue una de las razones, por las cuales la abolición total, no se materializó de inmediato.

A corto plazo, la estrategia de Bolívar logró atraer a importantes contingentes de negros y pardos a la causa republicana, lo que fue decisivo en campañas posteriores como la de Carabobo. A largo plazo, el decreto de Carúpano y las acciones subsiguientes de Bolívar, establecieron un estándar ético que las naciones latinoamericanas no pudieron ignorar. Aunque la abolición definitiva en Venezuela no llegaría hasta 1854, bajo el gobierno de José Gregorio Monagas, pero es innegable, que el camino hacia la emancipación total, fue trazado por la pluma y la espada de Bolívar en los momentos más oscuros de la Guerra de la Independencia entre los años 1814 y 1816.

El Manifiesto de Carúpano es mucho más que una justificación militar; el documento, en esencia, es una reflexión sobre la necesidad de la disciplina, el orden y la justicia para garantizar la independencia, aceptando que la libertad requiere madurez ciudadana; es el testimonio, de una evolución ideológica nacida de la adversidad, ya que al decretar la libertad de los esclavos, El Libertador no solo buscó una ventaja táctica en la guerra contra España, sino que también sembró la semilla de una identidad latinoamericana, basada en la igualdad jurídica. El legado de este documento reside en su capacidad para transformar una derrota política, en una victoria moral, recordándonos que la verdadera independencia no es incompleta, si no va acompañada de la justicia social. La figura de Bolívar emerge así, no solo como un estratega militar, sino como un precursor de los derechos humanos en nuestro continente.



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Reinaldo Chirinos

Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural. Facilitador del INCES.

 reinaldoc06@gmail.com

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