"La Peste" de Tarek: una gesta moralizadora para una sociedad sin moral

Ayer: el Fiscal acusa a los que él dice escriben y justifican a los corruptos diciendo que se trata de una desquite político. Hoy: el Ministro Manuel Quevedo insta a los trabajadores de PDVSA y del Ministerio de Petróleo a que denuncien a sus jefes corruptos y a cualquier funcionario corrupto. Se trata de limpiar al país y al gobierno de una "infección". Unos se sienten amenazados por ella, otros se sienten infectos pero sin síntomas (si no hay síntomas ¡no hay nada de que temer!), más allá, aquellos que la tienen, pero que todavía no se les nota, se apuran a delatar al jefe odioso, o a intimidar a los vulnerables "contratados" a que lo hagan por él… "La peste" se expande en horas, minutos, segundo y muy pocos lo notan.

En tan solo una semana, varios de los que estaban aplaudiendo al presidente Maduro en el Salón Simón Bolívar de PDVSA están presos o amenazados de corruptos (infectos); era inevitable que aquella "peste" corriera e infectara "la consciencia" de todos. Todos, hasta el más "madurista entusiasta" de ayer, hoy puede ser víctima de la infección, de "la peste".

La corrupción es una "infección moral" donde aquel que la combate, sin eliminar al "vector", es decir, a la "rata" que transmite el bacilo mortal, sin probidad, o sea, sin protección, padece de sus efectos en segundo orden: hace supurar lo peor que hay en el corazón del hombre, se manifiesta en su conducta un deseo de venganza, celos, miedo a ser descubierto como "otra rata más" llevando algo de la enfermedad, y otros miedos…, hasta que la consciencia cede y muere otro chavista más.

Se manifiesta como la enfermedad del racismo y del chauvinismo, o del amenazante "comunismo" para los patriotas liberales. La "peste de la corrupción" actúa exactamente como lo hace el fascismo: miedo, persecución, delación, muerte, miedo, persecución, delación y muerte, es el ciclo biológico, psico social y policial de la enfermedad.

Se trata de gente sin probidad acusando de corruptos a sencillos sospechosos; o delatando a sus enemigos por estar "infectados"; persiguiendo "malversación", "robo", "trampas", "ventajas", "infracciones" en todas partes: perseguir es ¡la verdadera peste!

La falta de visión política, la miopía política para juzgar la corrupción hace casi imposible comenzar a acabar con ella de forma gradual, o combatirla desde sus causas estructurales. Los males estructurales de la sociedad se corrigen con política, con acciones políticas y económicas, y la corrupción es un mal estructural, no nace desde la condición moral particular de los individuos.

Así pareciera que Tarek William lo entiende (o que lo quiere entender): sustituir las acciones políticas por el juicio moral; desvinculado de un sistema de valores –de una ética de acción- revolucionario; que ordene el mundo y la sociedad de manera distinta a la "sociedad apestada" de valores egoístas mezquinos, gregarios; fundamentada en los prejuicios y la apariencia; en la mentira. Hacer lo correcto para la revolución socialista no está en la mente del Fiscal moralista: él está "apestado".

El egoísmo no es algo malo en sí mismo, pero practicado con mezquindad es una enfermedad moral y mortal, es el "fondo ético moral" del capitalismo, del "sueño burgués". La ostentación, la comunidad que solo comparte vanidades, prejuicios, vergüenzas y miedos: la "peste emocional" que ahora persigue a corruptos en todas partes sin otra razón que el miedo de que sean develados sus vergonzosos "secretos".

La peste, la "peste emocional", el fascismo, el moralismo y la falta total de justicia gobierna el arrebato de justicia del Fiscal Tarek William. Nosotros no sabemos buscar a corruptos con tanto "entusiasmo moral", porque los encontraríamos desde personajes como Eduardo Semtei (el campeón de la indignidad y la desvergüenza), hasta Gustavo Cisneros (otro campeón de la desvergüenza)… pasando por los "confianzudos" que viven las mismas "fantasías aristocráticas" de los anteriores… pero se dejan poner presos, esa es la diferencia. Y eso sería un problema para nosotros, buscar en ese rango tan amplio a "los corruptos".

Por eso una ley contra la corrupción sería una tontería…, o un fundamento para "terrorismo fascista". Por eso en el código penal se tipifican los delitos de acuerdo a las faltas a la ley, a las normas; esos "tecnicismos legales" que muchas veces le sirvan a los abogados para "limpiar la reputación" de mucho pícaros.

Pero, no puede ser de otra manera en una sociedad desmoralizada, no solo inmoral; peor aún, amoral donde todo sirve, lo malo y lo bueno, a conveniencia (el Cambalache), todo es válido dentro de la sociedad, siempre y cuando esté en consonancia con la ley (es decir, sea "legal"), siempre y cuando no te pillen y te condenen. Y la Ley, señor Tarek, su ley es la ley burguesa; y su moral, la misma moral hipócrita de los burgueses.

Una ley revolucionaria iría antes, o al mismo tiempo, en busca de justicia sobre los capitalistas: los banqueros, los usureros, los mercachifles; aclararía definitivamente el panorama ético moral donde se puede juzgar a la sociedad. Porque no se trata de este corrupto o este otro, se trata de toda una sociedad, la cual, por el solo hecho de que en muchos casos no se les reconozcan faltas a la ley, o sea, no sean juzgados y condenados, no deja de ser una sociedad amoral y corrupta.

Si no, ¿Para qué hacer una revolución si no entendemos esto? ¿Para qué hacer una revolución si todos los dirigentes van a pensar la justicia con las armas melladas del capitalismo?



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Marcos Luna


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