Trincheras de ideas

¿No fue legítima defensa la acción de Arli Cleiwi Terán ante la agresión fascista a la Base Militar de La Carlota?

El 5 de septiembre salió una noticia que señalaba que el Ministerio Público (¿el que dirigía la delincuente y traidora a la Patria de Luisa Ortega Díaz o el actual que tomó los insumos que al respecto existían?) había logrado privación de libertad para el sargento primero de la Aviación Militar Bolivariana de Arli Cleiwi Méndez Terán por ser presuntamente responsable de la muerte del joven guarimbero y terrorista David José Vallenilla, quien el 22 de junio, junto con un numeroso grupo de terroristas de ambos sexos, atacaron con armas letales no convencionales, la Base Aérea Francisco de Miranda.

¿Qué pretendían los grupos paramilitares que por días atacaban la Base Aérea de la Carlota, destruyeron sus cercas e incluso penetraron espacios de la misma donde están estacionados aviones, helicópteros, vehículos militares, armamento?

Creo que no hay que ser un estratega militar para percibir que en aquella guerra de baja intensidad impulsada por la Mud y los grupos de voluntad (im)popular, primero (in)justicia y otros grupúsculos, al servicio de una potencia extranjera, el gobierno de los Estados Unidos del Norte que es quien en verdad dirige esas acciones desestabilizadoras; acciones de acoso y hostigamiento dirigidas por personas con conocimientos en tácticas y técnicas militares, muchos paramilitares provenientes de Colombia preparados en la guerra de guerrillas en ciudades, para tener la certeza que la Base Aérea era un objetivo militar a atacar en diversas fases, desde la destrucción de las cercas perimetrales de protección por grupos de terroristas inducidos y preparados para ello previamente en escuelas clandestinas de guerra, incluidas las dosis de captagón entregada a cada terrorista para estimular aún más la irracionalidad y la violencia de los agresores, hasta el acoso con las sofisticadas bombas Molotov, granadas, bazookas, chinas gigantes y otras “armas caseras” no menos letales que dieron con la humanidad de muchos soldados de la misma base, los hirieron e, incluso, no pocos guardias y policías nacional bolivarianos fueron asesinados o gravemente heridos en su actitud de resistencia, defensiva, soportando los verdaderamente brutales y arteros ataques y una violencia inusitada.

Yo supongo que el sargento primero Arli Cleiwi Méndez Terán, quién es señalado de haberle disparado al joven terrorista quien, junto a una gavilla de violentos paramilitares, atacaba la Base Militar que le tocaba defender, y en ese ataque él era un objetivo militar de una guerra. Seguramente la orden superior era evitar la toma de la Base por los paramilitares y terroristas, evitar la destrucción de todo el parque aéreo, el armamento diverso, pero evitar responder con las armas a los manifestantes y atacantes, menos dispararle o darles muerte. Ellos pueden matar a nuestros soldados, quemarlos vivos con las bombas incendiarias o granadas, herirlos, pero ellos se deben dejar hacer, hay que evitar a toda costa una confrontación que pueda degenerar en una guerra civil y, en grado extremo, no reaccionar con la fuerza de las armas, es decir no utilizar o ejercer la legítima defensa sino evitar al máximo el uso de esa fuerza como en efecto ocurrió. Esto fue tomado como una debilidad y estimuló el incremento de los ataques y acciones terroristas de todo género, de eso se puede jacer una historia

Y aquí entramos en el meollo del asunto, porque no es poca cosa que te quieran matar y tú no te puedas defender en un caso extremo. Habría que reconstruir lo ocurrido aquel día 22 de junio. ¿Cuántos ataques se habían producido contra la Base antes de ese día, cuántas veces habían los terroristas destruido la cerca perimetral y hollado con sus armas infamantes y sus huellas invasoras pisado el suelo sagrado de la Base para destruirla? ¿Cuál era el estado psicológico, emocional de los militares custodios y defensores de la Base Aérea que tuvieron que poner una altísima cuota de sacrificios en defensa de la Patria? ¿Cuál era el estado psicológico del sargento que era atacado con armas y bombas por una banda de facinerosos?

Fueron más de tres meses de estoica paciencia de aquellos hombres y mujeres en el Este de Caracas, de tolerar humillantes ataques, escupitajos, ser embadurnados con mierda de arriba abajo sus uniformes, rostros y escudos, ser quemados vivos dentro de las tanquetas y otros vehículos, apaleados, golpeados por grupos de desalmados, pisoteados y pateados, apaleados, ofendidos en su dignidad, asesinados por franco tiradores y violados sus derechos humanos de manera fragrante, todo para evitar que aquella canalla fascista se desbordara e hiciera más daño del que hicieron durante tres meses y pico y surgieran aquellos monstruos que hicieron un daño en todos los sentidos, incuantificado, al país y a la población y, hasta ahora, sus crímenes impunes. ¿Pagarán? La Fiscalía tiene la palabra.
Si el sargento primero Arli Cleiwi Méndez Terán va a ser imputado deben ser considerado todo los acontecimientos, el primero que era un estado de guerra de baja intensidad, los diversos factores que intervinieron en aquellos graves hechos donde debe quedar claro que el objetivo era derrocar al gobierno legítimo del Presidente Nicolás Maduro y el derrumbe de todo el proceso revolucionario y esos militares y policías estaban allí para evitarlo.

Yo creo que el sargento primero Arli Cleiwi Méndez Terán, si fue él quien le disparó al terrorista –y esto debe quedar claro, el joven David José Vallenilla era un paramilitar entrenado para matar y destruir, actuando contra el Estado y sus defensores– lo hizo para defenderse porque su muerte era cuestión de segundos. Ante el ataque inminente o en pleno desarrollo, que podía ser mortal, repito, el soldado se defendió. Si realmente fue él quien quiso defender la Base Aérea y enfrentó con su arma al atacante podemos suponer lo hizo en legítima defensa, eso es un atenuante. David Vallenilla no le estaba tirando flores ni besitos sino bombas y granadas que lo podían quemar vivo o reventar.

El Ministerio Público imputó al Sargento, ¿pero cuál Ministerio Público, el que dirigía la delincuente y traidora a la Patria Luisa Ortega Díaz que tenía por objetivo descalificar y destruir a la Guardia Nacional Bolivariana y a la Policía Nacional Bolivariana, institución herida de muerte por la masiva traición de quienes la prostituyeron, que no sólo permitió la impunidad, no imputó a los criminales, más bien los liberó ¿un ejemplo? Los que quemaron la casa del artesano de Mérida, todos están libres. Las acusaciones públicas sin miramientos contra la Guardia Nacional y el manejo burdo de las “pruebas” en el caso del también paramilitar Pernalete (asesinado –todo así lo indica– por sus propios o propias compinches), le quitó seriedad y objetividad al caso cuando se demostró que fue asesinado con una pistola para matar reses, lo expuesto en ese sentido por el Ministro de Comunicación si tenía seriedad y base científica y no por una bomba lacrimógena como dijo laprófuga. Aquella exposición pública hecha por la ex Fiscal en ese asesinato de Pernalete –que supongo se debe estar haciendo ahora la investigación con la seriedad y honestidad del caso– por sus malas obras, por su traición, por su corrupción, por estar interesada en destruir a la GNB, debe desestimarse, está contaminada.

Ahora, es distinto el caso del sargento primero Arli Cleiwi Méndez, cuyo expediente se comenzó a instruir bajo el mandato dañino, sesgado, vilmente interesado en dañar la imagen de la GNB, de la PNB y del Ejército mismo, ¿puede tener una base objetiva? ¿sobre qué extremos legales, soportes, etc., los fiscales actuales construyeron el expediente?

Por supuesto no quiero decir con esta posición que aquí expreso, ni tampoco negar que han habido casos de excesos de parte de funcionarios militares o policiales en toda esa guerra que nos impuso la derecha y que han sido imputados porque sí erraron de manera deliberada y por demás evidente, pero en el caso del Arli Cleiwi Méndez creo que deben ser investigados más profundamente los hechos, las circunstancias, allí creo, repito, hubo legítima defensa. No es poca cosa lo que pretendieron los grupos paramilitares de la extrema derecha fascista y el imperialismo a través de la CIA, la golpista embajada yanqui, los grupos paramilitares de choque venidos de Colombia que se propusieron atacar, tomar y destruir una Base Militar tan estratégica como La Carlota.

La política de paciencia, tolerancia, de evitar al máximo una confrontación directa con la ultraderecha y sus diversos grupos, cuya objetivo era llevarnos a una guerra civil, fue correcta. Una vez derrotada política y militarmente la derecha fascista, tanto con la táctica de resistencia como por la táctica de convocar a la asamblea nacional constituyente, hay que avanzar en el sentido de hacer justicia, investigar cada caso, cada crimen, cada daño causado y hacer justicia, apresar, enjuiciar y condenar a los causantes verdaderos de crímenes atroces y del irreparable daño que le han hecho a Venezuela, tanto los responsables directos como los autores intelectuales.

Concluyo estas reflexiones expresando que, como ciudadano venezolano, no comparto que se impute y condene al sargento primero Arli Cleiwi Méndez Terán como criminal, asesino de un terrorista sino que actuó en legítima defensa propia. Debe prevalecer la justicia y no el sesgo político que aún perdura, el maléfico fantasma de Luisa Ortega que aún continúa haciendo daño en la Fiscalía. Él actuó en defensa propia, así lo creo. Que hablen los abogados bolivarianos con valentía.


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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

 humbertocaracola@gmail.com      @hgcaracola

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